Universidad Católica
Universidad Católica acudió la semana pasada al estadio Rodrigo Paz Delgado para cumplir con el reglamento, pese a conocer que Emelec no se presentaría.Gustavo Guamán / Expreso

LigaPro y el caso Emelec: la decisión que golpea su credibilidad

La suspensión del partido entre Universidad Católica y Emelec abrió un debate sobre transparencia, seguridad y poder político

La cima del descrédito de LigaPro se pudo ver por la señal abierta de Teleamazonas y en horario privilegiado. El sábado 21 de febrero, ante las cámaras de este canal, Universidad Católica saltó al campo de juego del estadio Rodrigo Paz en un gesto fuertemente simbólico, luego de que el ente rector del fútbol postergara su partido con Emelec, por razones cuyo peso se diluyó con el paso de los días.

LigaPro aludió a una “causa de fuerza mayor relacionada con la seguridad, y en atención a las comunicaciones emitidas por autoridades competentes” para no jugar este partido. Nada que ver. Simple y sencillamente, Emelec no pudo cumplir con sus obligaciones en FIFA y, de haber saltado a la cancha, habría quedado deportivamente muy expuesto. Ese nivel de complicidad no se aplicó a otros equipos en el pasado.

¿Seguridad o argumento administrativo?

¿Por qué la organizadora del torneo se tomó esta atribución, sin medir la afectación a un tercero? Razones deportivas, comerciales o políticas pueden haber, pero escudarse en la “seguridad” para no jugar un simple partido de fútbol es inconsecuente con el dolor que vivimos todos.

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Ecuador es uno de los países más violentos del mundo, donde la seguridad merece ser tomada en serio, no solo por el Estado, sino por todos los ciudadanos. ¿Hubo desde el fútbol consideraciones relacionadas con esa “seguridad” cuando, por ejemplo, fueron asesinados Mario Pineida o Jonathan González? No. Se siguió jugando sin problemas.

La tragedia se volvió comedia con el paso de las horas. Miguel Ángel Loor señaló que la decisión se tomó basada “en documentación oficial de Intendencia y Fiscalía”. Frenteado implacablemente por Fidel Egas, mecenas de Universidad Católica, dijo que no podía “ventilar públicamente” esos papeles y abrió las puertas al club para que los revise.

Dos días después, Luis Roggiero, gerente de Católica, cayó de sorpresa en las oficinas de LigaPro, en el edificio Xima, en Samborondón. Loor celebró con la pirotecnia acostumbrada tal hecho; se vanaglorió de la “legalidad y responsabilidad” de las decisiones y buscó terminar el tema a la fuerza. ¿La verdad? Todo recién empezaba a saberse.

Católica enumeró la documentación presentada de manera informal en la computadora de un empleado de LigaPro: una respuesta de la Intendencia del Guayas ante un requerimiento de Emelec para resguardar su proceso electoral del sábado, una denuncia posterior de hostigamiento en redes sociales realizada en Fiscalía por el mismo club y una recomendación de la Intendencia para que no viaje, aludiendo que no puede garantizar su seguridad fuera de la provincia del Guayas, algo obvio hasta para el más distraído.

Flojísimo todo, depredando gravísimas realidades para cuidar concretos intereses privados. Lo cierto es que los jugadores de Emelec pasaron un sábado agradable en el estadio Capwell, sonriendo y posando para la foto con los socios. Ni un asomo de violencia, felizmente.

Desnudo ante la realidad, Loor solo atinó al berrinche ante la contundente respuesta del club capitalino y se victimizó (“ya pues, tampoco tengo que ser saco de arena y solo aguantar golpes y hasta amenazas”, dijo) . Ni un solo papel mostró con un informe policial o militar que explique y detalle el supuesto riesgo. Nada. La frivolidad con la que se manejó quedó a la vista de todos.

Cadena de incoherencias y desgaste político

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Miguel Ángel Loor, presidente actual de la LigaPro.Archivo

Pero este solo fue el inicio de una serie de malos ratos. La candidatura respaldada por LigaPro a la Federación Ecuatoriana de Fútbol, promocionada hasta el estrépito, terminó siendo un petardo. Esteban Paz y su lista tuvieron un apoyo marginal y ni siquiera alcanzaron inscribirse para el proceso. Apenas 9 de los 28 clubes del país firmaron por su postulación, todo lo contrario a lo que vendió el aparataje mediático que intentó, con nulo éxito, edificar desde las apariencias una opción poderosa y dispuesta a enfrentar al poder de Francisco Egas. Paz y Loor, seguramente, en ese momento se preguntaron dónde estaban los 26 de 28 votos que permitieron la reelección anticipada del titular de LigaPro el 15 de diciembre pasado.

El Congreso Ordinario de la FEF, que el jueves 26 de febrero consagró virtualmente a Egas en un nuevo periodo, dejó para después una decisión clave: reducir la Serie A a 12 equipos y devolver la Serie B al amparo federativo. Más allá de lo necesaria que es esta medida para la actividad -patrocinada por los clubes más fuertes del país-, el camino hacia lo inevitable está en marcha: la reducción del poder de LigaPro.

Más que imagen: una disputa de poder

Ya no es solo cuestión de descrédito e imagen ante el fútbol y la sociedad, todo por usar inadecuadamente un tema sensible para el país, sino también de juego político: la influencia de LigaPro no puede sostenerse solamente en el marketing, el culto a la personalidad o en la patética defensa que desde el periodismo -o el que parece tal- hacen comunicadores hambrientos por ser tomados en cuenta para las transmisiones del torneo. La verdad marca que el dominio de LigaPro está en repliegue y su futuro es, al menos, incierto.

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