Salud

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Un día de piscina entre amigosShutterstock

Días de piscina, póngale ojo al cloro

Disfrute de este espacio, pero por su salud, cuídese de la exposición prolongada a dicha sustancia

Esta es la temporada preferida por muchas personas para relajarse. Y nada mejor que un chapuzón en el agua para sobreponerse del calor. Sin embargo, las piscinas tienen un elemento al que debe estar atento: el cloro, químico útil para limpiar el agua de gérmenes, bacterias y hongos, pero que en concentraciones altas y en pieles delicadas puede tener efectos negativos en su cuerpo si no es precavido.

  • Cuide su piel

La dermatóloga Blanca Almeida Jurado explica que el cloro “puede producir sequedad e irritación en piel y ojos, además de favorecer la aparición de erupciones cutáneas en pieles sensibles, picazón e inflamación, especialmente en las personas que sufren de dermatitis atópica, incluidos los niños. Por eso no deben excederse del contacto y aplicar inmediatamente las medidas de prevención”.

Cuidado con la resequedad cutánea, alerta la especialista, porque hace que la persona se rasque, empeorando la herida y facilitando el ingreso de agentes patógenos como bacterias y virus.

El cloro tiene un pH superior (7.4) al de la piel. Este valor mide el grado de acidez o alcalinidad que hay en una sustancia o solución.

¿Qué hacer?

“Después de nadar, báñese completamente con champú y jabón suave neutro. Luego aplíquese una crema humectante, ya que el cloro reseca la piel y daña el manto ácido lipídico (barrera que cubre la zona cutánea)”, enfatiza la doctora Almeida. Y recuerde utilizar protector solar.

  • Atento a su salud visual

Los bañistas, después de un día en la piscina, suelen terminar con irritación ocular, enrojecimiento y ardor debido al contacto con el hipoclorito de sodio. “El enrojecimiento es constante y se altera la superficie ocular. Esto, sumado al calor del clima ecuatoriano, produce una mayor inflamación en la conjuntiva (la parte blanca del ojo)”, explica la oftalmóloga Diana Navia.

Otro efecto, detalla la experta, es que los ojos se vuelven sensitivos a la luz y hay escozor. Si la persona padece de infecciones o pterigion, experimentará un lagrimeo excesivo.

¿Qué hacer?

Hay que ducharse antes  de entrar a la piscina y después. Si va a sumergirse en el agua, use gafas y gotas lubricantes (una en cada ojo) que ayuden a regular el pH de la lágrima ocular (normalmente de 7.6). La lágrima tiene que mantenerse neutra, ni alcalina ni ácida. Evite frotarlos.

  • ¡No olvide su cabello!

La estilista Elena Lozada, especializada en colorimetría, manifiesta que en los cabellos tinturados, el químico del tinte oxida y reseca el pelo, tornándolo verde. “El cuero cabelludo se irrita por la alta concentración de cloro, situación que empeora con el sol. Y de haber caspa, esta se vuelve más intensa”.

¿Qué hacer?

Aconseja lavarlo con champú bajo en sal y que contenga pocos químicos para remover el cloro, dejarlo actuar por no más de 3 minutos y enjuagar bien. “Si aplica acondicionador hágalo hasta las puntas, entre 5 y 10 minutos. Mientras nade, no olvide usar el gorro de baño”.

La solución salina es un auxiliar casero que hidrata hasta las puntas del pelo y les da brillo. La encuentra fácilmente en farmacias. Los niños son más sensibles. Su piel, ojos y cabello necesitan más atención, aplicando las medidas de prevención.

  • Tenga en cuenta

Las llamadas otitis del verano afectan mucho a los niños, especialmente a los que nadan mucho y bucean. Suele presentarse con una secreción mucosa que sale del oído y genera dolor intenso del pabellón auricular al tocar.

Evite tragar agua de la piscina. Puede ocasionar gastroenteritis, diarrea o vómito. En las piscinas pueden estar presentes diversos virus como los de las hepatitis A o E, bacterias como la Escherichia coli y hongos, como la Candida albicans, además de parásitos que pueden afectar el estómago, la piel, la boca o los órganos genitales.