Una obra de teatro contada desde el dolor y la esperanza

  Buenavida

Una obra de teatro contada desde el dolor y la esperanza

La fundación Psicoarte puso en escena ‘Desde cero’, con la actuación de adolescentes de una casa hogar. El arte fue para ellas una terapia

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La fundación y el grupo de adolescentes prevén realizar una nueva presentación en marzo.Cortesía

Los aplausos en el auditorio del Museo Municipal de Guayaquil retumbaban, aunque la sala no estaba llena por las limitaciones de aforo. La obra de teatro ‘Desde cero’ había concluido y las luces se encendían. Pamela Pincay, quien había dirigido detrás del escenario durante esos 35 minutos, no podía creer lo que veía: el público lloraba, las actrices lloraban...

La historia de Clara los había conmovido. De alguna manera el personaje de aquella mujer de la tercera edad los hizo reflexionar. Ella no había logrado superar todo lo duro que pasó en la niñez y vivía angustiada, hasta que un día decidió revivir los recuerdos, perdonarse por las culpas que llegó a sentir y abrazar a su niña interior.

No era una historia más. Este guion nació de las propias vivencias de las noveles actrices, un grupo de trece adolescentes de 11 a 17 años, que viven en una casa hogar.

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Para llegar hasta allí, el proceso fue largo y duro. Muchas de las niñas hasta antes de iniciar el taller con la fundación Psicoarte no podían socializar, les costaba hablar de lo que les pasó o ver a otras personas a los ojos. Fue allí cuando Pamela Pincay, directora del proyecto Teatro y Metamorfosis Sociocognitiva, de la fundación, les pidió que escribieran una carta a su niño interior.

“Me impactaron los relatos que escribieron las chicas. Muchas sentían culpabilidad por lo que les pasó, aunque no tenían la culpa. Habían pasado por abandono, maltrato psicológico, físico y sexual”, cuenta esta psicóloga clínica.

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Las niñas expresaron sus vivencias y las plasmaron en esta obra de teatro.Cortesía

Luego de plasmar sus historias, las chicas lloraron, pero de inmediato se levantaron y dijeron que era hora de seguir en el plan de dar vida a una obra de teatro, que nacía de sus propias historias.

Pamela estaba sorprendida de esta fortaleza y a la vez complacida de ver que ellas no se dejaban vencer, pese a todo. “Cuando yo leí esas hojas no pude continuar. Tuve que tomarme unos 45 minutos porque eran historias muy fuertes. Es difícil imaginar que adolescentes puedan pasar por tantas cosas y poco a poco puedan formar un nivel de fuerza tan grande”, recuerda.

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Ese perdón y renacer fueron los que captaron los aplausos y desataron las lágrimas. Fue una manera de sellar una etapa en la que la fundación probó que el arte puede ser un efectivo método terapéutico. Antes ya lo había hecho en el Instituto de Neurociencias.