Un método para reescribir nuestros límites

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Un método para reescribir nuestros límites

La clave para lograrlo consiste en efectuar, a diario y con la mano, una serie de ejercicios caligráficos diseñados para activar nuestro cerebro

Ejercicio
El ejercicio grafomotriz es muy utilizado en el ámbito escolar.EFE

Atletas, preparadores físicos, entrenadores de élite y competición. Deportistas dedicados al patinaje artístico, el motociclismo, las regatas, el pádel, el baloncesto o el tenis. Estudiantes, ejecutivos de empresas, profesionales de la medicina… son algunos de los principales usuarios del método de entrenamiento mental Graffos.

Mediante este sistema basado en ejercicios caligráficos y trazos a mano –y que también ha comenzado a aplicarse a personas mayores o afectadas por un ictus- se han conseguido resultados exitosos y evidencias claras de mejora en el rendimiento y las capacidades del ser humano, según sus creadores.

Señalan que mediante este método se consiguen acortar los plazos de aprendizaje, aumentar el desempeño, la destreza y evolución personal, reforzando las virtudes y corrigiendo los defectos en el deporte, los estudios y otras actividades que requieren un alto rendimiento físico e intelectual e implican una gran exigencia psicológica.

Este método “para reescribir nuestros propios límites” lo ha desarrollado Andrés Sanfiel, experto en grafística y documentoscopia, perito judicial calígrafo, grafopsicólogo y grafopatólogo clínico y lo imparte la firma Graffos, con sede en la isla de La Palma (Canarias, España).

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“El método, respaldado por un equipo propio de psicólogos, psicopedagogos, pedagogos y abogados, todo ellos grafopsicólogos, combina el uso de dispositivos tecnológicos, programación informática y grafismos manuales”, explica Sanfiel.

“En el plano deportivo, Graffos permite mejorar las condiciones psicológicas de deportistas de cualquier edad y en cualquier categoría, así como sus actitudes para modificar técnicas y tácticas en favor de alcanzar un mayor rendimiento”, asegura.

“En el área docente, Graffos desarrolla con resultados satisfactorios un proyecto piloto en un colegio de la isla Gran Canaria (España), donde se aplica por su gran potencial para escuelas de educación primaria, institutos de enseñanza secundaria y universidades”, apunta.

El mecanismo de trabajo consiste en analizar una muestra de escritura del usuario para detectar sus fortalezas y debilidades y, en base a ese diagnóstico, prescribirle un plan individualizado de ejercicios caligráficos, que dura una media de 24 días, tras los cuales es reevaluado para continuar en el proceso de mejora, indican desde la empresa.

“El método Graffos es una ‘app’ móvil para tabletas electrónicas con los sistemas operativos de Apple y Android. Para utilizarla se necesita una conexión a internet (Wifi, 4G) y un puntero compatible con los dispositivos tipo ‘tablet’”, explica Sanfiel, puntualizando que su funcionamiento es ‘online’.

El primer paso consiste en que la persona haga un test que consta de ocho fases, y que no suele durar más de 4 minutos.

Después, un algoritmo matemático procesa los datos registrados y genera un perfil del usuario que incluye hasta un total de 26 destrezas mentales, según el tipo de licencia adquirido por la persona.

Por ejemplo, una licencia básica informa de las 4 destrezas mentales más importantes, que forman parte de la base evolutiva del ser humano: autoestima, motivación, concentración y competitividad.

El algoritmo detecta cuáles de esas destrezas están en carencia y propone un plan consistente en realizar una serie de ejercicios grafomotrices, como repasar dibujos o reproducir figuras, durante poco más de tres semanas, dedicando entre unos 5 a 7 minutos cada día a esta tarea.

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“Un ejercicio clásico que llama a la concentración consiste en el de repaso de una figura del número 8”, explica Sanfiel.

En este ejercicio el usuario tiene que repasar sobre la figura y en la dirección indicada un mínimo de 10 veces sin levantar el útil (puntero) de la pantalla, tratando de que cada trazo se superponga sobre el anterior, realizándolo a velocidad normal y de forma rítmica.

En fases más avanzadas este ejercicio se puede complicar más, al retar al usuario a usar mayor presión en determinadas zonas.

Aunque es un ejercicio en apariencia simple, requiere que el usuario preste su total atención para evitar salirse de la línea de puntos.

Ejercicio
El método Graffos está basado Basado en la interacción entre la actividad cerebral y los movimientos precisos de la mano al escribir.EFE

Al repetirlo durante 24 días se consigue mejorar la concentración, consolidando esta destreza mental, al practicarlo durante tres meses, según indican desde la compañía.

Según el tipo de licencia se incluyen recomendaciones automáticas, personalizadas y la asistencia de un analista asignado por Graffos.

“En el caso del entrenamiento del deportista y dependiendo del tipo de licencia, el entrenador y el psicólogo deportivo pueden intervenir en el plan de trabajo ordenando el entrenamiento de una destreza mental adicional”, según Sanfiel.

Terminados los 24 días se realiza otro test que sirve de contraste con el anterior para verificar la evolución de las destrezas mentales del usuario, que en ese momento cambia de nivel de entrenamiento mental pasando al nivel 2 y realizando otros ejercicios diferentes.

Esta metodología se repite así sucesivamente hasta completar un total de 12 niveles que se corresponden con 9 meses naturales, los cuales equivalen a una temporada de entrenamiento para cualquier atleta de competición o a un periodo escolar de los estudiantes.

“Está metodología se basa en la adquisición de rutinas para generar hábitos. Nuestro cerebro necesita 21 días de repetición constante para interiorizar cualquier cosa y convertirla en un hábito que luego se reproduce de forma automática”, explica Sanfiel.

“Comenzamos efectuando los ejercicios de forma consciente para así transformar el subconsciente profundo y poder realizar tareas sin esfuerzo y sin resistencias”, explica.

“Nuestro cerebro tiene una particularidad denominada neuroplasticidad o plasticidad neuronal, que le permite un aprendizaje en dos direcciones, es decir que puede reproducir algo para aprenderlo o, por otra parte, puede utilizar el pensamiento para luego reproducir cualquier gesto de forma constante, automática e inconsciente”, afirma el experto.

“Esta particularidad permite mejorar las conexiones de las redes neurológicas existentes o bien generar otras nuevas, para reproducir, más o menos, lo mismo que se venía haciendo anteriormente, en el caso de que estas redes neurológicas se hayan deteriorado”, añade.

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“Este método entrena la mente utilizando la neuroplasticidad y la psicomotricidad fina (movimientos del cuerpo que requieren más destreza, precisión y habilidad) a través del movimiento de pinza de nuestros dedos índice y pulgar, como vehículo de conexión con nuestro cerebro para estimularlo en la dirección adecuada”, señala.

Sanfiel resalta que el movimiento de pinza “es el responsable de la evolución y desarrollo del cerebro humano desde los albores de la humanidad, al permitir la realización de tareas de alta precisión. Es el elemento cualitativo y cuantitativo de diferenciación de nuestra especie con relación a la de nuestros primos hermanos, los monos”.

“La repetición diaria de ejercicios de grafomotricidad (movimiento gráfico realizado con la mano al escribir) permite a nuestro cerebro aprender a conectar y reconectar redes neuronales, mejorando la sinapsis (conexiones neuronales)”, remacha.

También explica que en los deportes el ojo percibe el movimiento de la pelota y el cerebro procesa su velocidad, trayectoria, ángulo de inclinación, factores como el viento, la superficie donde se está posicionado, ordenando al cuerpo una reacción de recepción, posicionamiento corporal, golpeo, trayectoria y distancia, entre otros factores.

“El tiempo transcurrido entre la percepción y la ejecución se denomina velocidad de procesamiento de información neuromotriz”, afirma Sanfiel.

“Con la práctica repetitiva de los ejercicios grafomotrices se aumenta esta velocidad, se tiene un cerebro más activo y receptivo, y se mejoran la autoestima, la concentración, la resiliencia, la motivación y otras destrezas en el deporte y en cualquier actividad que se desarrolle en la vida diaria: estudios, trabajo o relaciones con los demás”, concluye.