
El arte como vía de escape: la sorprendente intuición de Freud
El arte, para Freud, no solo inspira: revela caminos ocultos de la mente y ofrece una salida creativa a nuestros afectos
Freud siempre insistió en que todos sus descubrimientos ya habían sido anticipados por un poeta. No se lamentaba de ello, más bien lo enorgullecía. Quien lea una de sus obras se sorprenderá de encontrar tantas referencias a la literatura como a tratados médicos, dado que, para él, la genuina creación artística ofrece herramientas tan eficaces como cualquier otra para explorar la mente y sus contenidos.
Tanto así que, detrás del escritorio del padre del psicoanálisis, la parte central de su biblioteca estaba ocupada por la obra completa de Goethe. La relación entre la psicología y el arte, y la capacidad de este para producir beneficios para la mente, es un tema conocido, pero pocas veces analizado de cerca para entender cómo sucede.
Para explicar esta reiterada concurrencia entre las comprensiones que le ofrecían sus casos clínicos y aquellas obtenidas del estudio de las obras de arte, Freud propone el concepto de sublimación: un modo de tramitar los afectos psíquicos sin pasar necesariamente por lo que en psicología clínica se llama el objeto. Normalmente, los afectos se dirigen hacia alguien o hacia algo, siguiendo la estructura gramatical conocida de sujeto, verbo y objeto.
Sublimación: cuando el verbo libera a la mente
El curso habitual de un afecto podría ilustrarse en una frase así: el pintor pinta un cuadro.
Sin embargo, por lo rígida que puede volverse, esta estructura puede ser problemática: si el pintor no tiene un cuadro para pintar, se frustra; sin su objeto, el sujeto se enferma.
La sublimación abre una vía distinta para procesar los afectos. En la estructura gramatical de la sublimación, el peso de la frase recae sobre la fuerza del verbo y se prescinde del objeto: el pintor pinta.
Sin un objeto definido, el artista es capaz de tramitar los afectos sin necesidad de una meta prestablecida. Logra así su satisfacción en el proceso mismo del acto de la creación.
A menudo escuchamos a autores decir que sus obras son el resultado de una inspiración cuyo origen y sentido ellos mismos desconocen.
Y no se equivocan: reciben los contenidos de su propia mente, solo que, al no haber un objeto prestablecido, ellos mismos descubren lo que crean. La sublimación es entonces una vía alterna para tramitar lo que nos afecta sin pasar por las idas y vueltas del objeto. El arte abre caminos para expresar, transformar o elaborar lo que, de otro modo, puede permanecer sin salida.
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