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Coronavirus | Diario de una madre en cuarentena, día 19: Auxilio, mi esposo va de compras

"Hay toda una parte de la compra que está perfecta… y después hay una parte que, bueno, él hizo lo que pudo". Lee 'Diario de una madre en cuarentena'.

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Diario de una madre en cuarentena en Guayaquil, Ecuador.Vektor Kunst iXimus y burhankhawaja/Pixabay

¿Cómo vive la cuarentena por el coronavirus una madre de dos niños pequeños en Guayaquil, una ciudad que recién conoce y en la que la pandemia es un gran problema? Conócelo en 'Diario de una madre en cuarentena'. 

La entrega de ayer reveló mis miedos, todos los tenemos. Hoy quiero ir a algo más cotidiano.

 Hay algo que tiene que quedar claro para siempre. Sabrán disculpar la recurrencia, pero la persona designada para hacer las compras tiene que ser quien más se ocupe de la casa, quien cocina, quien entiende de marcas de pañales, quien tenga muy claro qué producto se puede comprar de cualquier marca y cuál no.

Mañana cumplimos tres semanas en cuarentena y comienzo a sentir que, poco a poco, se va conformando una nueva normalidad en la que tratamos de no salir de casa. Ya todos disponemos de muchísimos contactos que nos proveen carne, frutas, verduras, racimos de verde, pan, lácteos, mascarillas, guantes, pañales y huevos. Estos últimos se han convertido en un bien más que preciado. Escasean en todos lados y los repositores de los supermercados son atacados por clientes ávidos de cubetas a cualquier precio.

En esta nueva forma de vida ya aprendí, rápidamente, que no debo entregar a mi esposo una lista escrita en un papel de cosas necesarias del supermercado. Puedo, más o menos, identificar, porque, además, conozco cómo circula dentro del súper, en qué momento perdió la lista. Hay toda una parte de la compra que está perfecta… y después hay una parte que, bueno, él hizo lo que pudo tratando de acordarse qué decía en esta lista de más de dos carillas que le entregué antes de salir.

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Por ejemplo, como no había de la marca de leche que compro habitualmente, trajo unos 6 o siete sachets de otras marcas conocidas. Me miró con desconcierto cuando le pregunté si no se le había ocurrido mirar en la parte donde están los cartones (tetra brick) de leche. Compró, además, cuatro botellas medianas de alcohol en gel, cuando en casa había y estando aquí adentro preferimos lavarnos las manos con jabón. Pasó toda la tarde untándose las manos, como si sintiera la necesidad de justificar su compra.

Cuando leí la columna de un periodista de Extra en la que contaba la llegada a su casa me sentí muy identificada. Yo lo baño en desinfectante en aerosol antes de que se saque la ropa en la puerta, del lado de afuera, y pasamos agua con cloro en la suela de sus zapatillas. Y con un trapo, desinfectamos cada cosa que entra a esta casa. En fin…

Entre otras cosas, hoy hay muchas madres y padres preocupados por las mensualidades de los colegios de sus hijos. Consideran injusto pagar por ítems que no se estarían utilizando, como materiales, libros, etcétera. No tengo una postura muy clara con relación a esto, porque soy docente y sé el trabajo que están haciendo los profesores y profesoras para adaptar sus programas de enseñanza al mundo de la educación mediada por tecnología, y porque también sé que una gran parte del ingreso de los colegios son empleados para pagar salarios.

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Al final de cuentas, como todo, quedará en la conciencia de cada uno decidir cómo afrontar esta problemática. Dos amigas, de hecho, hasta llegaron a mencionarme la idea de no escolarizar a sus hijos este año, ambas sosteniendo que les da mucho miedo que el coronavirus no se haya ido del todo de Guayaquil en aquel futuro en el que los niños vuelven al colegio.

Pero ahora eso está tan lejano… de momento me quedo con los datos de páginas web que nos dan ideas para hacer con nuestros hijos, sobre todo, cuando la crayola y la témpera ya no surten efecto.