
10 claves para dominar su tarjeta de crédito
Conozca cómo funciona y lograr que deje de ser una tentación peligrosa y se convierta en una herramienta eficaz.
Aunque durante años se las haya catalogado como las villanas o las salvadoras de los llamados “incendios financieros”, las tarjetas de crédito no son ningún personaje de película que van a salvar o sepultar nuestra economía de forma automática. Bien utilizadas, pueden convertirse en aliadas prácticas para organizar gastos, acceder a beneficios y construir un historial financiero saludable. Mal manejadas, en cambio, se transforman en una trampa silenciosa de intereses, cuotas eternas por sobreendeudamiento y decisiones impulsivas que se pagan caro con el tiempo.
Junto al experto en finanzas e inversiones Washington Arellano, presidente de Futuro Casa de Valores, SEMANA pone la lupa sobre este pequeño plástico para entender al 100 % su funcionamiento.
1. El mínimo no es su amigo
Pagar únicamente el mínimo puede parecer un respiro momentáneo, pero en realidad es una trampa silenciosa que lo lleva, poco a poco, a un ciclo de deuda casi interminable. Cada mes, los intereses hacen su trabajo sin descanso y la deuda se alarga más de lo que parece a simple vista.
Cuando se paga el total del estado de cuenta, en cambio, la lógica es otra: se utiliza el dinero del banco sin generar intereses, se mantiene el control y la tarjeta cumple su verdadero propósito como herramienta financiera. “Al pagar solo el mínimo, quien gana es la entidad financiera; al pagar el total, gana usted”, dice Arellano.
2. No son para financiar
La tarjeta de crédito debe verse siempre como un medio de pago, no como una forma de financiamiento. Sus tasas de interés suelen ser altas y, en muchos casos, se encuentran entre las más elevadas del sistema financiero (entre el 15 % y el 17 % aproximadamente).
Por eso, el experto menciona una regla sencilla que ayuda a tomar mejores decisiones: “si no puede pagarlo hoy con una tarjeta de débito, probablemente tampoco debería hacerlo con una tarjeta de crédito. Esta herramienta no aumenta su capacidad económica ni le da más dinero del que tiene; únicamente le permite ordenar sus gastos y manejar mejor su flujo mensual”.
3. Menos es más
Arellano comenta que un hábito clave para mantenerse lejos del sobreendeudamiento es no utilizar más del 30 % del cupo disponible. Por ejemplo, si tiene un límite de $3.000, lo aconsejable sería usar como máximo $900. Este margen no solo ayuda a evitar una presión financiera innecesaria al momento de pagar, sino que también mejora su perfil crediticio, ya que demuestra un manejo responsable del crédito.
Además, al no comprometer grandes montos mes a mes, le permite conservar liquidez y mantener una capacidad real de ahorro. Recuerde, usar menos cupo no significa desaprovechar la tarjeta, sino proteger su flujo financiero presente y futuro.
4. Diferir, solo si conviene
Los pagos corrientes y los pagos diferidos no son lo mismo, y entender la diferencia es clave. “Diferir una compra solo es recomendable cuando se trata de cuotas sin intereses y, aun así, debe hacerse con criterio”. Este tipo de pagos puede funcionar para gastos puntuales y necesarios, como temas de salud, educación o la compra de un electrodoméstico.
Sin embargo, incluso cuando no hay intereses, no es aconsejable diferir gastos cotidianos como el supermercado, restaurantes o consumos recurrentes. “Hacerlo compromete flujos futuros y reduce su margen de maniobra mensual, ya que esos gastos se repiten y no siempre se puede prever la misma disponibilidad de recursos”. En estos casos, lo más apropiado es pagar de forma corriente y reservar el diferido para compras específicas.
5. Las fechas sí importan
Conocer la fecha de corte y la fecha de pago de su tarjeta de crédito es fundamental para manejarla con inteligencia. Si realiza una compra justo después de la fecha de corte, puede extender el plazo de pago y, en muchos casos, llegar a tener más de 40 días para pagar sin generar intereses. Por eso, saber esto le permite planificar mejor sus consumos, aprovechar los tiempos a su favor y evitar cargos innecesarios.
6. Menos tarjetas, más control
Tener muchas tarjetas de crédito no significa manejar mejor el dinero. Mantener una sola como principal y reducir la cantidad de plásticos facilita el orden, mejora el control de los gastos y evita confusiones innecesarias al momento de pagar. No se trata de acumular tarjetas, sino de usar pocas y manejarlas bien. Una como principal suele ser más que suficiente para llevar un control claro del consumo mensual.
7. Revisar, no solo pagar
Arellano añade que pagar el estado de cuenta no debería ser el único objetivo del mes. Revisarlo con atención es igual de importante. Tomarse el tiempo para analizar los consumos permite identificar en qué se está gastando, detectar hábitos repetitivos y, en algunos casos, corregir excesos que pasan desapercibidos. La revisión constante ayuda a tomar mejores decisiones financieras y a entender con mayor claridad su comportamiento de consumo.
8. Beneficios que valgan la pena
Las tarjetas de crédito suelen ofrecer beneficios como millas, cashback o programas de recompensas, y bien utilizados pueden ser un plus interesante. Sin embargo, muchas de estas también incluyen costos de mantenimiento. Por eso, lo recomendable es contar con una que ofrezca múltiples beneficios reales y, si se justifica, otra que la complemente. “No todas necesitan ofrecer recompensas, sobre todo si estos beneficios implican pagos mensuales que no se compensan con el uso que se les da”.
9. Seguro de desgravamen
Es una herramienta preventiva y puede ser útil, siempre que se entienda cómo funciona (póliza que cubre el saldo de una deuda si el titular fallece o sufre invalidez total) y cuánto cuesta. Antes de aceptarlo, es importante preguntar si es obligatorio y qué cobertura ofrece. Si viene incluido sin mayor explicación, conviene evaluarlo con cuidado. Un seguro no es negativo, pero debe ser una decisión informada, ya que representa un gasto mensual adicional que impacta el presupuesto.
10. Avances, el último recurso
Hacer un avance en efectivo con la tarjeta de crédito equivale, en la práctica, a solicitar un crédito de consumo, con tasas de interés que suelen ser altas. Aunque ofrece acceso rápido a liquidez, su costo lo convierte en una opción poco conveniente para gastos cotidianos. Solo debería considerarse en situaciones puntuales y justificadas, como una inversión o una oportunidad específica. De lo contrario, es preferible evaluar otras fuentes de financiamiento más económicas.