Todos los trapos sucios de Teodora

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Todos los trapos sucios de Teodora

Dijo que nunca viajó con Álex Saab y la Asamblea ecuatoriana demostró lo contrario. Terminó admitiendo que fue su huésped en París

Superamigos. Desde que el propio Simón Bolívar, a través de una médium, le dijo que Córdoba será presidenta de Colombia, Maduro le da todo.
Superamigos. Desde que el propio Simón Bolívar, a través de una médium, le dijo que Córdoba será presidenta de Colombia, Maduro le da todo.EFE

La exsenadora colombiana Piedad Córdoba se cuece en su propia bilis. Para ser una persona con tantos años de experiencia en la política (40, se jacta ella), pierde demasiado fácilmente los estribos y arranca, en las entrevistas, a proferir insultos con la soltura de un camionero. A no ser que en eso consista, cabalmente, su política, perfeccionada a lo largo de las décadas.

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Rata de alcantarilla”, “atracador de calle”, “pedazo de burro”... De ahí para arriba (o para abajo, según se mire) le dijo al legislador ecuatoriano Fernando Villavicencio por haber demostrado, con documentos, lo que ella continúa negando: que compartió vuelo privado con el barranquillero Álex Saab, el testaferro del chavismo detenido hoy en una cárcel de Estados Unidos. 

Al periodista colombiano Gerardo Reyes, el primero que demostró su vínculo con ese personaje, le aplicó una descalificación escatológica: evaluó su trabajo como “pura mierda”. Las mismas calcadas palabras dedicó al informe de la Comisión de Fiscalización de la Asamblea del Ecuador. Demasiado improperio, demasiada alharaca, demasiada violencia verbal incluso contra periodistas correctos y respetuosos hasta el estoicismo, como Fausto Yépez de la radio quiteña Notimundo. Claramente, Piedad Córdoba está nerviosa y se comporta como si la acabaran de pescar con las manos en la masa.

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Su calvario empezó en octubre del año pasado, cuando Álex Saab, para entonces detenido en Cabo Verde, fue extraditado a Estados Unidos bajo ocho cargos que posteriormente fueron reducidos a uno: conspiración para lavar dinero. 

La Fiscalía del Distrito Sur de la Florida lo acusa de haber montado un plan de sobornos e importaciones ficticias para aprovechar el tipo de cambio controlado por el gobierno de Venezuela. Álex Saab y sus socios, Nicolás Maduro y sus funcionarios de confianza, todos se enriquecieron. ¿Y quién puso en contacto a unos y otros? Dos periodistas, el colombiano Gerardo Reyes y el venezolano Roberto Deniz, a partir de fuentes independientes entre sí, llegan a una misma conclusión: fue Piedad Córdoba quien lo hizo.

La unidad de investigación del bogotano diario El Tiempo lo corrobora y añade un par de detalles suculentos. El primero: fueron los vínculos de Córdoba con Saab (y aquí El Tiempo cita fuentes del gobierno federal de Estados Unidos) la causa para que se le retirara a Córdoba la visa que le permitía ingresar en ese país. 

Ella ha atribuido esta decisión a su “labor humanitaria” de intermediación para liberar a secuestrados de las FARC. Lo cierto es que, mientras esa intermediación se desarrollaba, la exsenadora viajó regularmente a Estados Unidos, donde mantuvo reuniones políticas, ofreció conferencias de prensa y hasta visitó cárceles (para entrevistarse con el paramilitar Salvatore Mancuso, por ejemplo, detenido allá), sin que nadie le hiciera lío.

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El segundo detalle es más cinematográfico. Según confirmaron al diario colombiano sus fuentes federales, la foto de Piedad Córdoba, con vistoso turbante azul, ocupa un lugar destacado en el organigrama que la DEA ha venido armando a lo largo de años de investigaciones sobre la estructura criminal de Saab. Junto a ella, su principal cómplice: Álvaro Pulido, también conocido como Germán Rubio. Y, a poca distancia, el empresario Carlos Gutiérrez Robayo, concuñado de Gustavo Petro. “Si ese señor se casó con una persona que es mi cuñada, ese tipo de relación no es familiar”, ha renegado graciosamente el candidato.

En 2010, con Álvaro Uribe en la presidencia de Colombia y Hugo Chávez en la de Venezuela, se vivía el peor momento en las relaciones entre los dos países. Álex Saab era un empresario colombiano quebrado sin demasiada esperanza de que el gobierno venezolano le pagara los supuestos 30 millones que le debía por una operación de exportaciones ficticias. Un año después, era millonario. ¿Cómo lo logró? Gerardo Reyes habla de una serie de comunicaciones en las que Piedad Córdoba intercedía por Saab ante Caracas “casi de una manera latosa”. 

Roberto Deniz, que califica a la en ese entonces todavía senadora como “la anfitriona de Saab en Venezuela”, alude a una posible bonificación que cobró ella por este servicio: 8 por ciento, dice un informante. Otro relata la reunión que mantuvieron Saab, Córdoba, Maduro, los hijos de Maduro y el hijo de Córdoba, Camilo Andrés Castro, poco antes de que éste creara un empresa de papel en Panamá.

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En septiembre de ese mismo año, 2010, la Procuraduría de Colombia despojó a Córdoba de su título de senadora tras encontrar, en la computadora de Raúl Reyes capturada en Angostura, pruebas suficientes sobre su relación con las FARC. Teodora, la llamaban en los círculos guerrilleros. Para entonces, ya era el contacto privilegiado de Chávez en Colombia.

Al respecto, Gerardo Reyes tiene una historia delirante, digna de lo que Valle Inclán llamaba “novelas de tierra caliente”, pobladas de déspotas y brujas. Ocurre que Chávez y Maduro tenían una médium que se atribuía hablar en nombre de Simón Bolívar, así que le pidieron su opinión sobre Córdoba. Cambiando el tono de su voz, la médium anunció que Piedad sería presidenta de Colombia. Desde entonces “le entregan lo que ella les pide”.

La exsenadora, que aspira a recuperar su cargo en las próximas elecciones por la alianza Pacto Histórico, que auspicia la candidatura de Gustavo Petro a la Presidencia, ha desmentido a gritos las versiones que la identifican como la anfitriona de Saab en Venezuela. Pero sus desmentidos tienen poca credibilidad. 

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Dijo que nunca había viajado con Álex Saab y la Comisión de Fiscalización del parlamento ecuatoriano le demostró lo contrario con documentos en la mano: el registro de un vuelo de 2013, en el que llegaron juntos a Quito en un avión privado de él que, curiosamente, años más tarde, fue capturado en Estados Unidos con un cargamento de armas. 

Dijo que Saab no era más que un conocido y luego tuvo que admitir que fue su huésped en París, en ese mismo viaje en el que se compró un reloj Cartier; “de los baratos”, según ella. Ahora, la revista Semana de Colombia acaba de demostrar que la empresa Grand Group Limited, que Saab usaba como fachada para la triangulación de sus negocios sucios y que consta en la lista negra de la DEA por su relación con el narcotráfico, le costeó 17 pasajes internacionales entre 2015 y 2016. Piedad Córdoba se sabe en la mira de la justicia de Estados Unidos. Por eso grita tanto.