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Comercio. Un ciudadano camina por la acera de una calle principal de Quevedo, junto a una serie de locales que permanecen cerrados, por alquilar o vender.Miguel Canales

Quevedo, la ciudad donde el miedo consume al comercio

Locales cerrados, en alquiler o en venta, es el patrón que se ve en las calles del cantón de Los Ríos, como una rendición ante el crimen organizado

Últimamente conducir su taxi no ha sido fácil. Tiene el recuerdo fresco de que secuestraron a su esposa. Y a eso se suma el temor de que pueda pasarle lo mismo. Aún con esa zozobra, don Segundo (nombre protegido) sale todos los días a trabajar en uno de los 38 cantones considerados de alto riesgo, según el Decreto Ejecutivo 135: Quevedo. Ciudad que clama por seguridad y por hacer las pases con el comercio.

La víctima terminó cayendo en la pared de una vivienda, manejaba su moto por la calle principal.

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El documento presidencial dispone que en las localidades con mayor peligrosidad el toque de queda rija de 00:00 a 05:00. Pero don Segundo y sus colegas se han autoimpuesto su propio ‘decreto’. Ahora no realizan carreras hacia ciertos sectores. En esas zonas, dicen, podrían robarles fácilmente.

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“Ya no vamos a San Rafael, Baldramina, 21 de Enero, Los Chapulos, Venus, 24 de Mayo...”, enumeran, dando una lista larga. A la cónyuge del conductor la tuvieron retenida por más de dos horas en una vivienda en Playa Grande, otro de los puntos vetados por él y sus compañeros. Afortunadamente agentes policiales pudieron rescatarla.

La dificultad para el taxismo se refleja en las ganancias. Este año, Segundo no se ha ido a su casa con más de 15 dólares en el bolsillo. Antes le quedaban 30 dólares o más.

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Controles. Un grupo de policías realiza una inspección a una camioneta y a su conductor, como parte de una medida preventiva.Miguel Canales

VENTAS CAÍDAS

En la denominada Ciudad del Río, quienes tienen negocios también pasan por una situación crítica. Basta con hacer un recorrido por las principales calles del centro de la ciudad para notarlo. Los letreros de “se vende” o “se alquila” suelen verse con frecuencia. Hay locales abiertos y otros cerrados. En ciertos tramos predominan más los que ya no atienden. El terror a la delincuencia hizo efecto.

Las calles Marcos Quintana, June Guzmán, Bolívar y la avenida 12 de Octubre han perdido gran parte de sus comercios. Hay cuadras que lucen vacías. Una imagen triste que recuerda a los tiempos de la pandemia de la COVID-19.

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La dinámica y agitada avenida 7 de Octubre es, quizá, la que ha resistido mejor el golpe. Todavía conserva ese aspecto de concurrencia de clientes. Caminar en esta es como recorrer el tramo de la calle Colón (en Guayaquil) que va de García Avilés a la avenida Malecón Simón Bolívar. O como ir por la avenida 9 de Octubre, desde el parque Centenario hasta el Hemiciclo de La Rotonda.

Pero una de las cosas que cambiaron en esta avenida, que cuadra a cuadra luce colorida con graciosas esculturas de animales en sus aceras, es el horario de atención.

“Ya desde las 17:00 muchos locales empiezan a cerrar”, cuenta Julio Izurieta, un vendedor ambulante de tablas de bingo que tiene clientes en ella.

“Antes, el ingreso mío diario era de 30 dólares. Ahora ha disminuido a la mitad”, lamenta.

Su testimonio coincide con el de Guillermo Muñoz, presidente de la Bahía Timoteo, un conjunto de 204 quioscos comerciales, ubicado entre la 7 de Octubre y la calle Bolívar. Según el dirigente, aproximadamente el 50% de los negocios cerró sus puertas, principalmente por la inseguridad.

“Han decaído las ventas, la gente no sale. En Navidad y Año Nuevo las personas salían un poquito más. Pero terminaron las fiestas y esto empezó a bajar de nuevo”, explica.

En su caso, solía tener abierto su negocio hasta las 20:00. Actualmente procura cerrar sus puertas antes de que oscurezca.

En la Bahía Marcos Quintana el panorama es similar. Muchos locales están cerrados y varios sí atienden, pero con un bajo nivel de ventas. Matías Viñán, uno de los comerciantes, comenta que en este año hubo ocasiones en que de cuatro a cinco días no ha vendido una sola prenda de vestir de las que exhibe en su quiosco. Pero prefiere seguir yendo a trabajar, no solo por ganar algo, sino para escapar de la depresión que le produce quedarse en casa.

En las noches tampoco es mejor la cosa. Tienen una suerte distinta los locales gastronómicos, pero la farra y los centros de diversión prácticamente ya no existen.

RECUPERARSE, EL RETO

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Poca afluencia de comerciantes en los pocos locales abiertos, en Quevedo.Miguel Canales

Marco Franco, presidente de la Cámara de Comercio de Quevedo, indica que casi la mitad de los 860 socios han cerrado sus locales. Esto se debe, mayoritariamente, a tres complejos problemas: robos, extorsiones y secuestros.

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“Muchas lavadoras (de carros), instituciones de comercio de víveres, empresas de transporte urbano, hasta los buses son susceptibles de extorsiones. Y eso sin enumerar muchos delitos que no se denuncian”, menciona.

Su descripción de lo que sucede con los negocios se puede palpar en las calles. Se suele ver a personas en actitud sospechosa caminando cerca de los negocios, dando vueltas en motos o en carros sin placas. Recorren, miran, a veces dialogan con los propietarios y se retiran.

Sin embargo, en general, para muchos ciudadanos la seguridad ha mejorado con los patrullajes y operativos de la Policía Nacional y Fuerzas Armadas. Pero el comercio va a paso más lento. Las ventas aún no despegan. Por eso piden que el trabajo de los uniformados se intensifique.

El coronel Henry Coral, jefe policial del distrito Quevedo-Mocache, refiere que 150 gendarmes se sumaron este año a la jurisdicción, algunos de unidades especializadas. Y se ha logrado detener a integrantes de grupos de delincuencia organizada. Es consciente de que la recuperación de la actividad económica tomará su tiempo. Pero recalcó que es importante denunciar los delitos para poder actuar contra los pillos.

Los quevedeños tienen expectativas de que el cantón vuelva a ser tranquilo. Que puedan realizar sus actividades con normalidad, enterrando el miedo y desempolvando la confianza en las instituciones del Estado.

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