
Los troles perdieron y Marco Rodríguez es el nuevo presidente de la Corte Nacional
Marco Rodríguez se impuso frente a Daniella Camacho, quien quiso hacer lo imposible por no soltar la Presidencia de la Corte
Los desesperados esfuerzos del trolerío gobiernista y de las cuentas en redes sociales operadas por el Gobierno, como La Data y El Dato, no sirvieron de mucho: Marco Rodríguez fue elegido como presidente encargado de la Corte Nacional de Justicia. De nada sirvieron todas las versiones que en redes y en chats de WhatsApp empezaron a circular desde la noche del martes hasta pasadas las tres de la tarde del miércoles, con información evidentemente falsa sobre Rodríguez, como que fue el juez que liberó al narco Rasquiña o que era la apuesta del correísmo para cooptar la justicia.
Mucho estaba en juego para el Gobierno y no sorprendió el esfuerzo de troles y de operadores mediáticos que, en su mayoría, están vinculados a la Fiscalía: su operativo para tomarse la justicia, con la elección de Rodríguez, sufre un revés importante, aunque no definitivo. Y no es definitivo mientras Mario Godoy siga siendo presidente del Consejo de la Judicatura y nombrando, a sus anchas, jueces, notarios y funcionarios judiciales. Si bien el Gobierno perdió ayer la batalla, aún tiene la posibilidad de asegurarse de que el pleno de la Corte Nacional, con la presencia de los jueces suplentes (nombrados por Godoy y el expresidente de la Corte Nacional, José Suing), no le retire la confianza a Godoy y este permanezca en el cargo, a pesar del reciente escándalo por las presiones de su institución para que los jueces fallaran a favor de narcos.
Frente a los cuestionamientos que rodean su apoyo a Mario Godoy, José Suing decidió renunciar a la Corte Nacional de Justicia.
— Diario Expreso (@Expresoec) January 12, 2026
Lo hizo mediante un comunicado. Mira lo que argumentó para tomar esta decisión 👉 https://t.co/buFMohnc3I pic.twitter.com/1B5YJLdUjB
La tensa sesión de la Corte Nacional: el conflicto con Camacho
La elección de Rodríguez fue, en todo caso, angustiosa y hasta cierto punto accidentada. Al inicio, hubo el intento de la presidenta encargada de la sesión, la jueza Daniella Camacho, de quedarse en el cargo sin proceder a la votación, alegando que se iba simplemente a debatir sobre el tema de la sucesión de Suing. La jueza Enma Tapia recordó a Camacho que el Pleno le encargó la presidencia únicamente para que convoque a elecciones y que no puede modificar esa decisión para limitarse a designar a un presidente subrogante. “Con el mayor respeto y cariño, usted no puede tomar esa decisión; esa decisión la toma el Pleno que estamos aquí”, dijo Tapia.
Sin embargo, la jueza Katerine Muñoz mocionó como candidato a Marco Rodríguez, uno de los magistrados más antiguos de la Corte Nacional. Este, por su parte, advirtió que Camacho estaría “buscando imponer una presidencia de facto” y rechazó que no se permita a los magistrados avanzar con la elección. La conjueza Mercedes Caicedo recordó que la resolución 03-2024, en la que se encargó la presidencia a José Suing, prevé que, ante una ausencia temporal, la jueza más antigua asuma la conducción del Pleno, razón por la cual Camacho preside la sesión. Sin embargo, aclaró que, frente a una ausencia definitiva, corresponde elegir a una nueva autoridad. Camacho, a quien los troles del Gobierno no han tocado en ningún momento -señal importante-, fue mocionada como candidata por el juez Gustavo Durango Vela (el mismo que tuvo la infortunada moción el lunes para felicitar a José Suing por su paso por la presidencia) y, al tener un conflicto de interés por su aspiración a la Presidencia, tuvo que dejar la conducción de la sesión.
Lo más dramático de la sesión fue lo que ocurrió luego de la votación. En ella, Rodríguez tuvo siete votos, Camacho tres y hubo tres nulos. Camacho, en su afán de no perder por nada del mundo la presidencia de la Corte, dijo que, según la ley, no se podía elegir al presidente sin al menos 12 votos. El juez Alejandro Arteaga, sin embargo, intervino y sostuvo lo que era de sentido común y simple racionalidad: con una Corte incompleta no era posible tener una mayoría de 12 votos y que, cuando se encargó la presidencia a Suing en 2024, hubo que llegar a un consenso entre todos para no dejar al organismo en acefalía. Arteaga sería elegido, más tarde, como presidente alterno encargado.
Entonces, había que llegar a un consenso y, para eso, era necesario que Camacho diera un paso al costado. Pero ella no lo quiso hacer. Eso forzó una comisión general, que no se transmitió al público, donde había que encontrar una salida al entrampamiento. Fueron tres horas intensas de elucubraciones, rumores, muñequeos y negociaciones. Al final, cuando ya eran casi las tres de la tarde, se reinstaló la sesión con un consenso para elegir a Rodríguez. No haberlo hecho hubiera significado una paralización del proceso y que la Corte quedara con Camacho, quien si de alguien ha tenido apoyo público es de los troles del Gobierno: no han dicho nada malo de ella.

La elección de Marco Rodríguez abre una ventana en caso de Mario Godoy
Al final, hubo consenso con la decisión de todos los jueces presentes: a Camacho le costó levantar el brazo y su gesto fue tan difícilmente visible que muchos pensaron que no lo había hecho. En todo caso, le costó muelas.
Con Rodríguez a la cabeza de la Corte, se abre la posibilidad de que finalmente Godoy, en el caso de que renuncie o sea destituido por la Asamblea, sea reemplazado por su suplente, Alexandra Villacís, al frente del Consejo de la Judicatura. Por todo lo que ha ocurrido en las últimas dos o tres semanas, esa sería la segunda gran derrota del Gobierno, que sabe que a Villacís no la pueden llegar a controlar. Y sin un Consejo de la Judicatura obsecuente, el plan para tomarse la justicia que ha desplegado el Gobierno fracasaría.
Así, y de forma bastante angustiosa, se impuso la voluntad del grupo de jueces que pidieron la renuncia de José Suing por su indigna decisión de nominar a un oscuro abogado de narcos, Mario Godoy, para la presidencia del Consejo de la Judicatura. Al final, Rodríguez tomó la palabra y dijo que mantendrá la independencia de la justicia, algo que no debe haber sonado muy bien en Carondelet.
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