La sobrecarga de trabajo, otro enemigo de las filas policiales

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La sobrecarga de trabajo, otro enemigo de las filas policiales

Jornadas diarias que suman hasta 16 horas son parte de su diario vivir. Los uniformados exigen mejores condiciones para laborar y más equipamiento.

Policías en Guayaquil
La sobrecarga de trabajo, otro enemigo de las filas policiales.Miguel Canales

La escalada de violencia a causa de la delincuencia común y del crimen organizado ha generado una ola de pedidos ciudadanos para que la Policía aumente su presencia, sobre todo en ciudades conflictivas como Guayaquil, donde se concentra la mayoría de robos y asesinatos. Sin embargo, la movilización de gendarmes es compleja. En parte, aquello depende del personal disponible y de los nuevos uniformados que se incorporen a la tropa. En junio pasado, el país contaba con 51.209 policías, unos 400 elementos menos que en 2021 y unos 100 menos que en 2020.

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El Gobierno de Guillermo Lasso ha ofrecido en reiteradas ocasiones que formará unos 30 mil policías hasta 2025, cuando termine su mandato. Ese contingente ayudaría a reducir la carga laboral que aqueja actualmente a la mayoría de los servidores policiales, ya que influye en su vida personal, en sus hogares y en su salud, como señalan varios uniformados a Diario EXPRESO.

“Se trabaja de 08:00 a 15:00, se descansa de 15:00 a 23:00 y después en la amanecida se realiza el turno de 23:00 a 07:00. Y después de haber hecho el turno de la amanecida se retorna el mismo día, desde las 15:00 hasta las 23:00. Esos turnos son por nueve días y eso hace que la fatiga llegue al punto de ser agobiante”, cuenta Víctor, un gendarme del servicio preventivo de la Zona 8 (Guayaquil, Durán y Samborondón) que prefiere mantener su identidad en reserva para evitar posibles represalias. El joven policía agrega que esa fatiga reduce las capacidades físicas para desempeñar su labor.

Entre la tropa circulan cadenas de texto que recogen el malestar policial, que se difunden en el servicio de mensajería de WhatsApp desde mediados del 2021, cuando Tannya Varela era la comandante de la Policía Nacional.

“Si fomentar la indisciplina es pedir que se cree una cuarta compañía, porque al policía de servicio urbano esas amanecidas, jornadas que suman 16 HORAS DIARIAS, lo están matando, pues SÍ (sic.)”, se lee en uno de los puntos de la cadena, que hace referencia a la implementación de un grupo adicional de agentes para que solo se trabaje una jornada diaria de labores y no compartida en dos turnos.

La sobrecarga de trabajo, la demora en los traslados (pases) solicitados para estar más cerca de la familia, la falta de equipamiento, entre otras necesidades que enlistan los uniformados, han influido en la decisión de muchos de sus colegas para solicitar la salida voluntaria de la institución, para buscar nuevos rumbos incluso en otros países, o en oficios menos riesgosos y mejor remunerados.

Según los registros de la Policía, de enero a junio de este año 624 servidores policiales fueron cesados “por solicitud voluntaria”. En el 2021, los registros se situaron en 465. En 2020 se incrementaron a casi 900. Y en 2019, la institución registró 650 pedidos.

Este Diario solicitó en varias ocasiones una entrevista con un vocero policial, pero hasta el cierre de este reportaje no se concretó el diálogo. Se buscaba conocer si la institución de seguridad realiza un monitoreo del estado de ánimo o salud mental de los gendarmes, o de qué forma se receptan los requerimientos del personal.

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Milton, un policía que opera en Quito, dice que las jornadas extenuantes y casi consecutivas lo dejan sin tiempo suficiente para compartir con su familia. Él añade que eso se complica más si el policía tiene que viajar cinco, diez o doce horas para llegar a su hogar en los tres días libres que tiene tras once días de trabajo.

“Se pasa casi un día viajando. Tampoco nos queda tiempo para hacer ejercicio, entrenar y descansar. Entonces por eso hay mucho sedentarismo y después hay policías que tienen problemas en las pruebas físicas anuales”, comenta el uniformado de una unidad investigativa, quien lamenta que él y sus colegas también tengan que solventar de su bolsillo la compra de linternas, gas pimienta, chalecos y arreglos de motos y carros.

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En una unidad de policía comunitaria de Guayaquil hay dos carros con las llantas ponchadas.CHRISTIAN VáSCONEZ

Los gendarmes esperan que las autoridades policiales tomen en cuenta estas observaciones para mejorar el bienestar de la tropa, que en el último mes trabajó sin interrupción en la contención de las protestas.