
La Junta de Paz de Trump: Qué es y los intereses detrás de su creación
Trump crea la Junta de Paz: organismo con mando absoluto y membresías de $1.000 millones para resolver conflictos globales
Lo que inició como una propuesta para pacificar la Franja de Gaza se ha transformado en un ambicioso —y polémico— organismo de control global. La Junta de Paz, creación del presidente estadounidense Donald Trump, se erige ahora como un ente alternativo a las Naciones Unidas, diseñado para intervenir en transiciones políticas y crisis geopolíticas bajo una estructura que rompe con el multilateralismo tradicional.
Un liderazgo sin fecha de caducidad
La organización no solo lleva el sello de Trump, sino su mando directo. El mandatario ejercerá la presidencia de forma vitalicia o discrecional, manteniendo el control incluso si abandona la Casa Blanca. Con facultades que incluyen el derecho al veto absoluto y la capacidad de remover miembros a su criterio, Trump ha blindado su autoridad.
El "círculo de hierro" que integra la Junta Ejecutiva fundacional combina el peso diplomático con el músculo financiero:
- Marco Rubio (Secretario de Estado).
- Jared Kushner y Steve Witkoff (Hombres de confianza en Medio Oriente).
- Tony Blair (Ex primer ministro británico).
- Marc Rowan (Apollo Global Management) y Ajay Banga (Banco Mundial).
Vacíos legales y el precio de la permanencia
Pese a su pomposa estructura, la Junta de Paz navega en la ambigüedad jurídica. Su carta constitutiva no define sanciones económicas ni despliegues militares, dejando en el aire cómo logrará imponer sus resoluciones. Sin embargo, el punto más crítico radica en su financiamiento: el estatuto abre la puerta a la "privatización de la paz", permitiendo que los Estados obtengan una membresía permanente mediante una "contribución voluntaria" de $1.000 millones.
Esta cláusula ha encendido las alarmas en Europa, donde se cuestiona que la influencia diplomática quede sujeta a la capacidad de pago, un modelo de gestión empresarial aplicado a la alta política internacional.
Adhesiones estratégicas y ausencias de peso
Hasta el momento, 25 naciones han aceptado el convite de Washington. En un bloque compacto, los aliados de Medio Oriente (Israel, Arabia Saudita, Emiratos Árabes y Qatar) ya están dentro. Sorprende la inclusión de Bielorrusia, que busca romper su aislamiento, y de países como Paraguay, Turquía y Vietnam.
En la otra acera, el rechazo es tajante en el Viejo Continente. Francia lidera la oposición, lo que ya ha derivado en amenazas de represalias arancelarias por parte de Trump. Italia, Suecia y Noruega también han marcado distancia, advirtiendo que este organismo podría herir de muerte el orden internacional establecido tras la Segunda Guerra Mundial.
El silencio de los gigantes
Mientras Canadá y el Vaticano analizan su participación bajo estrictas reservas, el mundo observa a Moscú y Beijing. Rusia y China, dueñas de sus propios vetos en la ONU, se mantienen cautas. La gran incógnita es si la Junta de Paz será el motor que destrabe conflictos históricos o si, por el contrario, terminará por fragmentar definitivamente la gobernanza global en un club exclusivo de lealtades y chequeras.
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