
La Merced: un barrio que sigue atrapado entre el polvo y el lodo
Moradores de la parroquia Atahualpa exigen el lastrado de un callejón intransitable
El barrio La Merced, ubicado en la parroquia Atahualpa (Ambato), enfrenta una contradicción vital: aunque logró acceder a servicios básicos en 2025 tras una década de espera, sus 50 habitantes siguen aislados por el deterioro vial. La falta de lastrado en su callejón principal convierte el tránsito en una odisea de polvo en verano y lodo en invierno.
Cuál es la situación actual de los servicios en La Merced?
La historia reciente de este sector es la de una lucha constante por dejar de ser un punto invisible en el mapa administrativo. Carlos Guaraca, morador del sector, recuerda que recién este año, tras casi una década de trámites y oficios, el barrio logró la instalación integral de alcantarillado, agua potable, energía eléctrica e internet.
“Cuando llegó la luz, llegó todo lo demás. Fue un alivio para el barrio”, señala Guaraca, describiendo un cambio que marcó un antes y un después para la comunidad. Sin embargo, pese a este avance en infraestructura sanitaria y de conectividad, el estado de las calles sigue siendo una deuda pendiente de las autoridades.

El problema se centra en el callejón que conecta a La Merced con la vía a Macasto. Este tramo está lleno de baches y carece de lastrado, lo que afecta directamente la movilidad diaria de los residentes. María Chicaiza, vecina del lugar, explica que los taxis y camiones evitan ingresar por temor a dañar sus vehículos.
El rechazo del transporte complica el traslado de niños y adultos mayores; además la alle principal no tiene nombre y atraviesa el canal de riego Latacunga-Salcedo, incrementando la desconexión del sector.
“Son pocos metros, no pedimos asfalto, aunque sea que lastren”, insiste Guaraca ante la urgencia de una solución vial.
¿Cómo manejan la seguridad los vecinos?
En materia de seguridad, ante la escasa presencia policial, los moradores han optado por organizarse entre ellos. Aunque reportan que la delincuencia ha disminuido en comparación con años anteriores, el temor persiste en la comunidad.
A esto se suma la dependencia del transporte público, que pasa cada 20 minutos por la vía hacia Pondoa, marcando la rutina de espera en un barrio que, aunque ya tiene luz y agua, aún busca ser atendido en su derecho a una vialidad digna.
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