Juan Carlos Holguín | Un escudo contra los carteles criminales
En ese mismo contexto se enmarca la decisión del Gobierno ecuatoriano de expulsar a toda la misión diplomática cubana
Hay cuatro hechos ocurridos en los últimos siete días que son importantes para entender el nuevo entorno de la geopolítica hemisférica y el posicionamiento que tiene Ecuador dentro de esta nueva realidad.
1. Ecuador decidió expulsar al embajador cubano y a toda la misión diplomática de Ecuador; 2. El lanzamiento del Escudo de las Américas por parte del presidente Trump; 3. El bombardeo, por parte de fuerzas militares ecuatorianas con el apoyo de Estados Unidos, contra un campo de entrenamiento de una disidencia de las FARC en la frontera con Colombia; y, 4. La declaración del presidente estadounidense el sábado, de que los carteles mexicanos son una amenaza para la región.
El ‘escudo’ no solo es un mensaje político: es una coalición político-militar orientada a combatir el narcotráfico, el crimen organizado transnacional y la migración irregular. Escribí hace algunos meses en esta misma columna que mantenerse como un socio democrático confiable, con valores de Occidente, era la condición para que Ecuador pudiese concretar los acuerdos bilaterales con Washington, que tanto necesitamos. Y parecería que el Ecuador hoy, dentro de esta lógica, puede ser protagonista.
Un elemento central de este proceso es la designación formal de los carteles del narcotráfico como organizaciones terroristas por parte de Estados Unidos. Esta decisión no es simbólica. Cambia radicalmente las reglas del juego, pues permite aplicar legislación antiterrorista, congelar activos, perseguir redes financieras y, sobre todo, habilita la cooperación militar directa. Para un país como Ecuador, por donde transita el 70 % de la cocaína que sale de sus vecinos Colombia y Perú, los mayores productores del mundo, esta categorización es de enorme valor.
La semana pasada vimos, en la práctica, lo que significa esta alianza. El secretario de Defensa estadounidense Pete Hegseth lo celebró públicamente: “Estamos bombardeando a los narcoterroristas en tierra. Gracias a nuestros socios en Ecuador”. El portavoz del Pentágono, Sean Parnell, fue aún más explícito: “Las redes narcoterroristas no hallarán refugio en nuestro hemisferio”. No fueron palabras, fueron bombas. Es un mensaje directo.
En ese mismo contexto se enmarca la decisión del Gobierno ecuatoriano de expulsar a toda la misión diplomática cubana en Quito y retirar a nuestro embajador en La Habana. Las razones no se hicieron públicas formalmente, pero Cuba opera históricamente como base de operaciones políticas contra gobiernos democráticos de la región. Y Ecuador lo ha vivido, como sucedió en octubre de 2019.
En general, los gobiernos del Grupo de Puebla, desde La Habana hasta Ciudad de México, han convertido sus misiones diplomáticas en herramientas de desestabilización y de impunidad, como el caso de la Embajada de México en Ecuador. Esa red de complicidades tiene su sede en La Habana, en México, y la tuvo en Caracas.
En un hemisferio dividido entre democracias, con sus defectos, y regímenes que cobijan carteles, Ecuador ha elegido con claridad de qué lado está. Ese es el verdadero escudo: no de misiles, sino de que es mejor estar allí, que en los comunicados del Grupo de Puebla.