Rafael Oyarte | Gregarios
Tenemos un concurso para fiscal en donde las caras conocidas son una excepción
Es la expresión que muchos aprendimos con los éxitos del gran Richard Carapaz: aquellos ciclistas que acuden a las competencias, pero no para competir como tales sino para ayudar al principal de equipo a obtener el éxito. Es decir, se sacrifican, perdiendo para que su líder gane: se ponen adelante para que a ellos les golpee el viento y el principal pueda ahorrar energías; endurecen la carrera para sus importantes rivales, desgastándolos, evitando sus escapadas, entre tantas otras prácticas.
Tenemos un concurso para fiscal en donde las caras conocidas son una excepción y contra los que, sin duda, los grupos interesados (incluyendo los delincuenciales) lanzarán todo su ataque. Por supuesto, a los desconocidos no se les hará mucho y si eso ocurre, hay decenas que pueden recibir los embates, cubriendo al principal en esa carrera. Esos gregarios serán objeto de alguna impugnación o complicarán a los rivales principales de su líder, ayudando a impugnarles o a recalificar pruebas y otros puntajes: con 75 postulantes, la fase de impugnación y la presentación pública se diluirá o será, en el mejor de los casos, un caos. Eso es lo que nos garantizan los concursetes que, a propósito, fascinan a los miembros de la Corte Constitucional, que nos condena, en un alarde de política constitucional y no de justicia constitucional, indicando que este es el modo “democrático” y “participativo” de nombrar a los más importantes funcionarios públicos de nuestra nación.
Que no solo tengamos una mayoría de desconocidos que nos puedan sorprender con decenas de maestrías y un par de doctorados obtenidos en esas impresoras de títulos en que se han convertido un buen número de programas de prosgrado acá y en el exterior, con docenas de artículos ‘indexados’ en revistas que nadie lee o libros que se mandan a imprimir (si es que se imprimen) en la imprenta de la esquina o financiada por algún ente público o privado (de esos que nadie compra sino que se ‘regalan’). Pero una cosa es eso, otra que pueda haber candidaturas de trigos nada limpios y mucho menos que lleguemos al extremo de poner gregarios para aupar al líder o para desgastar a los principales contendores. En suma, solo queda rogar, y con mucho fervor, que nada de eso pase, porque todo está dado para esas sorpresas concursísticas, que ya son cada vez más nuestras.