
La Asamblea del nuevo Ecuador guarda lo peor del ‘viejo’ país
Análisis | Niels Olsen quiere vender una escuelita de chicos buenos, pero la conducta de los asambleístas dicen lo contrario
Pocas cosas hay más viejas o, más bien, más antiguas que los funcionarios del llamado Nuevo Ecuador llenándose la boca con eso del nuevo Ecuador. Lo que ocurre en la Asamblea Nacional y la imagen que de ese organismos quiere proyectar su presidente Niels Olsen es un ejemplo de aquello. En la mente de Olsen o de los comunicadores políticos que seguramente lo asesoran (ahora todo político lo primero en que piensa es en contratar comunicadores políticos), el objetivo es que la sociedad tenga una idea positiva de la Asamblea Nacional, no precisamente por la calidad de su legislación ni por la oportunidad de su obligación de fiscalizar a Ejecutivo sino por la conducta o urbanidad con la que quiere que el organismo opere.
La carta que Olsen publicó el 25 de agosto de 2025 con ocasión de los primeros 100 días de funcionamiento de la actual Asamblea es una joya que ilustra la imagen del organismo que se quiere posicionar en el ideario de la población: básicamente la de una escuelita con chicos buenos que se portan bien. Es por eso que en una parte inicial de la carta, Olsen presume sobre cómo se ha puesto en orden a la Asamblea. “Endureciendo las normas contra el nepotismo y sancionando sin excepción inasistencias, atrasos y suspensiones”, dice el presidente Olsen e inmediatamente informa que en virtud de esas sanciones se han recaudado 70 mil dólares. “Un hecho inédito en la historia de este poder del Estado”, escribió como colofón al párrafo que es el tercero de la carta que tiene dos hojas.
El presidente de la República, Daniel Noboa, remitió este jueves 28 de agosto de 2025 a la Asamblea Nacional su quinto proyecto económico urgente. Se trata de la Ley de Fortalecimiento Crediticio.
— Diario Expreso (@Expresoec) August 29, 2025
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Niels Olsen y su visión de los 100 días de la Asamblea
Para Olsen, un trabajo positivo básicamente se mide por las sanciones que se aplican y el dinero que se recauda en virtud de ellas. “Yo no quiero una Asamblea dócil, pero tampoco una caótica. Quiero una Asamblea valiente, propositiva, transparente y profundamente ética; una Asamblea que debata con altura, que corrija con humildad y que legisle con visión”, sostiene en un párrafo más adelante. Olsen asegura en ese documento, con inmenso orgullo, que en apenas 100 días “logramos aprobar más 10 leyes, 244 y 96 resoluciones”, como si la calidad del trabajo legislativo se lo pueda medir en números de leyes aprobadas precisamente cuando, como en pocas veces en la historia, han habido tantas observaciones y procesos en la Corte Constitucional por las inconstitucionalidades que sufren las leyes aprobadas por el organismo. Inconstitucionalidades que fueron advertidas mucho antes de ser aprobadas por cuanto jurista y especialista existe, porque los errores y la pésima calidad de la legislación eran groseros.
Resultó vergonzoso, en ese sentido, cómo los abogados de la Asamblea fueron hasta la Corte Constitucional para defender los textos aprobados de las tres leyes económico urgente que envió el Ejecutivo con el supuesto fin de acabar con el crimen organizado. El nivel de las argumentaciones fueron tan pobres que incluso líderes de opinión que defendieron al gobierno en este tema, como el periodista Carlos Vera, tuvieron que admitir que no hubo una defensa de altura. Lo que realmente ocurrió y que Olsen no observa ni remotamente en su carta, es que los legisladores de su bancada fueron incapaces de corregir las evidentes falencias de las leyes que se enviaron desde Carondelet.
“En estos 100 días, hemos recuperado la Asamblea para la gente”, dice en otro segmento de la carta como si esa frase llena de lirismo tuviera algún sentido cuando ni se legisla bien ni se fiscaliza como cualquier Asamblea responsable lo haría aunque estuviera en la misma vereda que el Ejecutivo. Fiscalizar no solo es responsabilidad de una Asamblea responsable sino un pilar de la democracia porque solo eso fortalece y endereza el trabajo de cualquier gobierno en el mundo.

Nuria Butiñá y Jorge Chamba: ejemplo del viejo Ecuador
Pero la contradicción entre el eslógan del supuesto Nuevo Ecuador con lo que ocurre en la Asamblea no solo está en el trabajo legislativo y en la fiscalización, sino que también se hace evidente con la conducta de muchos asambleístas. En las últimas semanas, por ejemplo, estallaron dos escándalos que hacen pensar que no se está viviendo ningún nuevo Ecuador sino que tan solo se repiten las antiguas y eternas prácticas vergonzosas del pasado.
Por un lado estuvo el de la correísta Nuria Butiñá a quien le filtraron unos audios donde se la escucha tratar de forma humillante e indigna a sus asesores a los que, además, les exige la entrega de parte de parte de sus sueldos para aumentar así sus ingresos. Lo de Butiñá es la evidencia de la calidad moral y la estatura pública que tiene gran parte de la clase política que llega a la Asamblea y que la hace igual o incluso peor que la que supone que hay en el supuesto Nuevo Ecuador.
Y el hecho de que Butiñá sea correísta no disminuye la tragedia de la calidad de la clase política ecuatoriana porque en la bancada del llamado Nuevo Ecuador está el caso del asambleísta Jorge Chamba que, a pesar de la cruzada en contra del nepotismo que prometió su compañero Niels Olsen, contrató a su excompañera sentimental como asesora con un salario que supera los tres mil dólares. Lo de Chamba, además, tiene un antecedente: se trata de un militante del gobierno que antes y luego de sumarse al noboísmo en la campaña electoral protagonizó escándalos callejeros.
Lo de ser nuevo, como opuesto a lo malo del pasado, no es cuestión de etiquetas ni de campañas de marketing, sino de llevar adelante procesos honestos y democráticos. Olsen pretende tapar con eslóganes lo que, a leguas, huele al viejo Ecuador. Y quizá la culpa no es la suya sino de quienes creyeron que tan sólo por ser joven y nuevo en la política podía hacer un buen trabajo.
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