
Jenny Ramírez, la mesera que pudo ser terrateniente de La Libertad
Análisis | Otro posible caso de testaferrismo ensucia al gobierno. Las sospechas de la opaca venta conducen a Carondelet
A Jenny Elvia Ramírez Palma, la improbable compradora de 93 hectáreas de terreno en La Libertad, provincia de Santa Elena, ya no se la encuentra ni bajo las piedras.
El jueves dirigió a la Alcaldía de ese cantón un conceptuoso y quejumbroso oficio en el que desistía de la compra, mejor dicho: se quitaba del medio. Porque comprar, lo que se dice comprar, ella no iba a comprar nada, nomás estaba ahí poniendo su nombre para que otro se llevara esos terrenos, servicio por el que seguramente algo cobraría, acaso un lotecito.
Pero ya nada: el negocio se cayó y Jenny Ramírez, tras firmar el oficio que le pusieron por delante unos abogados que no podría pagar, desapareció del mapa. Lujo carísimo éste de desaparecer del mapa (ah, quién pudiera), que tampoco está en capacidad de costear con su sueldo de mesera de cafetería.
Con ella se esfumó también su señora madre, a quien sus vecinos (según testimonios recogidos por Ecuavisa) identifican como empleada doméstica de los Gellibert.
Lamentable tragedia en la cúpula del poder: parece que la secretaria general de la Administración, vicepresidenta de facto en épocas difíciles y directora nacional del partido de gobierno, Cynthia Gellibert, se quedó sin empleada doméstica. Lo cual no es poca cosa en su círculo social. Es probable que a su reemplazo tenga que afiliarle a la seguridad social, cosa que con la anterior (persona de confianza, al fin y al cabo) se ahorraba. Qué molestia.
El concejal Bruno Dedé conversa con EXPRESO sobre la polémica alrededor de la presunta venta irregular de terrenos por parte de la Alcaldía de Francisco Tamariz.
— Diario Expreso (@Expresoec) January 9, 2026
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Los silencios ya se han vuelto recurrentes en el oficialismo
Para completar la lista de desapariciones no forzadas, el alcalde de La Libertad, Francisco Tamariz, primo del asambleísta de gobierno Andrés Guschmer y amigo del presidente de la República, el hombre que estaba acelerando la compra de esas 93 hectáreas de terreno municipal, por irregular que pareciera, lleva cinco días sin dar la cara, acaso aplazando la inevitable rendición de cuentas que le espera para cuando al fin decida volver con el rabo entre las piernas.
Es que desaparecer está de moda. Desapareció Luis Alvarado Campi luego de comprar dos medios de comunicación por 2,6 millones de dólares con los 90 que tenía en su cuenta bancaria. Nunca más se supo de él. Desapareció también Érika Tumbaco, queridísima empleada de Industrial Molinera que, por coincidencia del destino, vivía en la misma casa de Isla Trinitaria en la que fue detenido el sospechoso de colocar un explosivo en La Bahía, ¿se acuerdan? Érika Tumbaco, la persona que llegó en el Porsche de los Noboa hasta esa casa, dizque a verificar que sus hijos estuvieran bien luego de la incursión militar que se alzó con el detenido. Y desapareció, para engrosar la lista, el detenido mismo, Iván Ballesteros, que fue sobreseído a pesar de la flagrancia (las cámaras lo captaron cometiendo el atentado y luego lo siguieron hasta la casa de Isla Trinitaria) y que hoy se esfumó sin dejar rastro. ¿Dónde está? Con Alvarado Campi, probablemente. Y, ahora, con Jenny Ramírez y su señora madre.
La relación entre la fallida venta en La Libertad con otros casos
No es esta una relación arbitraria de acontecimientos inconexos. La compra (o intento de compra) de esas 93 hectáreas de terrenos públicos en La Libertad tiene una profunda relación de similitud tanto con el caso de Alvarado Campi y la compra de dos medios de comunicación controlados hoy por el gobierno, como con el chapuceramente explicado caso Porsche.
La primera relación es evidente: tanto la compra de La Posta y Radio Centro por Alvarado Campi como el intento de compra de 93 hectáreas de terrenos públicos (a precio de huevo, pero esa es otra historia de la que tendrá que dar cuenta el alcalde de La Libertad), parecen tratarse de operaciones de testaferrismo. En ambos casos los compradores no tienen donde caerse muertos. En ambos casos las pistas conducen a Carondelet como centro de operaciones.
La segunda relación es probablemente menos clara pero igual de firme. En el caso Porsche, era un vehículo de gobierno (porque, bajo el mando de Daniel Noboa, Industrial Molinera y el gobierno son exactamente lo mismo para todos los efectos) el que llegaba hasta una casa que era el centro de todas las sospechas. En el caso de los terrenos de La Libertad son las portadoras de todas las sospechas las que conducen el asunto hacia la casa de una alta funcionaria de gobierno. Podrían decir ahora, como dijeron entonces, que se trata de una vulgar coincidencia. Pero no lo han dicho, no se atreven, se quedaron mudos.
Asambleístas de Revolución Ciudadana denunciaron al alcalde de La Libertad, Francisco Tamariz, y cuatro concejales por la venta de un lote municipal de 93 hectáreas, en uno de los mayores escándalos administrativos de Santa Elena.
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El cruce de palabras entre Cynthia Gellibert y Mónica Palacios
Ya es bastante elocuente el hecho de que Cynthia Gellibert no haya desmentido hasta la fecha su condición de empleadora de la madre de Jenny Ramírez, la presunta testaferra de esta operación fraudulenta de compra de terrenos públicos. La correísta Mónica Palacios quiso hacer con esto un escándalo en vía pública y, zoquete, se fue a parar delante de la casa donde se hallaba la madre de Gellibert, una señora de 92 años. Es lo que se llama dar papaya. La funcionaria se puso en plan de víctima y la acusó de hostigamiento a persona de la tercera edad. Al unísono saltaron los ministros del noboísmo expresándole su solidaridad y toda la babosada de rigor en estos casos de incorrección política. Lo cierto es que ni Mónica Palacios (hay que decirlo) hostigó a nadie ni Cynthia Gellibert contestó la pregunta de fondo: ¿es su empleada doméstica la mamá de la presunta testaferra?
Los vecinos de ella dicen que sí. Y esa relación dirige todas las sospechas de este fraude hacia Carondelet.
Los pormenores son conocidos: terrenos próximos a la avenida Perimetral de La Libertad, que cuestan 9 dólares por metro cuadrado, iban a venderse a 2,90; sin subasta pública; sin evaluación de otras ofertas; simplemente porque el alcalde se reunió con un mesera de cafetería que no tiene ni RUC, ni siquiera consta en el registro de pequeños emprendedores (RIMPE) ni nada, y decidió venderle las tierras para un proyecto que nadie en el Municipio de La Libertad, empezando por el propio alcalde Francisco Tamariz, es capaz de explicar de qué se trata. Pero que Tamariz está dispuesto a defender a capa y espada, como ya hizo en una reunión del Consejo, en la que acusó de incurrir en violencia política de género a cualquiera que cuestionara a la pobre mesera de cafetería. Porque no hay derecho.
El periodismo, pieza clave para el caso de La Libertad
Francisco Tamariz: saltó a la fama nacional cuando su caravana de vehículos (cristales polarizados, sin placas, carrocería blindada…) se topó con un control policial en la carretera entre La Libertad y Guayaquil y él decidió, vaya a saber por qué, evadirse por la jeta. Así que su biografía política puede resumirse fácilmente: de la evasión al presunto fraude, pasando por el matrimonio de Daniel y Lavinia.
Todo parece indicar que el negocio se les cayó. Este desenlace hay que atribuírselo al periodismo. Fue Blanca Moncada, de La Defensa, quien se las arregló para encontrar a Jenny Ramírez en la cafetería en la que trabaja (o trabajaba) y ponerle el micrófono por delante. La primera reacción de la así sorprendida mesera fue mentir: me robaron la cédula, alguien está usurpando mi identidad. La misma Blanca Moncada demostró que no, que los documentos de compra de los terrenos los firmó ella.
En el oficio que Jenny Ramírez dirigió este jueves al desaparecido alcalde de La Libertad, para desistir de la compra, pide que se le adjudiquen esos terrenos a la empresa que estaba dispuesta a financiarle su supuesto proyecto de desarrollo agroturístico. Como si las compras truchas, cuando fallan, se pudieran legar en herencia a terceros. Si fuera por el alcalde, seguro que le haría caso. Pero qué empresa es esa nadie lo sabe. Habría que preguntárselo a Cynthia Gellibert. O a Daniel Noboa. ¿No es su familia la que tiene intereses inmobiliarios en la provincia de Santa Elena?
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