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Presos políticos en Venezuela
Familiares de presos políticos duermen en el vestíbulo de una tienda adyacente a la prisión El Rodeo I.Ronald Schemidt / AFP

"Lo peor ya pasó": opositores presos en Venezuela confían en su inminente liberación

Familiares de los reos pernoctan en los exteriores de los centros carcelarios, esperando por noticia

M. durmió en el piso, a las afueras de la prisión venezolana Rodeo I, ansiosa por visitar a su esposo y narrarle el vertiginoso ciclo de noticias que Venezuela vivió desde el sábado, cuando su presidente Nicolás Maduro fue derrocado por Estados Unidos.

"De forma discreta le dije 'ya fue preso el que tenía que ir preso'", dijo M., cuyo marido estaba "con cara de felicidad" del otro lado del vidrio que separa a detenidos de la visita. Ella se presenta solo con esa inicial por temor a represalias.

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Frente a custodios fuertemente armados, el hombre encarcelado se atrevió a decirle a su esposa: "No hay que tener miedo, mi negra, lo peor ya pasó", relató la mujer.

Pero M. es más cautelosa. "Yo le dije que se calmara porque uno nunca sabe, estamos muy cerca pero a la vez muy lejos", dijo a la AFP.

Durante años los detenidos en medio de la crisis política en Venezuela y sus familiares evitaron hablar de noticias en visitas semanales de veinte minutos, estrictamente vigiladas por guardias encapuchados y armados.

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Pero ese código se rompió este fin de semana, luego de que el gobierno venezolano anunciara que liberaría "un número importante" de presos.

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El viernes, el primer día de visita tras la operación militar estadounidense que arrancó a Maduro de Caracas, los familiares contaron cómo, entre claves y metáforas, pudieron relatar la caída del presidente y el anuncio gubernamental de iniciar un proceso de excarcelaciones.

Los presos celebraron al escuchar las noticias, pero afuera sus familiares amanecieron en tensión este sábado temiendo que los custodios los castigaran por festejar.

"Uno no sabe si los golpearon o si los metieron a la máquina del tiempo", dijo la hermana de otro detenido, refiriéndose a una celda de castigo.

"Allí los encierran desnudos, esposados, encapuchados por días o semanas con muy poquita comida, a oscuras y sin ventilación", relató. Su desconfianza, afirman, está justificada.

Desde que el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, anunció el jueves que liberarían a "un número importante" de personas, menos de 20 de los más de 800 presos políticos contabilizados por oenegés han dejado las prisiones venezolanas en un proceso repleto de hermetismo.

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Las visitas este sábado 10 de enero transcurrieron como de costumbre, pero en grupos menores. A las 07:00 locales, los familiares llevaron sus paquetes: desodorante, crema dental, jabón, champú, todo en bolsas plásticas rotuladas, fuera de sus envases.

Apenas el desinfectante y el cloro, indispensables para preservar un poco de aseo en las letrinas de las diminutas celdas, son recibidos en sus envases.

Los familiares, vestidos obligatoriamente de blanco, caminaron, por turnos los cerca de 160 pasos hasta la entrada del complejo penitenciario en la ciudad de Guatire, a unos 50 kilómetros de Caracas.

"Nos encapucharon como siempre, y nos hicieron la requisa", dijo la madre de dos detenidos.

"Yo sentí que hoy estaban como más hóstiles con nosotros, les debe dar rabia", acotó la esposa de otro preso.

Presos políticos en Venezuela
Familiares de reclusos esperan noticias sobre la liberación de presos, afuera de la prisión El Rodeo I en Guatire, en el estado Miranda, este sábado 10 de enero.PEDRO MATTEY / AFP

Algunos detenidos contaron a sus visitas que escuchaban el himno nacional y las alabanzas que las vigilias de los familiares han cantado durante las últimas dos noches.

"Ellos están tranquilos, tienen paz, saben lo que estamos viviendo", dijo Margareth Baduel tras visitar a su hermano, preso desde 2020. "Él me pidió que transmitiera que entendamos que no es a nuestro tiempo pero que sí va a pasar (una liberación, ndlr). Esto no tiene vuelta atrás".

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Los familiares, que comen en dos quioscos y alquilan baños en los comercios de la entrada de la prisión para ducharse o hacer sus necesidades, se abrazan, se escuchan y se levantan el ánimo.

Cuando una esposa se quejaba de que su marido pasó dos días con diarrea y podían haberlo envenenado, otra la agarró de las manos y le dijo: "Tienes que tener fe, esto es cuestión de horas".

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