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Esteban Torres y Pablo Muentes
Torres (segundo de la derecha) compartió en la legislatura anterior con Muentes. Eran parte de la misma bancada.cortesía

Esteban Torres mintió sobre Pablo Muentes y no pasa nada

Tras el testimonio de Mayra Salazar, el viceministro sintió la urgencia de negar su cercanía con el exasambleísta

El intento de engañar a la sociedad alterando documentos o negando la existencia de estos en forma tramposa debe ser uno de los actos más abominables de un funcionario público. Básicamente, se trata de un empleado que intenta engañar a su empleador, es decir al contribuyente.

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Lo que hizo Esteban Torres, viceministro de Gobierno, el jueves 28 de marzo, es precisamente eso. Con varios agravantes, claro. Uno de ellos haberlo hecho de una forma tan burda y grosera que inmediatamente fue advertida por los mismos usuarios de las redes sociales, donde Torres o baby Torres, como se le conoce, intentó cometer el engaño.

Otro agravante es que no haya salido a disculparse públicamente o a renunciar que es lo único correcto y decente que, en realidad, cabía hacer tomando en cuenta la gravedad de lo ocurrido.

La historia de este burdo engaño comienza el 25 de abril de 2023. Ese día, el actual viceministro y en ese entonces asambleísta estrella del Partido Social Cristiano (PSC) escribió un mensaje en Twitter en el que defendía y alababa a su compañero de bancada Pablo Muentes.

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Horas antes, Muentes había tenido un altercado verbal con el también asambleísta Fernando Villavicencio (+) quien lo había investigado por su presunta vinculación con el tráfico de tierras en Durán y criticado por la forma, a todas luces sospechosa, con la que había ganado la alucinante suma de 3 millones 400 mil dólares al Banco del Pacífico al que, aparentemente, le había estafado por 300 mil dólares.

“Frente a ataques injustificados, mentirosos y hasta retos a ir a los golpes, saludo la paciencia, la cordura y la serenidad democrática demostrada por el asambleísta Pablo Muentes en la Comisión de Fiscalización ayer”, decía en la primera parte de su mensaje, al que le puso este colofón: “Mi respaldo a los caballeros de bien, y el asambleísta Muentes es uno de ellos”.

Casi un año más tarde, en su misma cuenta de Twitter puso una imagen de su tuit pero con el estampado de FALSO encima. ¿Qué había pasado entre el 25 de abril de 2023 y el 28 de marzo de 2024 para que el mismo autor de un tuit ponga una etiqueta así? Sencillo: ese jueves 28 se presentó en una audiencia ante un juez en la Corte Nacional de Justicia Mayra Salazar, una de las protagonistas del escándalo Purga, donde dio insólitos detalles de lo que desde hace mucho se sabía en líneas generales: que Muentes es un gánster en la administración de justicia del Guayas.

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Esa declaración produjo una conmoción tan grande y un rechazo tan fuerte en la sociedad (por la cantidad de porquerías que destapó Mayra Salazar) que Torres sintió la urgencia de negar lo que había dicho. Más torpe no podía ser. Torres fue incapaz de razonar lo básico: que el tuit que había posteado a favor de Muentes estaba aún en la retina de muchos usuarios de Twitter y que era obvio que un año más tarde se lo iban a recordar.

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Que haya puesto ese tuit ya fue alarmante para muchos por lo impresentable que era su amigo, aún más que lo etiquete como falso cuando apenas había transcurrido un año. Torres está, evidentemente, por debajo del promedio del cociente intelectual de los usuarios de Twitter y no se da cuenta de ello.

Lo más insólito de este tema es lo que viene luego del engaño fallido. A pesar de ser vergonzosamente pillado, Torres ni explica ni renuncia. Haber quedado como mentiroso y más aún como un tramposo que trató de negar lo innegable era motivo suficiente para un funcionario decente o con pretensiones de serlo para renunciar. ¿Cómo fue a trabajar ayer lunes con esa mancha tan humillante encima?

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Torres nunca había ocultado su amistad y extrema cercanía a Muentes a pesar de todo lo que ya se sabía de él hace un año o más. Lo ocurrido en Purga y mucho más durante la confesión de Mayra Salazar, ponía en blanco y negro su cercanía con Muentes, algo que en cualquier país medianamente civilizado hubiera ameritado su salida del Gobierno.

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También es inconcebible que un gobierno que se considere medianamente decente nadie le haya pedido que dé un paso al costado. ¿Es posible que un gobierno tenga como viceministro a alguien que sale a engañar así de olímpicamente a la opinión pública?

En realidad, lo de Torres en el Gobierno fue desde el inicio una anormalidad. Cuando decidió aceptar el cargo lo hizo a pesar de que el PSC había anunciado que estaría completamente desvinculado del Ejecutivo.

Que un alto miembro de un partido que dice que no va a hacer parte del gobierno ingrese a trabajar en él sería incomprensible en una democracia madura y Torres lo hizo sin ningún empacho. Tampoco tuvo empacho el Gobierno al ingresarlo a su nómina de viceministros, pese a su notoria cercanía con Muentes.

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La trampa de Torres (fallida por lo torpe y lo impresentable) no ameritó ninguna acción del Gobierno: ya han pasado varios días y sigue en su cargo. Eso no es poca cosa: significa que tanto a él como al Gobierno que lo tiene en sus filas, le tienen sin el mayor cuidado la ejemplaridad pública de sus miembros ni el estado de la opinión en la sociedad. Es una grosera forma de ignorar lo que la sociedad está sintiendo que es, básicamente, asco.

Mientras tanto, en el Gobierno del “nuevo Ecuador” sigue trabajando alguien cuya cercanía con un gánster es bastante evidente y notoria.

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