
Con el WTI al alza, Petroecuador busca fortalecer los ingresos del Estado
El Gobierno impulsa una campaña de perforación que permitiría superar los 477.000 barriles diarios
En los pasillos de oficinas petroleras, en las comunidades amazónicas donde se extrae crudo y en los puertos desde donde miles de barriles salen al mundo, late una esperanza: que el petróleo vuelva a ser una fuente de estabilidad económica para Ecuador. El Gobierno impulsa una ambiciosa estrategia para fortalecer la producción y la oferta exportable de crudo, con la mirada puesta en un mercado internacional que parece recuperar dinamismo tras años de incertidumbre.
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La lógica detrás de esta apuesta es sencilla, aunque no exenta de riesgos: cuando el precio del barril de petróleo sube, el ingreso que recibe el país por cada barril que vende también lo hace. El crudo ecuatoriano, como otros petróleos del mundo, toma como referencia el West Texas Intermediate (WTI), el marcador de cotización más influyente. Aunque los crudos ecuatorianos como Oriente y Napo se venden con descuentos frente al WTI debido a su mayor contenido de azufre y menor grado API, el efecto de un WTI más alto se siente en las arcas públicas y en la planificación estatal, especialmente cuando se busca que Petroecuador obtenga mejores ganancias para el país.
En los últimos meses, Petroecuador ha intensificado sus esfuerzos por elevar la extracción y la exportación de crudo. Una de las piezas centrales de esta estrategia ha sido la campaña de perforación petrolera, que ha incrementado la producción nacional en varios miles de barriles diarios gracias a trabajos en campos como Gacela, Tetete y Pucuna, ubicados en la Amazonía ecuatoriana. Los esfuerzos buscan no solo sostener, sino ampliar la oferta exportable para captar mejores ingresos que puedan traducirse en inversión social y desarrollo económico.
La campaña representa más que cifras en una tabla: simboliza esfuerzos humanos, inversión técnica y, sobre todo, miles de familias que dependen de un sector estratégico. Para muchos trabajadores y comunidades vinculadas a la petrolera estatal, cada barril adicional es también una oportunidad de empleo y bienestar local. Y aunque existen voces que señalan que la producción está lejos de los picos históricos, y que incluso enfrenta retos como cierta caída en la extracción en periodos reciente, la intención del Gobierno es revertir esa tendencia y buscar una participación más activa en el mercado global.
Además, Petroecuador no solo mira hacia la extracción. La estatal ha empezado a reforzar sus planes de comercio internacional, buscando contratos de mediano y largo plazo que permitan asegurar volúmenes de venta y mitigar la volatilidad del mercado global. Este enfoque pretende dar mayor estabilidad a los ingresos del país frente a los vaivenes del precio del crudo y la competencia con otras naciones productoras.
Para sectores productivos y comunidades petroleras, estas acciones generan expectativas. No se trata únicamente de cifras económicas o metas técnicas, sino de la posibilidad de transformar un recurso natural en desarrollo sostenible. En pueblos del oriente ecuatoriano, donde la actividad petrolera es una parte esencial de la identidad local, cada incremento en la producción es también una señal de esperanza para inversiones sociales, infraestructura y empleo.
Al mismo tiempo, los ojos del país miran al mercado internacional. Un WTI al alza no solo mejora las cuentas fiscales, sino que también refuerza la confianza en la estrategia ecuatoriana de posicionarse como un actor competitivo en un mundo donde la transición energética avanza, pero donde la demanda de crudo sigue siendo significativa. Para Petroecuador y para Ecuador como nación, transformar esa demanda en oportunidades tangibles, de ingresos, de empleo y de bienestar, será la verdadera medida del éxito de este impulso productivo.
El beneficio por barril de crudo de Ecuador es marginal
Aunque el precio del petróleo internacional ha subido y el barril del WTI bordea los 74,56 dólares, para el analista petrolero Henry Yañez el beneficio real para Ecuador es, en el mejor de los casos, marginal.
En conversación con Diario EXPRESO, Yañez explicó que si bien en los últimos meses el precio promedio del WTI se mantuvo entre 60 y 65 dólares, los recientes acontecimientos internacionales lo empujaron hacia los 74 dólares. Sin embargo, advierte que ese incremento no se traduce automáticamente en mayores ingresos significativos para el país.
La razón principal, sostiene, está en la estructura de costos que asume el Estado frente a las compañías contratistas. “Cuando el WTI está en 60 dólares y el crudo ecuatoriano recibe un castigo de ocho dólares por calidad, el país termina recibiendo 52 dólares por barril. Pero hay contratos en los que el Estado paga hasta 41 dólares por barril en costos de producción”, explica. Eso significa que más de dos terceras partes del ingreso se destinan a cubrir esos costos.
Para el analista, este esquema reduce drásticamente la renta petrolera efectiva. Solo cuando el WTI se aproxima a los 80 dólares, dice, el peso de esos costos comienza a representar alrededor del 50 % del ingreso en algunos contratos. Mientras el precio se mantenga por debajo de ese umbral, el margen para el Estado es limitado.
A este escenario se suma el llamado “castigo” por calidad. El crudo ecuatoriano, como el Napo y el Oriente, se vende con descuentos frente al WTI debido a su mayor contenido de azufre y menor grado API. Ese diferencial suele ubicarse entre 8 y 10 dólares, aunque en determinados momentos históricos fue mucho más alto. “El alto castigo también reduce la capacidad del país para beneficiarse cuando el precio internacional sube”, recalca.
Pero hay un tercer elemento que, a juicio de Yañez, agrava el panorama: Ecuador es importador de derivados. Cuando el precio del petróleo sube, también lo hacen los combustibles y otros productos refinados que el país compra en el exterior. En consecuencia, el mayor ingreso por exportación puede verse neutralizado por un mayor gasto en importaciones.
El analista cuestiona además el deterioro de la infraestructura de refinación, especialmente la situación de la Refinería de Esmeraldas, que en los últimos años ha enfrentado paradas e incidentes operativos. A su criterio, la falta de mantenimiento y modernización ha incrementado la dependencia de importaciones, encareciendo la factura petrolera.
En este contexto, Yañez concluye que el repunte del WTI no garantiza automáticamente una mejora sustancial en las finanzas públicas. Entre los altos costos contractuales, los descuentos por calidad y la necesidad de importar derivados a precios elevados, el beneficio para el país termina siendo limitado. “Prácticamente no le sirve de mucho al país que suba el precio del petróleo, porque al mismo tiempo compra los derivados más caros”, resume.
El debate vuelve así al centro de la discusión energética: cómo lograr que el alza internacional del crudo se convierta en una ventaja real para las finanzas estatales y no solo en una cifra positiva en los mercados internacionales.
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