
Cámara de Comercio respalda jornada flexible y pide modernizar el Código Laboral
La Cámara de Comercio de Guayaquil sostiene que la redistribución de las 40 horas semanales puede mejorar la productividad
El gremio de los comerciantes de Guayaquil apoya la jornada flexible planteado por el Ministerio de Trabajo, pero reitera que es necesario modernizar el Código Laboral.
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La propuesta del Ministerio de Trabajo para implementar una jornada laboral flexible sigue generando reacciones divididas. El acuerdo ministerial plantea redistribuir las 40 horas semanales en turnos extendidos, con esquemas como trabajar cuatro días y descansar tres, o compensar horas adicionales con tiempo libre en lugar de pago de recargos.
Para el Gobierno, la medida apunta a mejorar la productividad de las empresas, reducir costos y ofrecer a los trabajadores un mejor equilibrio entre la vida laboral y familiar. Sin embargo, sectores sindicales han advertido que podría abrir la puerta a formas de precarización laboral.
En entrevista con Ecuavisa, Miguel Ángel González, presidente de la Cámara de Comercio de Guayaquil, sostuvo que el sector empresarial ve con buenos ojos cualquier iniciativa que reduzca la rigidez del régimen laboral. “Mayor versatilidad en las jornadas es positivo para aumentar la eficiencia, la productividad y así impulsar la economía”, afirmó.
A su criterio, el actual Código de Trabajo responde a una realidad distinta y requiere modernización. “Vivimos en un mundo que cambia constantemente. La rigidez laboral es contraproducente. Cualquier medida que ayude a disminuir esa rigidez y aumentar la versatilidad es positiva”, señaló.
No obstante, reconoció que la forma en que se difundió el documento no fue la ideal. Aunque el texto circuló entre algunos sectores para recoger impresiones, González considera que debió existir un proceso más amplio de diálogo previo. “Lo más sano es conversar con empleadores y trabajadores para llegar a consensos y evitar conflictividad. Ya no se trata de empleadores versus trabajadores, sino de empleadores y trabajadores pensando en un objetivo común”, puntualizó.
Desde la óptica empresarial, el principal beneficio del acuerdo radica en la posibilidad de reorganizar las 40 horas sin aumentarlas. “Aquí no se habla de más o menos horas, sino de cómo se organizan para mejorar la eficiencia”, explicó. Esta redistribución permitiría reducir los llamados “tiempos muertos” —momentos de baja actividad— y optimizar la capacidad instalada, especialmente en sectores como comercio, turismo, agricultura o servicios logísticos, donde la demanda es estacional o variable.
El esquema debe ser consensuado
Frente a las críticas sobre un eventual deterioro del derecho al descanso, González fue enfático: “¿A qué empresa le conviene tener un colaborador cansado, que no esté en plenas facultades? A nadie”. Insistió en que cualquier esquema debe ser consensuado entre empleador y trabajador, notificado al Ministerio de Trabajo y cumplir con las normas de seguridad y salud ocupacional.
También subrayó que la flexibilidad no equivale a precariedad. “Flexibilidad es capacidad de adaptarse a distintas circunstancias. No todos los sectores son iguales. No es lo mismo turismo que agricultura o industria. Por eso se necesita versatilidad”, explicó.
Consultado sobre la posibilidad de que estos cambios generen más empleo —como lo ha señalado el Gobierno—, González fue cauteloso. Indicó que la creación de plazas depende principalmente de la inversión y del crecimiento económico. “Si no hay crecimiento económico, el empleo no va a crecer. El tema laboral es un componente, pero no el único. Es como un vehículo: no se puede arreglar solo una pieza y esperar que funcione perfectamente”, comparó.
El dirigente gremial también hizo un llamado a modernizar integralmente el marco laboral. A su juicio, el debate actual puede convertirse en una oportunidad para trabajar conjuntamente entre trabajadores y empleadores en reformas estructurales que permitan a las empresas ser más eficientes y competitivas, sin sacrificar derechos.
“Lo importante es que la economía crezca para que haya empleo para todos: jóvenes, padres de familia y personas mayores. Se trata de encontrar un equilibrio que permita un ganar-ganar”, concluyó.
La discusión sobre la jornada flexible, más allá del acuerdo puntual, pone sobre la mesa un debate de fondo: cómo adaptar la normativa laboral a una economía dinámica, sin profundizar tensiones sociales en un país donde el desempleo y la informalidad siguen siendo desafíos estructurales.
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