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Coronavirus en Ecuador: el huésped que cambió toda una rutina en la higiene

El COVID-19 generó en la ciudadanía un extremo cuidado en la higiene del hogar y negocios. Una variación que a muchos estresa

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Mercados. Las compras en los mercados y supermercados se hacen obligadamente con uso de mascarillas. Muchos también optan por ponerse guantes.JUAN FAUSTOS

Antes del 17 de marzo, Héctor Jaime se ponía el mandil de trabajo que utilizaba durante días, sin lavar, y agarraba las herramientas para reparar algún vehículo que llegaba hasta su taller por algún desperfecto. No tomaba ninguna distancia con sus clientes y conversaba sin protección en su boca. Pero tras la llegada de un ‘huésped invisible’, el nuevo coronavirus SARS-CoV2, causante de la enfermedad COVID-19, cambiaron sus hábitos en el trabajo.

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El mecánico, quien tiene su taller en el norte de Guayaquil, ha puesto en marcha ciertas medidas de higiene en su negocio, por el bien de él y sus clientes. “Ahora echo desinfectante en las zonas donde trabajo. Las herramientas que se pueden mojar las meto en cloro y las otras las limpio bien. Solo trabajaré con guantes. Son fastidiosos, pero toca”, describe.

Tras la prolongación del toque de queda que rige en el país como parte de la emergencia sanitaria, ya no está trabajando. Dependiendo de las condiciones que se presenten en los próximos días, asegura que abrirá el local con más precaución para no ser presa fácil del coronavirus.

Un cambio de costumbres que muchos ecuatorianos están adoptando y que se extiende desde que se levantan hasta que se acuestan, con una mayor rigurosidad en el lavado de manos y cuerpo; y que abarca desde que salen al trabajo o a realizar compras, hasta que entran a casa, con un ‘baño’ de detergente, alcohol o gel “para matar al virus”. Algo que ha significado no solo el aumento de estrés, sino el incremento del rubro del presupuesto de las familias y negocios, por la compra de más productos de limpieza para el hogar y desinfección personal.

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Farmacias. Ciertas farmacias han optado por otros mecanismos de entrega de medicamentos.VALENTINA ENCALADA ORTEGA

“Si antes era ‘temática’, ahora me volví ‘maniática’ con el aseo de la casa, limpiando todo y lavándome las manos cada vez que cojo algo”, cuenta entre risas Corina Sánchez, en su intento por combatir de esa manera a un “enemigo invisible” pero altamente letal, que en Ecuador ya ha cobrado la vida de 75 personas, ha infectado a otras 2.240 (1.563 de ellas en la provincia de Guayas) y tiene bajo sospecha de contagio a 3.257 (hasta el mediodía de ayer).

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Antes de que se conociera el primer caso (con la llegada de una compatriota desde España), Corina dejaba los zapatos afuera de la casa y se ponía zapatillas. Era una de las medidas que tomaba como parte de la higiene en su vivienda, cuando entraba o salía de ella. Un hábito que aún mantiene en el hogar, pero que ahora se complementa con el retiro de la ropa que se pone para ir a la calle, y que luego guarda en fundas plásticas en el jardín, que sella hasta que la pueda lavar por separado. A eso se suma el lavado de las llaves de casa, en agua con detergente, así como de las manos, para luego untarse gel. Todo, antes de abrir la puerta y entrar a casa, para impedir la entrada del COVID-19 a su hogar.

“Esto nos ha demostrado que no estamos preparados para estas cosas, nadie a nivel mundial”, señala el psicólogo Segundo Romero, al mencionar las consecuencias psicológicas que está generando la pandemia en nuestro país, algo en lo cual las autoridades no están trabajando.

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Taxismo. Los taxistas informales hacen ‘desinfección’ a pasajeros con alcohol.JUAN FAUSTOS

Con el confinamiento obligado, el cuerpo y la mente presentan síntomas leves que no se manifiestan, pero -explica el experto- luego de diez días surgen el estrés, el nerviosismo, la ansiedad, la depresión, que afectan a la salud.

“Uno de los factores psicológicos terribles en la población es el miedo a la infección, tanto así que se vuelve irracional. Hay una histeria colectiva con respecto a esto... que lleva a la gente a cometer o hacer ciertas cosas (fuera de lo normal)”, como ‘mirar mal’ a quien estornuda.

Un temor que se refleja en la exagerada limpieza de los alimentos. “Hay quienes le meten cloro, de todo... abarrotan los supermercados y mercados para comprar cosas que ni necesitan, colapsando los servicios básicos, las farmacias...”, menciona el profesional.

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¿Qué sería lo recomendable para no caer en esa ansiedad o estrés por los obligados cambios de rutina que nos impuso la COVID-19?

Romero manifiesta que, dependiendo de cómo la persona enfrenta las dificultades, se dan las recomendaciones (leer tips), pero en términos generales aconseja no pensar en la enfermedad.

Algo que el periodista Fabrizzio Obando no puede evitar por su trabajo, que también dio un giro de 360 grados. Del despliegue periodístico que realizaba en la calle, ahora su labor se ha reducido a unos cuantos metros dentro de casa, donde alterna la actividad profesional con las tareas del hogar.

Son 17 días de encierro. Me levanto temprano, veo noticias oficiales y no oficiales, redacto algunas para el portal web para el que trabajo y ayudó a barrer, trapear y limpiar el polvo de la casa. Se come lo que hay... la merienda es el calentado de lo que sobró al mediodía. Luego de eso, a ver más noticias y una que otra serie o novela. Y a dormir...”, relata el comunicador acerca de su diario vivir desde el 13 de marzo, un día antes de su cumpleaños.

Desde entonces, no ha generado nada de dinero como periodista independiente. “No sé si aguantaré este paro de actividades obligado, mientras me entero de cómo mueren amigos y gente conocida por culpa del coronavirus”. Un ‘enemigo’ al que le ha declarado una guerra sin tregua con alcohol, cloro, gel y otros desinfectantes.

CONSEJOS

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Pensamientos

Identificar los pensamientos que le generan malestar o daño. No pensar en la enfermedad. Apoyar al familiar que lo necesite.

Evitar ‘sobresaturarse’

Apartarse un poco de la información constante que se da en televisión o redes sociales. Evitar la sobreinformación, para no sufrir ni generar pánico.

Actividades

Realizar actividades en familia. Poner música, juegos, cantar, bailar, hacer ejercicios. Incluir a los adultos mayores, para evitar la depresión en ellos.

Higiene

Continuar con hábitos de higiene no exagerados, normales.

Servicio

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 La Secretaría Metropolitana de Salud, a través del Sistema Integral de Prevención de Adicciones (Sipaq), extendió su servicio psicológico gratuito a los servidores municipales de Quito y sus familias, con el objetivo de contener los efectos derivados del aislamiento.

Calzado

Las industrias alimenticias y empresas en general también han extremado sus medidas de higiene, que incluyen la desinfección del calzado con pediluvio (solución de cloro) antes del ingreso a las instalaciones, además del uso de gel, mascarillas, guantes durante la jornada.

ENFERMERA CORONA
Altar. En su casa, Jaqueline tiene un pequeño altar, donde reza con sus hijas.Cortesía

La rutina de una enfermera

Un cambio por el bienestar de sus hijas

 A sus 38 años, Jaqueline ha tratado a cientos de enfermos, de toda índole. Siempre ha tomado las precauciones que ameritan, pero con la presencia de la COVID-19 afloró en ella más valentía.

Tiene dos niñas, de 2 y 6 años de edad. Hace más de 12 meses su esposo se fue y desde entonces se ha convertido en padre y madre para ellas. Vive en el sector de La Gatazo, sur de Quito. La emergencia sanitaria también la obligó a modificar sus actividades. Trabaja en una casa de salud del norte de la capital, pero cuando no está de turno, madruga para cuidar a un adulto mayor en El Recreo.

“Por mis niñas tengo que sacrificarme y cumplir con mi obligación, pero me da miedo porque no hay transporte, tengo que caminar por lo menos media hora hasta que encuentro que alguien me lleve”, con el miedo al contagio.

A las 18:30 que llega a casa, comienza otra jornada con sus hijas. Revisa las tareas que le envían a la mayor por Internet, asea a la pequeña, cocina y cenan a las nueve de la noche. A las 23:00 van a la cama hasta las 05:00 del siguiente día, para repetir la rutina.