
Tumbaco lidera denuncias por daños a las quebradas
Dos casos de arrojo de escombros se detectaron en menos de siete días. Sanciones económicas pueden superar los $ 35.000
Una denuncia ciudadana activó un operativo de control en el sector de Miravalle, en Cumbayá, donde funcionarios de la Agencia Metropolitana de Control (AMC) detectaron el presunto arrojo de tierra y escombros en una quebrada que conecta con el río Machángara. El hecho volvió a encender las alertas sobre el impacto ambiental que provocan estas prácticas en los valles del Distrito Metropolitano de Quito.
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Según videos difundidos por moradores, una volqueta descargaba material en la quebrada mientras una excavadora removía tierra y rocas en la zona. Tras recibir la alerta, inspectores de la AMC acudieron al lugar y constataron la actividad en flagrancia.
Mario Puente, líder zonal de la entidad en Tumbaco, explicó que durante la inspección se verificó que los trabajos se realizaban sin autorización municipal. “Se evidenció el acopio de escombros y el movimiento de tierras con maquinaria pesada. Al momento de la revisión no existía ningún permiso”, señaló.
De acuerdo con la normativa municipal, arrojar escombros o intervenir en riberas y quebradas constituye una infracción administrativa contemplada en el Código Municipal. Las sanciones pueden ir desde cinco hasta 75 salarios básicos unificados, lo que representa multas que podrían alcanzar aproximadamente los 35.000 dólares.
Los argumentos del propietario del predio
El propietario del predio, José Pailacho, aseguró que las acciones se realizaron como una medida para proteger su terreno. Según explicó, las intensas lluvias de las últimas semanas provocaron erosión en el talud cercano a su mecánica y el cauce del río comenzó a socavar la base del terreno. “Lo que hicimos fue tratar de encauzar el río. El agua estaba formando cuevas en el talud y más adelante podía provocar deslizamientos”, manifestó.
Sin embargo, las autoridades reiteraron que cualquier intervención en cauces naturales debe contar con estudios técnicos y autorizaciones previas.
Puente advirtió que el arrojo de escombros en quebradas se ha vuelto una práctica recurrente en sectores del valle de Tumbaco y Los Chillos, zonas donde se registra un importante crecimiento urbano y desarrollo inmobiliario.
“Las quebradas y riberas son áreas de protección ecológica. Las sanciones son altas justamente porque existe un daño directo a la naturaleza”, indicó.
Más intervenciones en 2025
Las cifras de la AMC reflejan esta tendencia. Durante 2025 se realizaron 157 inspecciones en diferentes sectores del Distrito Metropolitano. De esos operativos se derivaron 96 informes de inicio de actuación previa y 26 procesos de corrección de conducta.
Los valles concentran buena parte de los casos. Solo en Tumbaco se ejecutaron 32 inspecciones que derivaron en 22 procesos administrativos y nueve correcciones de conducta. El dato contrasta con 2024, cuando se registraron 13 inicios de sanción en esa zona.
Gustavo Chiriboga, supervisor de la AMC, explicó que el número de intervenciones prácticamente se duplicó en el último año. Mientras en 2024 se realizaron 45 operativos, en 2025 la cifra ascendió a 96. En lo que va de 2026 ya se registran varias acciones adicionales.
Parte del control se realiza con el apoyo de drones, tecnología que permite identificar movimientos de tierra o posibles descargas de material en zonas protegidas. Sin embargo, la autoridad explica que la presencia de inspectores es indispensable para identificar a los responsables e iniciar procesos sancionatorios.
Un caso reciente ocurrió en el sector de El Inga, al oriente de la ciudad. Durante un operativo, técnicos detectaron una retroexcavadora que arrojaba escombros dentro de una quebrada. La AMC aplicó medidas cautelares y ordenó la retención de la maquinaria, que fue trasladada a los patios de la empresa pública de residuos mientras avanza el proceso administrativo.
David Taipe, coordinador de escombros de la entidad, explicó que el costo por depositar material es bajo -alrededor de 70 centavos por metro cúbico-, por lo que el problema no está en la tarifa sino en el tiempo de traslado.
“Muchos prefieren botar en la primera quebrada para regresar más rápido a la obra y hacer más viajes”, señaló.
A pesar de ello, el uso de escombreras ha crecido en los últimos años. En 2023 la ciudad registró cerca de 800.000 metros cúbicos de escombros depositados en estos espacios. Para 2024 la cifra superó 1,2 millones de metros cúbicos, un aumento cercano al 50 %.
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