Quito

Quito caos vehicular
Lo capitalinos deben convivir con el incremento del parque automotor, el tráfico vehicular y las obras a medio hacer en las arterias principales.Ángelo Chamba / EXPRESO

Agentes y obras: los obstáculos de Quito

En cinco vías principales hubo solo 10 agentes de Tránsito.  Su presencia no alivia el tráfico vehicular, opinan los conductores

El incremento del parque automotor, el tráfico vehicular y las obras a medio hacer en las arterias principales son problemas con los que lidian los capitalinos todos los días, mucho más en las conocidas horas pico (mañana, mediodía y noche), cuando circular por las calles de la urbe es toda una odisea.

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Para los ciudadanos consultados por EXPRESO, estos líos podrían ser solventados si se optará por dos alternativas.

La primera recae en la adecuada disposición de agentes metropolitanos de tránsito, en puntos estratégicos y necesarios, en lugar de destinarlos sin un orden lógico, que es como actualmente los percibe la población.

La segunda opción recae en la adecuada planificación de las obras a realizarse para que no afecten prolongadamente la circulación.

En el recorrido que hizo este Diario por diferentes arterias, no se evidenció que esto se lleve a cabo. Fue todo lo contrario.

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En las avenidas Simón Bolívar, Amazonas, 10 de Agosto, Galo Plaza Lasso y Panamericana Norte, en sentido norte-sur y viceversa, en los horarios más conflictivos, en diferentes días, se evidenció la escasa presencia de agentes metropolitanos de tránsito y el elevado flujo de vehículos.

Mientras en ciertos puntos como El Labrador, Galo Plaza Lasso y Panamericana Norte era nula su presencia (se los necesitaba para aligerar el ritmo vial), en otros sitios donde la circulación era normal, su presencia resultaba irrelevante e incluso inadvertida porque estaban ocultos entre los recodos de la ciudad, como en el caso de la avenida Amazonas.

AgentesDiez agentes de tránsito observó EXPRESO en el recorrido por cinco arterias concurridas.

La ciudad es un caos completo, no hay por donde pasar porque están arreglando varias calles y las filas son interminables. A eso se suma que la gente no sabe conducir y arma más tráfico y cuando uno se encuentra por casualidad con agentes, tampoco hacen nada porque están escondidos por donde pueden, y si por mala suerte se les reclama estamos sujetos a que nos sancionen por faltar a la autoridad, dicen unos”, lamenta Estefanía Espín, una quiteña que recorre todos los días una ruta de 12 kilómetros, de sur a norte, para llegar a su trabajo y retornar a su domicilio.

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Con respecto a los estorbos en el espacio público, esto también se identificó como parte del problema. Pese a que las autoridades municipales han anunciado que las obras se prolongarán, no se ha dispuesto la intervención de uniformados de tránsito en estos puntos que se convierten en ‘cuellos de botella’ e incrementan el tiempo de permanencia al volante.

Mayra Granja cuenta que aprendió a notar si hay un agente de tránsito en una vía. En el caso del redondel de El Inca, sobre la Simón Bolívar, ella lo sabe por las interminables hileras que se forman en este punto de alta circulación.

BachesVeinte baches están identificados en la avenida Simón Bolívar, algunos cerca de La Primavera.

“Donde ellos están hay tráfico. No me explico para qué los ponen ahí y no en sitios dentro de la ciudad donde sí pueden dar un servicio. Es un redondel y ahí se encuentran como cinco personas (agentes) y de esas solo dos trabajan y el resto en el teléfono. Cuando ellos no están es más fácil evacuar ese redondel, como en otros puntos”, sostiene.

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En el recorrido realizado durante tres días se contabilizaron apenas 10 uniformados. De ellos, uno llegó al sector de La Y acompañado de una mujer, con quien se distraía frecuentemente.

Otros, ante el exceso de vehículos y el cierre de vías, optaban por desentenderse del problema y refundirse en la pantalla de su teléfono celular.

VelocidadNoventa kilómetros por hora es la velocidad máxima de las calles con alto flujo vehicular.

A medida que las horas transcurren en el día y noche, las calles de Quito se descongestionan, para luego volver a acoger otra ola de automotores.

Es comprobado que donde están los agentes hay tráfico. Su presencia sería más útil para los controles de la gente que conduce alcoholizada los fines de semana. 

Mayra Granja, quiteña

Para Sonia Sotomayor, quien vive a escasas cuadras del Quicentro Shopping, es común en la capital quedar atrapado en el tránsito y aun así no ver a los uniformados en las vías.

La ciudad es un problema constante que parece no tener solución. Se esperaría ayuda de los uniformados, pero jamás aparecen cuando se les necesita.

Andrés Heredia, conductor

“Nos hemos malacostumbrado a desplazarnos a ciegas y sin nadie que nos ayude. Y sucede en todas las rutas de Quito, que de por sí pasan atascadas. La Simón Bolívar y la Amazonas, que son las que más utilizo, son las que mayor problema me dan. Puedo jurar que en ellas, a diario y con suerte, veo apenas un agente de tránsito. La señalética que hay es escasa y no hay forma de que las rutas se descongestionen. El pico y placa tampoco, desde mi punto de vista, ha dado resultado. En sí lo que hace falta es un plan integral vial. ¿De qué tipo? Pues eso lo deberán decir los estudios”, manifiesta.

Sobre el estado de las avenidas principales en las que este Diario realizó el recorrido, Andrés Heredia, asiduo usuario, también señala que la condición de muchas es pésima, por los huecos que se han formado, algunos de gran proporción, y otros no tanto pero sí significativos para provocar choques en un intento por evadirlos.

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“Estas son calles de alto flujo vehicular, donde la velocidad máxima es de 90 kilómetros (por hora) y a ese ritmo resulta inevitable no caer en uno de esos orificios que ni se sabe dónde están. Las autoridades se matan haciendo arreglos en vías que todavía estaban útiles por quedar bien, ya que se van del poder... pero por otras como la Simón Bolívar o la 10 de Agosto ni siquiera se dan una vuelta para verificar estos problemas que son bombas de tiempo”, advierte Heredia.