
Un festival de cine donde la negritud cuenta su propia historia
Más de 100 películas se proyectan en el festival de Cine Negro Cimarrón
La luz se apaga, el murmullo cesa, y solo queda el sonido tenue del proyector abriéndose paso en la penumbra. Así comienza, cada año, el Festival Internacional de Cine Negro Cimarrón: con una intimidad que prepara al público para un viaje profundo, sensorial, a través de las múltiples geografías de la negritud.
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En Esmeraldas, donde el mar marca el pulso de la vida y las calles comparten historias heredadas, el festival se ha convertido en un faro cultural. No es solo un evento cinematográfico: es un espacio de resistencia y celebración, un territorio donde las imágenes reclaman su derecho a narrar el mundo desde otras pieles, otros ritmos y otras luchas.
El festival, que este año celebra su quinta edición, nació del Colectivo Mujeres de Asfalto, un grupo que decidió transformar la ausencia en presencia, y la presencia en movimiento. Su apuesta es clara: el cine como herramienta para reescribir imaginarios, desmontar estereotipos y mostrar las complejidades que habitan en la vida afrodescendiente. Este Festival reúne cada año a activistas, cineastas, investigadoras, aficionados al séptimo arte y creadores de contenido.
La gala inaugural, realizada el pasado 24 de noviembre, marcó un hito. Por primera vez, el festival abrió con la proyección completa de una película: Carmela y los Caminantes, dirigida por Luis Herrera y Esteban Coloma. El documental narra la vida de Carmela Carcelén, una mujer que, desde su propio hogar en Ibarra, ha acogido durante años a migrantes desplazados, compartiendo lo poco que tiene con quienes lo han perdido todo.
Memoria viva
La sala improvisada en Esmeraldas se llenó de silencio y emoción; cada gesto de Carmela, cada mirada de los caminantes, se convirtió en espejo de humanidad y justicia. El público entendió que el cine negro cimarrón no es solo entretenimiento: es memoria viva, es denuncia, es abrazo.
“El público esmeraldeño se merece cine de calidad. No tenemos una sala de cine, y por eso creemos que la gente debe tener acceso a proyecciones al nivel de cualquier cine comercial”, aseguró Karen Tenorio, coordinadora del Festival, que se extenderá hasta el 30 de este mes.
Este año, la convocatoria superó todas las expectativas. Más de cien películas llegaron desde distintos rincones del mundo, triplicando el material recibido en ediciones anteriores. Producciones de Palestina, Brasil, México, Honduras, Perú y República Dominicana, país invitado de honor, se entrelazan en una programación “que refleja la diversidad de la diáspora afrodescendiente y su capacidad de narrar historias universales desde la raíz cimarrona”, según resalta Tenorio.
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