Carnaval de Guaranda
Las nuevas y las viejas generaciones participan en las danzas del conocido ritual.YADIRA ILLESCAS / EXPRESO

¿Qué es el Pawkar Raymi, ritual de la festividad del Carnaval de Guaranda?

Las comunidades indígenas son las encargadas de agradecer a la tierra por la producción, entre coplas y danzas

El Carnaval de Guaranda es, ante todo, agradecimiento. Mucho antes de que las coplas y rimas, entonadas con guitarras y bombos, se escuchen en el centro de la ciudad, ya resuenan en las comunidades.

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Es en el Coliseo Cerrado donde alrededor de 20 delegaciones indígenas se unen para celebrar la vida mediante el Pawkar Raymi, o carnaval indígena, una semana antes de las fiestas mayores. El domingo 8 se congregaron para dar inicio a esta tradición ancestral.

El coliseo se llenó de aroma a campo, a chicha y a frutos frescos que ofrece la tierra. Era el inicio del Pawkar Raymi, la fiesta del florecimiento. Se trata de un rito vivo en el que las comunidades piden permiso a la Pachamama para empezar el festejo, recordando que sin la fertilidad de la tierra no habría nada que celebrar.

Todo comenzó con la Chacana, la cruz andina dibujada en el suelo con pétalos y granos tiernos que ordena la ceremonia. Luego, el zapateo se adueñó del lugar. Cada delegación descendió de sus comunidades con lo mejor que tiene: su vestimenta, sus danzas, sus coplas de carnaval llenas de “sal” y las ofrendas de comida que constituyen el corazón de la pambamesa.

Entre los ponchos rojos de Simiatug caminaba el párroco Jaime Pastuña, quien, junto a su gente, demostró que en Bolívar la fe tiene raíces profundas y camina de la mano con lo ancestral.

Durante el inicio del Pawkar Raymi, que se celebra entre febrero y marzo, se eligen cuatro figuras que sostienen la comunidad: la Ñusta (la flor de la juventud), el Taita (la autoridad y el consejo), la Mama (la sabiduría del cuidado) y el Wawa (la semilla que garantiza el futuro).

Tras casi doce horas de música de viento y el retumbar de los bombos, el coliseo vibró con la designación de la nueva soberana. Génesis Manobanda Patín, de la organización Unión y Progreso, fue elegida Ñusta, representación viva del florecimiento. Con su anaco impecable y la seguridad de quien sabe de dónde viene, Génesis se convirtió en guardiana de esta herencia.

Para ella, este es un reinado de trabajo. “No debemos perder esa esencia de nuestros pueblos nativos, nuestras costumbres y las celebraciones de nuestros mayores”, dijo con firmeza.

Sus palabras fueron un llamado a las nuevas generaciones para que el kichwa y el respeto a los ciclos de la tierra no queden en el olvido, sino que sigan siendo el motor de sus comunidades.

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Identidad que se transmite

El alcalde de Guaranda, Inti Yumbai, quien se sumó al zapateo de las delegaciones, destacó que rescatar este enfoque intercultural es devolverle el alma a la ciudad. “El carnaval se vive desde su esencia, desde las comunidades. No es solo fiesta, es identidad y gratitud profunda con la Pachamama”, afirmó.

Mónica Capuz, de 60 años, observaba el escenario con emoción contenida. Cuenta que desde niña su madre la llevaba al Pawkar Raymi en Facundo Vela y que ahora ella mantiene viva esa tradición con sus hijos y nietos. “Aquí aprendí a valorar nuestras raíces. Venir cada año es agradecer la pachamama y recordar de dónde somos. No debemos perder nuestra esencia ”, dijo mientras aplaudía el zapateo de las delegaciones.

Mientras los más pequeños de las delegaciones imitaban el baile de sus taitas, los encargados de marcar el ritmo con instrumentos ancestrales no dejaban de entonar coplas que recordaban que Guaranda agradece a la tierra por la fecundidad.

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