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Diario Expreso Ecuador

El legado de León XIV se inicia

El papa León XIV responde a las acciones y declaraciones de Donald Trump pidiendo paz y cuestionando el papel de sancionador divino de EE.UU. en la guerra

El papa León XIV rechaza la narrativa de la administración Trump, que presenta la acción  militar americana en Irán no solo como necesaria, sino como “bendecida”.

El papa León XIV rechaza la narrativa de la administración Trump, que presenta la acción militar americana en Irán no solo como necesaria, sino como “bendecida”.Filippo Monteforte / EFE

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En mayo de 2025, después de hacer un sano balance de mis ideas y analizar, sin apasionamientos, lo que estaba sucediendo en nuestro entorno, volvía a escribir en esta columna después de 40 días.

En ese lapso, Daniel Noboa había ganado nuevamente la presidencia con un contundente triunfo el 13 de abril. El papa Francisco, hombre al que le debo mi regreso a la fe, había fallecido el 21 de abril. Y por ello, el 8 de mayo de ese año, teníamos un nuevo papa: León XIV.

En mi criterio, esa elección simbolizaba una magistral ‘movida’ del Espíritu Santo, pues se daba continuidad al legado de Francisco; se elegía un papa estadounidense en este momento del mundo, al mismo tiempo que se daba importancia a la periferia, con un papa que vivió gran parte de su vida en Chiclayo; y, se trataba de un papa matemático, para los tiempos de la inteligencia artificial.

Pero lo más importante del papa León es el hecho de ser agustino, pues puede comprender y guiar estos tiempos.

En el año 410 d. C., los visigodos de Alarico saquearon Roma. El mundo romano entró en pánico teológico: si la ciudad eterna había caído, ¿dónde quedaba la promesa divina?

Fue desde Hipona, una ciudad costera del norte en la actual Argelia, donde un obispo llamado Agustín comenzó a escribir la respuesta más influyente de la historia del pensamiento occidental: que ningún poder terrenal encarna la voluntad de Dios y que confundir ambas cosas es el error cardinal de toda civilización.

Mil seiscientos años después, el papa León XIV publica en X, horas antes de abordar un avión rumbo a esa misma Hipona, el siguiente mensaje: “Dios no bendice ningún conflicto. Cualquiera que sea discípulo de Cristo nunca está del lado de quienes hoy lanzan bombas”. La coincidencia geográfica y filosófica no es accidental.

El destinatario implícito del mensaje es claro. Tres días antes, el secretario de Defensa de los Estados Unidos, Pete Hegseth, había orado en el Pentágono por una “violencia abrumadora” contra los enemigos de la nación. La administración Trump ha construido con creciente insistencia una narrativa en la que la fuerza militar americana no solo es necesaria, sino “bendecida”.

León XIV rechaza esa ecuación en términos teológicos y no diplomáticos.

El Papa pide paz y cuestiona la postura de EE.UU. en la guerra

El Papa no está simplemente pidiendo paz, está cuestionando la legitimidad teológica de una potencia que se arroga la sanción divina sobre los actos de guerra. Es una distinción que San Agustín habría reconocido de inmediato: el deseo de dominar, disfrazado de liturgia.

El viaje del papa León XIV a Argelia amplifica todo lo anterior. León XIV llega a Hipona a celebrar misa en la basílica construida sobre el lugar donde San Agustín ofició como obispo durante 35 años.

Decía San Agustín en su obra Ciudad de Dios, que hay que vivir en el mundo, usar sus instituciones, pero no convertirlas en absolutos. El Imperio Romano pensó que era eterno. Tenía quienes rezaban por su victoria militar. San Agustín no negó la grandeza de Roma, pero le recordó al mundo que toda grandeza terrenal es provisional. Y todo esto lo escribió desde Hipona, mientras el Imperio se desmoronaba.

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