Premium

Carmen Ojeda Oquendo | ¿Por qué nos cuesta tanto poner límites?

Avatar del Carmen Ojeda Oquendo

Para empezar a poner límites, es útil identificar primero dónde aparece el malestar

Los límites son acuerdos personales que marcan hasta dónde estamos dispuestos a dar, tolerar o aceptar en nuestra vida cotidiana y en nuestras relaciones. No son barreras para alejar a los demás, sino referencias internas que protegen nuestro bienestar emocional, mental y físico. Permiten vincularnos sin perdernos a nosotros mismos, sin desgaste excesivo y desde un mayor respeto mutuo.

Sin embargo, para muchas personas poner límites resulta difícil. Decir ‘no’, expresar una necesidad o simplemente mostrar un desacuerdo puede vivirse con culpa, miedo o ansiedad. Esto no aparece al azar: suele tener raíces en aprendizajes tempranos donde poner límites implicaba rechazo, enojo o pérdida de afecto.

La dificultad para poner límites se refleja en situaciones cotidianas: aceptar planes que no se desean, responder mensajes aun estando agotados o asumir responsabilidades que no corresponden. Se dice ‘sí’ para evitar conflictos, pero luego aparece el enojo silencioso o la frustración de dar más de lo que se puede.

Para empezar a poner límites, es útil identificar primero dónde aparece el malestar. Preguntas simples como ‘¿en qué momentos digo que sí y luego me arrepiento?’ o ‘¿qué hago por obligación y no por elección?’, ayudan a detectarlos.

Poner límites no requiere grandes explicaciones; puede hacerse con frases breves y claras como ‘ahora no puedo’, ‘prefiero hacerlo en otro momento’ o ‘esto no me resulta cómodo’.

Es comprensible que al principio esto produzca malestar; puede generar culpa o ansiedad, sobre todo en quienes están acostumbrados a priorizar a los demás. Esa incomodidad no indica que el límite sea incorrecto, sino que se está rompiendo un patrón aprendido. Sostener el límite con calma y observar la respuesta del entorno fortalece la autoestima y favorece relaciones más equilibradas.

Los vínculos sanos no se rompen por los límites; se fortalecen. Aprender a ponerlos es una forma de autocuidado y de respeto mutuo, así como una condición necesaria para relacionarse mejor.