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Carmen Ojeda Oquendo | Habilidades emocionales que sostienen una relación

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El amor es importante, pero por sí solo no garantiza una relación sana y duradera

Se suele decir que el amor todo lo puede, que cuando hay amor suficiente lo demás se acomoda. Sin embargo, la experiencia clínica y la vida cotidiana muestran algo distinto: el amor es importante, pero por sí solo no garantiza una relación sana y duradera.

Muchas parejas se quieren profundamente y aun así se lastiman, se desgastan, vuelven su convivencia insostenible y terminan separándose. No necesariamente porque faltó amor, sino porque faltaron las habilidades emocionales suficientes para cuidar, proteger y hacer crecer ese vínculo.

Una de las más importantes es la regulación emocional. Las relaciones de pareja movilizan día a día emociones intensas como enojo, miedo a perder, inseguridad, frustración, celos, etc. Cuando no sabemos reconocer y manejar lo que sentimos, podemos reaccionar desde la impulsividad, el silencio, el alejamiento o la agresividad e ir lastimando poco a poco el vínculo. Amar implica aprender a detenerse, poner nombre a lo que sentimos y responder de forma regulada en lugar de solo ‘reaccionar’.

Otra habilidad clave es la comunicación emocional. Expresar necesidades, molestias y afectos de manera clara y respetuosa previene muchas crisis, que suelen surgir no de grandes problemas, sino de incomprensiones acumuladas: lo que no se dijo, lo que se asumió o lo que se guardó hasta volverse resentimiento.

También está la responsabilidad afectiva: reconocer que nuestras acciones impactan emocionalmente en el otro y actuar con coherencia, honestidad y consideración.

A esto se suman los límites sanos; amar no debería implicar tolerar daño ni renunciar a la propia identidad.

Finalmente, está la capacidad de reparar. Todas las parejas se equivocan, errores pequeños, medianos o grandes; la diferencia suele estar en reconocer los errores, aprender a pedir perdón y reparar el daño, trabajar en el perdonar y en la reconstrucción de la conexión.

Quizá una idea madura sobre el amor es esta: amar no es solo sentir, es también aprender a escucharse, gestionar emociones, dialogar y cuidarse mutuamente.