Wendy y Beatriz: “Se necesita una crianza resiliente”

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Wendy y Beatriz: “Se necesita una crianza resiliente”

Durante la pandemia, las hermanas Sánchez emprendieron en un centro de estimulación infantil con educación Montessori y Reggio Emilia.

Wendy y Beatriz emprendedoras
Wendy y BeatrizFreddy Rodriguez// EXPRESO

Hermanas, mamás, esposas y profesionales. Wendy y Beatriz Sánchez son todo eso y todavía más: son socias. En 2021 crearon Olivos, un centro de estimulación temprana que les permitió explayar su experiencia y necesidad de impartir una educación resiliente para los niños.

Desde allí estas ‘tías’ (como se les dice a las maestras) son responsables de cerca de 33 pequeños, en su mayoría de entre 1 y 3 años, “que no son iguales, sino maravillosamente diferentes”, recalcan.

Antes de voltear su mirada a emprender, cuentan que la vida las fue preparando a cada una.

Beatriz es pedagoga, con más de dos décadas de trayectoria en educación inicial; mientras que Wendy es abogada y ambientalista. Con ese bagaje, se dieron cuenta de que con las virtudes que tenía cada una iban a formar un equipo sólido en el que resaltaría el amor por la enseñanza.

Ellas apostaron por una nueva metodología: la Reggio Emilia y Montessori, que propone otra forma de aprender que consideraron adecuada en tiempos de pandemia.

Ahora ellas nos cuentan cómo preparar a estas ‘personitas’ se volvió la tarea de sus vidas.

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Trazando la ruta

El local que habían alquilado empezó de a poco a tener forma. Aquel camino las llevó a conocer a otros emprendedores especializados en la elaboración de juguetes didácticos y muebles.

Al día de hoy, si se recorre el lugar, se aprecian salones con elementos creados a la medida de los niños, como estantes, lavamanos, sillas y mesas bajas, marcadas con un sello especial que Wendy recalca: “La mayoría de cosas han sido hechas por manos ecuatorianas”.

Luego pudieron dar empleo a nueve maestras que se alinearon a las metodologías de Montessori y Reggio Emilia y con ellas abrieron sus puertas en septiembre del año pasado. Si bien ahora tienen talleres y clases desde prematernal hasta prekínder, la meta es ser una escuela y un colegio.

“Estamos orgullosas de ver cómo los niños se van desarrollando. La mayoría vino con problemas de lenguaje debido a que no socializaban y estaban un tanto retraídos”, comenta Beatriz.

Y en ese proceso, también intervienen los padres. “Hay una gran necesidad de orientación. Por eso hacemos también talleres para ellos, a fin de que tengan las herramientas necesarias de crianza para sus pequeños. Con nosotras los chicos están cuatro horas, pero con los papás toda la vida”.

Si bien las redes sociales las ayudaron a darse a conocer, afirman que las familias han sido el mejor termómetro, pues muchos llegan por recomendación del boca a boca. Y eso para ellas quiere decir que van por buen camino.

Con la fuerza del olivo

Son las menores de cinco hermanos y recuerdan que crecieron escuchando en la mesa el manejo de una institución educativa. “Cuando éramos pequeñas, nuestro papá también tuvo una escuela. Aun siendo licenciado en Leyes, amaba la educación”, relata Beatriz, quien tiempo después se inclinó por la docencia.

Sin embargo, tras años dedicada a ser maestra, en pandemia se dio cuenta de las necesidades que iban pasando los niños tras el confinamiento en casa, sobre todo en el desarrollo emocional, social y cultural. “Vi la necesidad de una crianza resiliente, en la que los niños sepan que si caen pueden levantarse, así como también el ser recursivos y tener una relación armoniosa con su entorno, entre otras cosas”.

Siendo este su motor, se puso a investigar más sobre la educación Reggio Emilia y Montessori. Entonces, compartió con Wendy el plan de formar un centro de estimulación infantil. Hasta que en agosto del 2021 decidieron concretar el proyecto.

Así sale a la luz el nombre Olivos. “Para nosotras, esto era un nuevo comienzo. Yo venía de la parte legal, ella de un camino recorrido como maestra en una institución. Entonces recordamos la historia de Noé. Después del diluvio él envía una paloma, la cual regresa con una hoja de olivo. Y la característica de ese árbol es su fuerza, pueden venir tormentas y no se cae. Eso es lo que nosotros queremos con esta nueva educación, que sea un semillero de niños que luego sean agentes de cambios”, explica Wendy, la encargada de la parte administrativa del centro.

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Wendy y Beatriz.Freddy Rodriguez

Hablando de métodos

En el método Montessori, los niños trabajan de manera individual con actividades preparadas por el profesor que el niño escoge libremente. Mientras que con las técnicas Reggio Emilia trabajan por equipos.

Madres, esposas... y tías

El tiempo para ser maestras o tías, como muchas las llaman, lo balancean con su rol de madres y esposas. De hecho, la maternidad marca su oficio.

“Trabajamos con seres humanos en formación que más adelante serán una generación resiliente. Asumimos esta responsabilidad con mucho amor a todos los pequeños que van entrando”, precisa Wendy y acota: “Aunque la mayoría de personas tiene recuerdos a partir de los cuatro años de edad, espero haber sembrado en ellos algo que los ayude en el futuro”.

La pandemia cambió muchas cosas, entre esas la educación. Y ellas supieron entender la ola. “Es un honor saber que tienes vidas en tus manos y que puedes impactarlas de la mejor manera. Eso nos llena de desafíos”, concluye Beatriz.

Fotos: Freddy Rodríguez // EXPRESO.

Producción y estilismo: Gianella Muñoz.

Vestuario: Trapolis (IG: @trapolis).

Calzado: Lolys Brazilian Shoes (IG: @lolysbrazilianshoes). 

Maquillaje y peinado: Anabel Coronel (IG: @anabelcmakeup).