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Nika Turbina
Banda ecuatoriana Nika TurbinaCortesía

Nika Turbina, postpunk nacional con sazón argentina

El dúo ecuatoriano radicado en el país gaucho lanza su primer álbum, titulado No voy a estar tranquila.

“Viajas sin parar y nunca llegas / los miras hablar y bailar afuera / no puedes recordar la última fiesta / pero tú lo esperas”, dice Todo mal en la TV, una de las canciones de No voy a estar tranquila, primer álbum de Nika Turbina.

La banda de postpunk y synthpop surgió en 2019 en Buenos Aires, capital de Argentina, de la mano de Roxana Landívar y Taly Salas, ecuatorianas radicadas en el país gaucho.

“Nos conocimos en una reunión para ecuatorianos que vivían en Argentina e hicimos clic de inmediato”, recuerda Salas. “Nos gustaban los mismos artistas, el mismo tipo de música, así que le propuse hacer música conmigo”.

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En ese momento, Landívar estaba dedicada a la poesía y la literatura, pero ansiaba retomar su carrera musical. “La tenía abandonada, pero me encantó la idea de volver y de que fuera en un proyecto de amigas”.

A fines de 2019 se juntaron a componer su primera canción, Raíces. No se trataba de una grabación en un estudio, sino algo artesanal, hecho en la habitación de Salas con nada más que un teclado de fondo. A esta le siguió Octubre, pero la pandemia dinamitó sus planes.

“En 2020 Roxana se fue a Ecuador y yo me quedé acá. Luego en 2021 las dos estábamos en Ecuador, pero ella en Cuenca y yo en Quito, entonces tuvimos que organizar viajes para vernos y grabar, y luego cada una volvió a su ciudad. Recién este año pudimos finalizar el proyecto como queríamos”, cuenta Salas.

Explica que debido a ese proceso fragmentado e interrumpido de grabación, las canciones se fueron armando como collages, hasta que finalmente fueron producidas. “Fue un cambio radical porque era algo súper ‘low fi’, súper artesanal”, dice Landívar.

Ambas consideran que después de superar las dificultades que tuvieron para componer juntas y grabar, ahora que han lanzado el álbum el nuevo reto que enfrentan es trasladarlo a los escenarios.

“Aún no tenemos muy claro cómo lo haremos, porque fue un proceso tan fragmentado que siempre lo planteamos como un proyecto de estudio más que como una propuesta para el escenario. Estamos desarrollando la idea”, comentan.

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  • Lo social, el hilo conductor

Cinco melodías, en un total de catorce minutos, conforman este breve álbum, disponible en todas las plataformas digitales. Las canciones abordan temas sociales, pero desde el humor, como Elecciones, que al son de un movido ritmo dice: “Dame un balcón, dame la nación, yo daré mucho más, esta vez de verdad. Va a desaparecer el país y tu seguro tienes cómo partir”.

Pero la idea, afirman las artistas, era poder reflexionar sobre el acontecer nacional y mundial de una manera que no pareciera pesada y lograra enganchar al público.

“Queríamos hacer temas ‘catchy’ (pegajosos), melodías que se quedaran contigo, y que la gente solita se fuera dando cuenta de lo que estábamos diciendo. No queríamos que fuera un discurso impuesto, sino que cada quien se relacionara íntimamente con la música y la letra”, explica Landívar.

El silencio mediático durante la pandemia, la rabia, la autodestrucción, el feminismo, el estallido social, el amor y el desencanto con la política son algunas de las temáticas que abordan.

Además de la distancia, sus distintos campos de experiencia también convirtieron el trabajo en conjunto en un reto, especialmente cuando se trataba de musicalizar las letras. Sin embargo, para lograr un equilibrio, el diálogo fue una parte crucial.

“Nuestros acuerdos son bien intuitivos. Tenemos una idea clara de los géneros que queremos hacer y avanzamos sobre esa base. Venimos de dos disciplinas distintas. Yo vengo de la música y Roxana de las letras, pero sí logramos que ambas cosas coexistan y sean armónicas. Aun así, el proceso de conversación y debate es crucial porque es lo que hace que lleguemos a consensos y funcione”, destaca Salas.

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  • Una estrella que se apagó

El nombre de la banda es una curiosidad, pues hace referencia a una poeta de carne y hueso: la rusa Nika Turbina, que falleció en 2002 a los 28 años.

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Turbina fue una prodigiosa poeta que empezó a componer a los seis años y que fue alabada por la intelectualidad rusa. Sus libros de versos se vendieron con gran éxito en su país natal y llegó a ganar el León de Oro en el Festival Internacional de Poesía de Venecia.

No obstante, su temprano tránsito por la fama la llevó a varias crisis emocionales y mentales. En 2002, su vida terminó trágicamente cuando se lanzó de una ventana.

¿Por qué ponerle este nombre a su banda? Las artistas son crípticas. “Simplemente la vida y las relaciones son conflictivas”, dicen risueñas.