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Nathaly Quiñónez.
Nathaly Quiñónez, modelo ecuatoriana que vive en Alemania.DAniel Tapia

Nathaly Quiñónez: "Soy una persona que se adapta fácilmente"

La modelo, recién casada, tramita su residencia en Alemania y asume el reto de aprender el idioma y construir una nueva vida

La modelo esmeraldeña Nathaly Quiñónez, de 30 años, vive una nueva etapa personal tras contraer matrimonio con el alemán Thomas Greulich, de 46. La ceremonia civil se ofició el 23 de agosto de 2025 en Múnich, Alemania, con la presencia de un reducido círculo familiar. Entre los asistentes estuvo su madre, Piedad, quien viajó desde Ecuador y llevó consigo productos tradicionales de Esmeraldas.

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Un segundo enlace se llevó a cabo el 10 de enero en Ayampe (Ecuador). Aunque inicialmente la pareja tenía previsto organizar una ceremonia religiosa, esta no se concretó. “A pesar de ello estuvieron Dios y el mar. Tener esa celebración con mi cultura, mi gente y donde hubo mucho amor, fue especial”, cuenta.

La historia de amor comenzó en Alemania y fue un flechazo inmediato. “Yo vivía en Nueva York y me salió un trabajo allá. Él me paró en la calle, me saludó, respondí y el resto es historia”.

Mide 1,78 metros de estatura y sus medidas son 87-63-92. Aunque dice, entre risas, que pueden haber cambiado después de la boda, pues ha comido mucho.

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Con su esposo, Thomas durante la boda.Cortesía

¿Por qué considera que este era el momento de dar el gran paso?

Ambos estamos en una etapa de nuestras vidas en la que sentimos que hemos madurado. Mi esposo tiene una compañía de café y ayuda a una fundación en África. Nos identificamos con el servicio, algo que nos unió como pareja. Considero que las personas deben tener sus metas claras y ambos ya hemos cumplido muchas de ellas. Así nadie se siente frustrado. Ahora estamos en un momento en el que queremos unir nuestros proyectos. Yo tengo la Fundación Tres Niñas, en Quinindé. Son tres casos, porque no solo se trata de las menores: detrás hay tres familias. Seguramente uniremos esfuerzos y la fundación trabajará junto con la compañía de café de mi esposo.

De Estados Unidos saltó a Alemania. ¿Se adapta fácilmente a esos cambios?

Ahora vivo en Alemania y estoy tramitando la residencia. Tengo que adaptarme al país, aprender otro idioma; se exige un nivel básico. Y haré nuevos amigos. Es un cambio total. Salí de Ecuador antes de la pandemia. Estuve en Argentina, España y Estados Unidos. A los 15 años me fui a Manabí gracias a una beca de básquet. Soy una persona que se adapta, no me hago problema.

Su esposo ama Ecuador

Su esposo está en una edad en la que seguramente ya quiere hijos.

Los padres de Thomas ya son mayores. Él no tiene hijos, ni se había casado. La cultura europea es diferente: no piensan que todo hombre o mujer deba casarse o formar una familia. Son personas libres y no se dejan influenciar por los demás. El matrimonio no es su objetivo de vida. Optan primero por estudiar, viajar y aprender idiomas. Son más individuales. Thomas tenía claro que la persona que llegara a su vida debía ser diferente en muchos aspectos. Ama Ecuador.

Nathaly Quiñónez.
Vive en Alemania.Daniel Tapia

¿Pero sí quieren formar una familia?

Sí, tal vez en dos o tres años. Queremos disfrutar primero de estar juntos porque hemos vivido nuestra relación a distancia. Él iba a Nueva York y yo a Alemania. Ojalá que la piel de nuestros hijos no sea ni tan blanca ni tan negra. Mi esposo prefiere que no sean tan blancos (risas). Lo que Dios disponga.

¿Qué le atrae de Ecuador a su esposo?

Le encanta la playa, el surf, la comida y la alegría de la gente. Está feliz de que las vacaciones sean en la playa para disfrutar del sol y el mar (risas).

Aunque usted diga que se adapta fácilmente, seguramente extrañará la comida esmeraldeña.

En Alemania cocino mi encocado y ya quiero volver a mi rutina. He comido de todo en Ecuador, pero allá me cuido más y eso también me gusta. Generalmente no como arroz. Prefiero frutas, pescado, puré, verde y vegetales. La barriga me duele cuando me excedo. Mi organismo está acostumbrado a otra rutina. Recién hace dos meses me mudé a Múnich. Ha sido como una fiesta, pero ahora ya viene la realidad.

¿Su familia política la recibió con los brazos abiertos o le costó ser aceptada?

No es una familia alemana tradicional. Son muy abiertos, inclusivos, nada cerrados. A los chicos les interesa aprender español y mi esposo está feliz con todo lo que yo aporto a su familia.

La vida la llevó al modelaje

Siempre soñó con ser modelo, esa fue su gran aspiración.

Me inicié en el modelaje cuando tenía 21 años. Antes de eso, mi gran meta era ser basquetbolista. A los 15 años obtuve una beca y viví en Manabí. Estaba completamente enamorada de ese deporte. En Quinindé entrenaba en las tardes y había varios clubes. Creo que tenía talento y se dio la oportunidad. A mi madre no le gustaba la idea de que me fuera. Soy su única hija mujer y para ella fue muy duro separarse de mí.

¿Qué la hizo tirar la toalla?

Me sometí a dos operaciones en las rodillas y eso me marcó mucho. Fueron lesiones propias del deporte. El doctor le dijo a mi mami que si seguía jugando como lo hacía, podía terminar en una silla de ruedas a los 25 años. Tal vez fue un poco dramático, pero con el tiempo entendí que mi destino iba por otro lado.

Entonces la vida la llevó por otro camino.

Así fue. Me inscribí en el Reinado de Quinindé y a mi madre le preocupaba el tema económico, porque no teníamos dinero. Participar en un certamen de belleza siempre es exigente: hay que invertir en ropa y en el arreglo personal. Organizamos varias actividades para poder cubrir esos gastos. Yo venía del deporte y no tenía vestuario de reina. Aun así, gané el concurso. Como me gustan los retos, luego participé en Miss Ecuador 2015, donde la corona fue para Francesca Cipriani. Pero, en realidad, perdí ganando.

¿A qué se refiere con que perdió ganando?

Fue lo mejor que me pudo pasar, porque la gente empezó a fijarse en mí. Decían que yo tenía más perfil de modelo que de miss. Cuando conocí a Andrés Franco, uno de los fotógrafos de moda más reconocidos del Ecuador, me dijo que iba a ser famosa como modelo. Durante dos años trabajé intensamente con grandes diseñadores y realicé muchas sesiones de fotos. Estudiaba Comunicación, pero dejé la carrera porque me fui a Argentina, donde la moda es muy fuerte. Apliqué a varias agencias y una de ellas apostó por mí: Epbookers. Incluso estuvieron presentes en mi boda.

Como modelo ha estado en Argentina, Estados Unidos y dio el salto a Europa.

Aspiro a crear una carrera más sólida en Europa. Ya estuve en Francia, hice una temporada en París y fue un nuevo desafío. Quiero probar en Alemania, ‘comerme’ Europa. Allá hay una oportunidad para mí y de eso estoy convencida. Me identifico con los diferentes trabajos como modelo. Me encanta el modelaje editorial porque creo que puede transmitir más; y el comercial, que es el que da dinero (suelta una carcajada). Nunca hablo de lo que gano. En Nueva York se gana más, pero la vida también es cara.

En Europa no se ha sentido discriminada

¿Los concursos de belleza ya no le interesan?

En una ocasión sentí la inquietud, porque cuando estuve en Miss Ecuador era muy niña inocente y a todo decía que sí. Ahora he madurado, tengo criterio y sé lo que me gusta y lo que no. Me gustaría que la versión que soy ahora participe en un concurso, pero prefiero que esa etapa quede cerrada. Como modelo he formado una carrera y, si yo intervengo, tengo que ganar. No puedo perder.

Nathaly Quiñónez.
Nació en Quinindé.Daniel Tapia

¿Se puede vivir del modelaje y de los reinados?

Ser modelo es diferente a ser reina. En un certamen de belleza se exige una belleza considerada perfecta. Aunque se realice labor social, eso también puede hacerse de manera independiente. El modelaje es una profesión en la que encajan personas que no responden a esos estándares. Se fijan más en lo que transmites. Se busca lo diferente, lo especial. Los reinados son una etapa, no se vive de eso.

¿Alguna vez fue discriminada por su color de piel?

En mis inicios en Ecuador me hacían bromas. Solo lo he vivido en mi país, son más clasistas y racistas. Ahora que tengo una carrera consolidada, ya no ocurre. En Europa no lo he sentido. Allá se celebra lo diferente, lo consideran atractivo y te valoran por lo que eres.

Casada, con una nueva vida en Alemania, ¿seguramente no volverá a Ecuador después de un buen rato?

Volveré en tres meses. Si paso el examen de alemán para la residencia, tengo que realizar ciertos trámites en Ecuador. Algo sé: el idioma no es fácil. Estoy en un curso, ya me puedo presentar y me estoy preparando.

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