Amor propio
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Narciso y el narcisismo: el mito griego que explica por qué repetimos amores

Una antigua leyenda ayuda a comprender la repetición de algunas relaciones y cómo el amor propio influye en la forma de amar

Narciso es un personaje de la mitología griega que rechazaba a todos sus pretendientes. El rechazo a una en particular sellaría su destino funesto: Eco, una joven mitológica obligada por los dioses a repetir la última palabra que otro pronunciaba. Desconsolada, Eco le pide a la diosa de la venganza, Némesis, que se encargue de Narciso. Así fue como este quedó condenado a ver su reflejo en un pozo de agua y a enamorarse de sí mismo, sin jamás poder alcanzarse.

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Murió sin poder amar, porque la fascinación por su imagen lo consumió hasta su muerte -incluso después de muerto buscaba en el inframundo maneras de ver su reflejo-. El mito de Narciso da nombre a un fenómeno psicológico sin el que no podemos entender la psicología del amor: el narcisismo.

En psicología se habla de tipos de elección amorosa. Mucha gente consulta porque no logra romper un ciclo de relaciones que terminan pareciéndose todas, formando una gran serie de experiencias que comienzan y terminan del mismo modo. Los mismos atractivos y las mismas decepciones. Estas forman un gran espejo, como el pozo de Narciso, y el amor puede así también dejarnos solos, frustrados de jamás alcanzar esa imagen perfecta que tenemos del amor.

Cuando el amor se convierte en espejo

¿Quiere decir esto que estamos condenados a morir solos y frustrados como Narciso? No, porque amar en el otro destello que reconocemos como propios puede coexistir con lo genuinamente diferente de la persona amada. Pero, para esto, un destello no debe confundirse con un reflejo; cuando esto sucede, estamos ante un caso de amor narcisista.

No cabe, sin embargo, envilecer al narcisismo, pues es una función necesaria y fundamental del psiquismo. Un bebé nace prematuro, sin capacidad de valerse por sí mismo. Su supervivencia depende de poder adaptarse a los afectos de quienes lo cuidan, y para eso debe construir una representación de sí mismo que le permita entrar en contacto con su entorno. En su expresión más fundamental, el narcisismo es tomar de los otros palabras, gestos, ideas y rasgos, e incorporarlos como propios.

Luego, en el mundo, tendremos encuentros que refuerzan esta imagen primera de nosotros mismos, construyendo nuestro amor propio: nuestro amor narcisista. Gracias a este reconocimiento primero de nosotros, podemos ser reconocidos, vistos, escuchados y amados por los demás. Para que sea amor, y no solo narcisismo, reconocerse y ser reconocido deben coincidir. 

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