Ocio

Merlyn Ochoa: "Quería dejar de comer, pero no tenía la voluntad"

La comunicadora de Ecuavisa se hizo la manga gástrica. Ha bajado 30 libras en un mes y medio.

Merlyn Ochoa
Merlyn dice sentirse más segura y saludable.Gerardo Menoscal

Desde que Merlyn Ochoa, reportera de Ecuavisa, tiene uso de razón ha vivido procesos dolorosos. Uno de ellos, en su adolescencia: la partida de su mamá (Carmen) a otro país, Italia. Ya adulta su esposo y padre de sus hijos, el comunicador Paúl Martillo falleció de cáncer en Estados Unidos en 2017. 

Se quedó sola, con la responsabilidad de proveer a una familia, integrada por los pequeños Luciana y Paúl y su padre, Washington. Esas vivencias afectaron su peso, bajaba y subía. Hace un año tomó la decisión de someterse a una operación de manga gástrica y hace un mes y medio se hizo realidad.

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Siempre hay algo que hace tocar fondo.

Estaba cerca de la diabetes, lógicamente podría sufrir de hipertensión. Tenía una obesidad casi tipo 2. Mi papá es prediabético. Entré a la cirugía con algunas patologías preocupantes. Cuando en enero del 2021 me dio COVID-19, colapsé. 

Toda mi familia se enfermó. Mis pulmones se contaminaron el 15 %, los de mi padre, el 60 %, estuvo hospitalizado y mi abuelito (Luis ) murió. Además la niñera, tías y otros parientes se contagiaron. Fueron once en total.

¿Cómo ha sido el proceso?

Ingresé al quirófano con 185 libras y en casi un mes y medio he perdido 30. Quisiera bajar 60 o 50 libras, pero de manera lenta porque me levanto a las seis de la mañana, tengo dos hijos que están en clases, trabajo y el oficio periodístico no es de oficina, además estudio Derecho, ya estoy en cuarto año. Es mi segunda carrera.

¿Cuándo aparecieron los problemas con el peso?

Desde que tengo uso de razón he tenido trastornos alimenticios, no me recuerdo delgada. Podría bajar más, pero amo verme llenita, no excesivamente flaca. Lo complicado es la dieta líquida de los diez primeros días, eso aburre, pero entiendes que el organismo necesita ese respiro. Antes era talla 10, ahora soy 6. Siempre me he creído flaca y he usado tallas S o M. Ya me compraré ropa.

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Según los que se han sometido a esta cirugía, como Ana Buljubasich, al principio se pierde mucho peso y controlarlo no dependerá de usted.

Le comenté aquello a mi nutricionista y le pedí que mi alimentación sea diferente. Comer más proteínas y carbohidratos para vivir este proceso de manera más lenta. Necesito estar más activa. No me da hambre y me lleno con pocas porciones, podría vivir consumiendo batidos o cremas, al cambiarlos por una papa o yuca hará que baje más despacio. La cirugía duró 40 minutos, me cortaron el 80 % del estómago, me quedé tres días en la clínica porque hablé y me llené de gases.

Siempre existe algo que cuesta más controlar...

No podía controlar la ansiedad y las ganas de comer. Era una fuente de placer, ahora es solo una fuente de energía, como porque lo necesito, nada más. Deposité en la comida, una alianza y un placer que cuando se hace mal esa alianza trae consecuencias. En mi caso llegué a las 200 libras, luego murió Paúl, bajé y volví a subir. 

Sentía tristeza y quería comer, sentía alegría y quería comer. Sumado a que la actividad periodística es estresante y no permite comer a las horas específicas y siempre de manera rápida. Me pasó la factura ese estilo de vida. Hace un año había considerado la cirugía, pero luego de la COVID-19 reaccioné y tomé la decisión.

Usted es padre y madre para sus hijos. Algo que seguramente hizo que lo pensara dos veces.

Mi padre no estaba de acuerdo al inicio. Vive conmigo desde la muerte de Paúl. Me decía que lo piense bien porque tenía dos hijos y ellos ya habían perdido a su papá. Para mí lo que dice él siempre es importante, yo proveo a todos, pero él manda en la casa, toma la primera y última decisión. Retomé el tema, volvimos a conversar, le pedí que me diera su bendición. Yo ya me había informado e incluso ahorré dinero.

Prácticamente la mayoría de los talentos que se operan, lo hacen con canje publicitario.

Yo no. Prefiero vivir el proceso a mi ritmo, no estresarme porque tengo que publicar algo en mis redes sociales. Quería dar mi testimonio a mi estilo. Pagué 6.500 dólares, más los gastos por diferentes exámenes.

A veces el hambre es emocional y no física.

Después de que murió Paúl, habré ido a unas cuatro o cinco citas con la psicóloga, pero sé que necesito sanar heridas y tapar esos huecos emocionales que están abiertos por circunstancias dolorosas de la vida. Aparte de la enfermedad y fallecimiento de mi esposo, a mis 15 años mi mamá se fue a vivir a Italia, me quedé a cargo de una niña de tres años, mi hermana Maité, provengo de una familia muy pobre. 

La mayoría de veces solo comíamos una vez al día. Estoy consciente de que necesito de un profesional. Tengo un insomnio que no lo controlo.

¿Lo de su esposo todavía duele?

Siempre dolerá, pero ya aprendí a vivir con ello por mis hijos, por lo que aprendí de él, porque fue algo hermoso y a veces es inevitable no recordarlo cuando por mi trabajo voy a un hospital y veo enfermos.

El 25 de agosto es una de las fechas especiales para usted y su familia.

Cuando se forma una familia, un cumpleaños siempre es especial. El 25 de agosto nació mi hija. Quisiera tener el poder de que Luciana disfrute de su padre. Paúl adoraba a su hija. Cuando se enteró de que era una niña, de la decepción casi se tira del edificio donde me hice la ecografía. Me sentí mal. Todo hombre quiere un varón, pero luego cambió. Cuando vino al mundo solo existía ella, ni siquiera yo.  

Planificamos tener un hijo. El 3 de diciembre del 2013 me dijo: “Merlyn, seamos padres”. A los 20 días ya estaba embarazada. Luciana no entiende las razones por las que Dios se llevó a su papá. El 25 de agosto tratamos de que sea inolvidable, pero no existe un regalo que llene la ausencia de Paúl. Me quedé con el niño de un año, ella de 2. Acaba de cumplir 7. Tengo sentimientos encontrados.

Es joven, ¿puede volver a enamorarse?

Nunca lo he descartado, pero no ha llegado, no se busca. Simplemente se hace click con esa persona, así fue con Paúl.

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El duelo es un proceso individual e interno, cada persona es diferente. Tampoco tiene nada que ver la ropa que se usa. No siempre vestí de negro, a Paúl no le habría gustado, pese a que es mi color favorito. Mis hijos casi nunca me han visto llorar, nunca traté de ser una víctima.

¿Cree que su esposo habría estado de acuerdo con la operación?

Sí, era mente abierta. No se complicaba. Disfrutaba de que salgamos, viajemos, que yo estudie. Apoyaba mis decisiones, mi profesión que siempre ha sido peligrosa. Embarazada de Luciana me fui a alta mar a un operativo de drogas. Tal vez si hubiese conocido el futuro, habría disfrutado más de Paúl. Faltaron más “te amo o eres importante en mi vida”.

¿Se reprocha algo?

No, pero habría sido más expresiva con Paúl. Era mi esposo y mi compañero del canal, a veces ni nos veíamos en el trabajo o no comíamos juntos. Estábamos dedicados a nuestro oficio. Muchas personas en Ecuavisa no sabían que éramos pareja, cuando nos casamos recién se enteraron. Mantuvimos una relación de novios de 7 años y 5 de casados.

¿Pensó en él antes de ingresar al quirófano?

Hablé con Paúl y lepedí que me proteja. Dos días después de la operación, una persona cercana tuvo un accidente. Eso me hizo pensar que alguien ingresa a un hospital de manera imprevista y yo voluntariamente. Lo anhelaba tanto. Quería dejar de comer, pero no tenía voluntad para hacerlo, no tenía control, eso me enojaba.

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Está de moda que los reporteros de TV se sometan a este procedimiento. ¿Se siente presión por la imagen?

Carlos Julio Gurumendi, Mauricio Ceballos y Maité Morán lo han hecho. En 18 años que he laborado en Ecuavisa, nunca recibí un comentario sobre mi sobrepeso. En el canal prevalece la calidad periodística. Ahora me siento más segura, más confiada y más saludable, le doy a mi cuerpo lo justo y necesario para vivir y para tener energía. En un 80 % se me quitó la ansiedad, todavía tengo el 20 %. 

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