
Marlon Pantaleón: "Me siento como un niño con juguete nuevo"
Tras ocho años sin actuar vuelve a los escenarios en la obra Una vida en el teatro
Tras ocho años alejado de la actuación, Marlon Pantaleón Ríos (46) vuelve a los escenarios. No lo hizo antes porque hubiese perdido interés, sino porque dirigir, dar clases, producir y estar al frente del Estudio Paulsen no se lo permitieron.
Una vida en el teatro es la obra en la que también actúa Lucho Mueckay, quien además es su director. En 2018 este montaje, que gira en torno a las vivencias de los actores, estuvo en cartelera en el mismo espacio que él maneja junto a Carlos Icaza.
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Es comunicador, graduado en la Universidad San Francisco de Quito, y máster en Derecho y Relaciones Internacionales. En octubre iniciará otra maestría en Comunicación Política en España.
En televisión participó en La Trinity y en el cine, en la cinta Entre sombras: Averno. Sus padres, Jorge Pantaleón y Lupita Ríos, fueron deportistas. Al principio no estuvieron de acuerdo con que Marlon se dedicara al arte.
Aunque es guayaquileño, vivió entre El Oro y Guayas, pues su madre nació en Pasaje. Recuerda que un profesor en Estados Unidos le repetía que jamás permitiera que le cambiaran el nombre. “Mi mamá se inspiró en Marlon Brando”, cuenta entre risas, y añade: “ellos eran fanáticos de El Padrino, protagonizada por ese actor”.
"Quiero pararme en el escenario continuamente"
¿Cómo viven los actores, como usted, tras bambalinas?
Con sueños, frustraciones, problemas, logros... Mi vida es muy parecida porque el teatro es un proyecto de vida. Generalmente trabajo entre 12 y 14 horas diarias. No solo dirijo el estudio: también doy clases. Introduje la técnica Meisner, que estudié en Nueva York en 2002-2003. Desde 2010 he ofrecido talleres y he traído profesores del extranjero. No me veo en otro oficio; nunca lo he contemplado.
Retoma su pasión, lo que es su vida: la actuación. ¿Sin ella habrá sentido que algo le faltaba?
Por mis responsabilidades en el estudio dejé de actuar ocho años. No acepté proyectos de televisión que se dieron en su momento. Siempre sentí que me faltaba algo. Todavía tengo cuentas pendientes conmigo mismo para proyectos en el exterior. He tocado puertas que se están abriendo.
¿Seguramente existen muchas emociones que han salido a flote?
Me siento como un niño.
¿Un niño con juguete nuevo?
Así es, y con mucha ilusión. Estudié actuación en contra de mis padres, que al inicio no estaban de acuerdo. Ellos eran estrellas del deporte: mi padre fue parte de Emelec y mi madre jugadora profesional de baloncesto. No querían que fuese comunicador ni que estudiara artes escénicas, pues lo consideraban inestable y poco rentable. A pesar de las influencias, tampoco querían verme en el deporte. Sigo activo en el baloncesto.
¿Ahora ya no se querrá bajar de los escenarios?
Quiero pararme en el escenario continuamente, además de producir, dar clases, ayudar a otros artistas y estar detrás de bambalinas. Ya no quiero parar: el niño se despertó, ahora juega. Ocho años fueron suficientes.
El director frente a otro, como Lucho Mueckay, el amigo, el colega. ¿Cómo ha vivido esa experiencia?
Es alguien que da libertad, que no impone la última palabra y que escucha propuestas.
"Hacer TV dependerá del proyecto"

Muchos actores mueren por la televisión…
Mis padres me llevaban a ver a Oswaldo Segura en La Mueca. Era muy pequeño cuando la actuación me atrajo. Siempre íbamos al teatro. Ellos no sabían lo que estaban despertando en mí. En televisión he tenido breves participaciones. Cuando volví de Nueva York toqué las puertas de la TV, pero no se abrieron, así que empecé a trabajar en el periodismo. Entonces todo se dio poco a poco. Hacer televisión dependerá del proyecto, aunque más allá del teatro me interesa el cine.
¿Existen cuentas pendientes con el cine?
Siempre me ha interesado. Ese es mi sueño. Cuando fui a estudiar a Nueva York, la idea era quedarme, pero no se dio. A través del Estudio Paulsen he hecho contacto con profesores extranjeros que son actores y productores, y con ellos se están forjando proyectos.
La tendencia ahora es que los influencers se conviertan en actores, sin ninguna formación escénica.
Si les dan la oportunidad, deben hacer conciencia y prepararse. Los actores tienen que estudiar, leer, entrenarse, ser cultos, ir al cine, a los museos, ver todo tipo de obras y películas, viajar. Abrir la mente. Tienen la energía y el hambre, entonces que lo hagan.
¿Usted les da oportunidad? ¿Trabajaría con ellos?
Soy profesor, tengo alumnos. Hay que ser paciente, empático y generoso. Si aceptan un papel sin experiencia, deben buscar asesoría. Exigimos que se preparen; algunos se retiran. Esta generación de las redes sociales quiere la fama y la satisfacción inmediata. No entiende que es un proceso y que debe estar consolidado para poder avanzar.
Con el tiempo el ojo se agudiza. ¿Cómo descubre a un buen actor?
Cuando hay disciplina, no me importa el talento. Si el actor es disciplinado, tiene deseo y hambre, y está seguro de lo que quiere, sé que existe un material para trabajar. Si además tiene talento, eso suma. Pero si no cumple, no es puntual, no hace las tareas… no me interesa. Así no se llega a ningún lado. Siempre digo a los alumnos: el talento de ustedes es como el agua, que no se puede tocar; necesita técnica, una base donde sostenerse, para nutrirse y disciplinarse.
"Los actores con egos elevados son desgastantes"
Andrés Garzón comentó en una reciente entrevista que lo que más existe en los actores es ego: un 99 %, y de talento, solo un 1 %.
Es cierto, y trabajar en ello es fundamental. Hay que enseñarles que no todo gira en torno a ellos. Tienen que ser empáticos con el entorno. Muchos llegan con el concepto de que se van a convertir en otra persona, hay que indagar fuertemente en el interior, en quién soy, lidiar con mis ángeles y con mis demonios.
Generalmente el actor de televisión tiene el ego que le llega hasta el techo.
Eso es desgastante. Me ha tocado trabajar con gente que tiene el ego inflado. Hay que bajarlos, se debe ser fuerte y directo. Si están en un escenario, tienen que aprender a escuchar a la persona que está junto a ellos. No se trata de que solo me alumbren a mí o me den mucho parlamento. Se trata de un trabajo en equipo, generoso.

¿Cuándo un actor es generoso?
Cuando está presente para la otra persona, cuando está abierto, sin prejuicios, vulnerable y empático.
¿Usted también tendrá sus demonios?
(Risas) Dicen que es mi carácter. A veces mi genio vuela porque soy demasiado perfeccionista.
Su espacio se encuentra en pleno barrio Las Peñas. ¿Qué significa este lugar para usted?
Es mi casa desde hace casi nueve años. Nos saludamos a diario con los vecinos y la comunidad. Salgo a caminar, disfruto de la naturaleza. Me recuerda mucho lo que compartía en El Oro con mi familia, que se dedicaba al agro. Cuando tengo un mal día me quedo en el balcón a ver los árboles y el río, o me voy a la sala de teatro, apago las luces, cierro la puerta y me siento a meditar. El teatro también es un lugar para la meditación. También me gusta subirme a la aerovía o caminar por la calle Panamá (está cerca).
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