
La nueva película de Chris Pratt: un futuro sin jueces y controlado por la IA
El actor estadounidense protagoniza ‘Sin Piedad’, un filme que cuestiona la imparcialidad de la IA en los procesos judiciales
En un futuro donde la criminalidad desbordada en Los Ángeles exige respuestas inmediatas, la justicia humana es desplazada por la eficiencia de un algoritmo. Esta es la premisa de ‘Sin Piedad’ (‘Mercy’), el nuevo thriller distópico dirigido por Timur Bekmambetov.
La trama sigue al detective Raven (Chris Pratt), un defensor de la justicia automatizada que termina siendo víctima del propio sistema al ser acusado del asesinato de su esposa. Para evitar su ejecución, Raven dispone de solo 90 minutos para rastrear datos digitales y demostrar su inocencia.
El mercado de datos: cuando el usuario es el producto
Más allá de la acción, Pratt aprovecha el estreno para lanzar una advertencia sobre la vulnerabilidad del usuario moderno. El actor reconoce que la película funciona como un recordatorio del riesgo de exponer nuestra vida privada en la red. "La gente cree que las redes sociales son gratuitas, pero no se dan cuenta de que ellos son el producto", señaló Pratt, enfatizando que la atención y los datos personales hoy se cotizan en el mercado global con un valor superior al del oro.
Para el protagonista, existe una diferencia abismal entre el cine y el ecosistema digital: mientras una película tiene un final tras hora y media, plataformas como TikTok o Instagram buscan mantener al usuario en un estado de "hipnosis" permanente.
Pese a la carga crítica, Pratt aclara que la cinta no pretende ser un manifiesto revolucionario contra la IA, sino una pieza de entretenimiento diseñada para desconectarse de la polarización política y social en la gran pantalla.
El factor humano frente al frío algoritmo
El filme también pone sobre la mesa el debate sobre si la imparcialidad total es realmente alcanzable sin la intervención de la sensibilidad humana. Pratt se muestra escéptico ante la posibilidad de que una inteligencia artificial pueda desarrollar instinto u honestidad de forma orgánica; a su juicio, la tecnología solo podrá simular estas capacidades, pero nunca reemplazarlas en un proceso judicial donde la vida de una persona está en juego.
El rodaje representó un desafío físico inusual para el actor, quien interpreta a un hombre en "el peor día de su vida", atado a una silla y con movimientos limitados a sus ojos y cabeza. Alejado del humor ligero que suele caracterizar sus papeles, Pratt busca sorprender con un personaje oscuro y vulnerable, atrapado en una carrera contra el tiempo y contra una jueza cibernética que no conoce la piedad.
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