Irene Ancín: “Los millennials y centennials huyen de compañías que se quedaron en el pasado”

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Irene Ancín: “Los millennials y centennials huyen de compañías que se quedaron en el pasado”

Tras quince años de experiencia en el mundo empresarial, formó su consultora, la cual apunta a modelos de gestión más innovadores.

Emprendedora Irene Ancín
Irene Ancín.Cortesía

A Irene Ancín (37) la empresa le llegó en su etapa más plena. Luego de que su nombre estuviera por más de quince años en un universo amplio que va desde lo empresarial hasta lo académico tanto en Ecuador como en el exterior, decidió mirar otros rumbos. Renunció a su trabajo con un objetivo claro: tomar toda su experticia en gestión y liderazgo para ofrecer a las organizaciones un nuevo modelo. Uno saludable, que oriente, y sobre todo, mire más hacia sus empleados.

Ahora se ve como una empresaria que inspira y aporta con su granito de arena en la sociedad. Así va balanceando sus días, desde ser su propia jefa en la consultora AZA, hasta madre y esposa. Es con esos dos roles con los que, de una u otra forma, influye en otras mujeres para que muestren al mundo su potencial, tal como ella lo va haciendo.

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Emprendedora Irene Ancín
Irene Ancín en una de sus múltiples conferencias.Cortesía// Federico Garcia Romero

Organizaciones más saludables

Lo que comenzó con una simple pasión laboral, lo decidió llevar a otro nivel. Irene tiene a cuestas ocho años de experiencia laboral en España y siete en Ecuador. “Siempre me ha gustado estructurar, organizar y, cuando ha sido posible y en calidad de mortal, liderar”, dice. De ahí que acostumbra laborar desde las áreas de acción de una empresa, como cultura organizacional, liderazgo, gestión del talento, multigeneracional, de equipos, comunicación organizacional (’in house’), entre otras. Luego vino la gestión académica de instituciones de educación superior y la docencia en programas de maestría a nivel nacional e internacional.

Todo el bagaje de esta doctora en Comunicación Social por la Universidad Austral de Argentina y máster en Comunicación Política y Corporativa por la Universidad de Navarra y en Recursos Humanos y Organizaciones por ESIC-Universidad Rey Juan Carlos, le sirvió al momento de fundar su propia consultora, la cual tiene un propósito claro: imponer un modelo saludable. “Para avanzar como sociedad debemos trabajar desde las organizaciones. Lo que necesitamos son empresas que quieran cambiar sus dinámicas y entiendan que los modelos añejos de gestión no les van a servir. Los millennials y centennials huyen de compañías que se quedaron en el pasado”, afirma.

Desde esa perspectiva, Irene va orientando y acompañando sin fronteras. No solo con clientes en Guayaquil, sino en otras ciudades del país como Machala y Cuenca, entre otras. “El objetivo es transformar desde un enfoque integral. Lo primero que hago es un diagnóstico para en base a eso diseñar a la empresa soluciones que le permitan crecer, liderar a las generaciones que conviven allí, incrementar los niveles de satisfacción entre otras necesidades”, explica.

Tan importante es prestar atención al modelo de gestión, ya que este puede servir de ancla o de alas. “Si seguimos consintiendo la viveza criolla, la no meritocracia, vamos a estar anclados en las vías del desarrollo”, afirma.

Así va emprendiendo. Contribuyendo al crecimiento de otros. Donde la calma la acompaña.

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Emprendedora Irene Ancín
.Cortesía

Banderas rojas en las empresas

Irene explica que se debe buscar cambiar el modelo de gestión de una empresa cuando a nivel general existe:

  • Fuga de talentos: Hay un alto nivel de renuncias y se les van los mejores.

  • Estrés en el staff: La productividad suele venir con el estrés crónico de sus empleados. No hay nivel de satisfacción.

  • Falta de revisión de procesos: Voltear la mirada a su modelo de gestión. Si hace diez años que no lo cambian ya es una bandera roja para buscar una transformación.

Vértigoy calma

“Hace dos meses renuncié a un puesto gerencial después de seis años de trabajo. Había llegado a la edad de 31 y, en ese entonces, era la persona más joven que asumía un cargo de esas características, al menos en Latinoamérica. Todo un reto”, relata la guayaquileña.

Hoy, a sus 37 años, no niega que antes de dar ese paso habían dentro de ella emociones fuertes. “Renunciaba en período de lactancia. Era un ‘suicidio profesional’ porque, siendo honestos, era muy difícil que alguien me contratara por seis horas al día. Entonces parecía que había llegado la hora de tener algo propio. Tenía vértigo”, confiesa y agrega: “En medio de ese miedo que hasta hoy me acompaña, hay un halo de calma. Esa calma profunda que siento al pensar que, aunque toca empezar de cero y el camino sea largo e incierto, podré siempre mirar a mi hija a los ojos y decirle ‘quiérete’ desde mi propio ejemplo. Eso me da una calma infinita, de esas que vence el vértigo”.

Fue desde esa introspección que construyó las bases de lo que hoy es su consultora AZA (siglas en honor al nombre de su hija), un proyecto que hoy ya es empresa y que le permite compaginar su faceta profesional con la más personal. “El trabajo para mí representa muchas cosas. Lo necesito. Vibro”, comenta.

En ese camino de apenas sesenta días, el apoyo de su familia y amigos fue fundamental para sacar adelante ese nuevo rol que se debía a sí misma y para el que solo bastaba salir de su zona de confort.

Más de ella

  • Es doctora en Comunicación Social en la Universidad Austral de Argentina, máster en Comunicación Corporativa por la Universidad de Navarra, y máster en Dirección de Recursos Humanos y Organizaciones por ESIC-Universidad Rey Juan Carlos.