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Darío Herrera
Darío Herrera cambió el surf por el tenis pues afirma que le creció la cintura.Gerardo Menoscal

Darío Herrera: "Me cuestan las entrevistas, aunque ya sudo menos"

EXPRESIONES compartió una mañana con el ministro de Vivienda, un hombre amante del tenis, el golf, la lectura, la salsa y los bienes raíces.

Con una licenciatura en Administración de Empresas y el aval de varios proyectos inmobiliarios ejecutados, llega al Ministerio de Vivienda el manabita Darío Herrera (53), un hombre amante del tenis, el golf y el café pasado. EXPRESIONES lo invitó a que responda las preguntas de El Cuestionario con un cafecito bien cargado.

¿Cómo se siente en el Manso Guayas?

Muy bien, mirando al río Daule, increíble. Cada vez que lo veo me parece impresionante.

¿Antes de incursionar en bienes raíces, su primero negocio estuvo vinculado a la cerveza?

Efectivamente, mi primer trabajo fue con mi papá. Él era distribuidor de cerveza en Guayaquil, allá por la década del 70, después se expandió a Chone y migramos a Manta, donde nos radicamos. Yo tenía 11 años y fui portero de las oficinas, llevaba una hoja de registros y hacía el inventario de las cajas de cerveza que salían de la bodega.

Y de la cerveza pasa al agua...

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Siempre fuimos botelleros y me preparé para todo. Recuerdo que a los 16 años tenía dos opciones: una maestría cervecera en Alemania y aprender inglés en Estados Unidos. Opté por esta última porque pienso que es el idioma que te abre las puertas en el mundo. Regresé a los 27 por el fallecimiento de mi madre. Luego, mi padre y yo nos asociamos con un grupo para obtener parte de la franquicia de una conocida marca de agua. Recuerdo que nuestro mayor competidor en Manabí era el agua hervida.

Y luego incursionó en bienes raíces.

Sí, empezamos a comprar tierras, aprovechamos el boom inmobiliario que hubo entre el año 2000 y 2012. Ya metido de lleno en el negocio inmobiliario, no pude volver al agua.

Y ese olfato lo llevó a ser ministro de Vivienda. ¿Hasta aquí cuál ha sido el mayor desafío?

Yo soy un hombre divertido.

Como la canción de Wilfrido Vargas...

Más o menos, y te voy a decir por qué. Me gustan los desafíos, para mí nada es imposible. No hay que ser temerario, sino prudente, pero lo que más me agrada es haber rescatado a varios talentos de la función pública a los que solo les faltaba un propósito y saber dónde ir.

Papá quiteño y mamá chonense... brava esa mezcla. Me dicen que usted es cosa seria...

(Risas) La verdad que sí. Te cuento algo: mi abuelo materno tuvo 35 hijos, choneros de verdad, siete matrimonios y dos compromisos afuera.

Darío Herrera
Darío ha estado vinculado al mundo de los negocios desde que era un niño.Gerardo Menoscal

Pero sí tiene tiempo para distraerse en otras cosas. Me dicen que es bueno surfeando, jugando tenis y hasta golf.

Mi deporte siempre fue el surf. En algún momento de mi vida competí en torneos internacionales, recuerdo al grupo: Andrés Fernández, Gustavo Azúa, Marcos Goncalves, la Rana de Manta... ya somos viejos.

Viejos son los caminos...

Competí hasta 1998 y paré por dos razones. Primero, la cintura crece y, luego, hay que trabajar. Hoy practico algo de tenis y de golf porque construí un proyecto en Montecristi y mi hijo mayor, Darío Julián, es golfista.

También es amante de la lectura, hasta lee en el baño.

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(Risas) Creo que has hablado con mi esposa. Es verdad. Yo estoy suscrito a libros y revistas y me gusta el papel. Leo desde textos de bienes raíces y economía hasta de motivación.

Y salsómano a morir... hasta cuando trota escucha salsa.

¿Quién te contó eso?

Y se lo ve tan serio...

Yo aprendí a bailar salsa en Nueva York, me encanta. Y sí, troto con salsa.

¿Es verdad que cuando está en el volante lo hace sin encender la radio y maneja en estado zen?

(Risas) Yo puedo viajar por varias horas así, mi esposa se acostumbró.

Y hablando de ella (Diana Sedgwick), al conocerla, ¿usted sabía que fue una de las modelos más guapas en la década del 90?

Darío Herrera
Al ministro de Vivienda no le interesa que su nombre pase a la historia como Eloy Alfaro.Gerardo Menoscal

Portada de revista Vistazo en 1997. La conocí en Manta un 14 de febrero y luego nos reencontramos en un centro comercial de Guayaquil. Nos casamos y tenemos tres hijos.

También ama a los perros...

Tenemos a Monchita y a Canelo, un labrador blanco.

Tocando algo de sus proyectos como ministro, me dicen que su propósito es que la gente construya de manera vertical como en los países superpoblados.

Primero hay que definir qué tipo de país queremos ser.

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Tenemos culturas diferentes. Sería bueno tener una mixtura de tipologías de ciudades; las intermedias no deberían crecer más. Tenemos que rayar la cancha e irnos con la densidad hacia arriba, delimitar la zona urbana. Quito y Guayaquil ya deben ir hacia esa dirección.

¿Es cierto que cuando concluye su semana laboral en Quito, se refugia en Montecristi?

Me encierro en la tierra de Alfaro.

¿Le agradaría ser recordado como Eloy Alfaro?

No, no estamos en eso.

¿No le gustaría ser el nuevo hombre de Montecristi? ¿Cómo le gustaría que lo recuerden?

Como una persona seria, que cumple con su palabra y que no descansa jamás para beneficio de todos. Al final de cuentas, cuando termine mi período, volveré a mis actividades cotidianas.

¿Qué ha sido lo más difícil de estar expuesto por el cargo que ocupa?

Enfrentarme a entrevistas como esta. Al principio sudaba bastante (sonríe). Ya sudo menos.