Cultura

Quito: lo que esconde la Calle de las Siete Cruces

Un recorrido por el trayecto del inca y de la colonia en Quito. La historia y la modernidad se conjugan en nueve largas cuadras

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Recorrido por la calle de la 7 cruces, en la Garcia Moreno. 02 de marzo del 2020. HENRY LAPO Agencia (ag-extra ag-expreso ag-quito)HENRY LAPO

Es casi el mediodía del lunes y el ruido es constante sobre la calle García Moreno, conocida desde antaño como la de las Siete Cruces. EXPRESO recorrió las nueve cuadras que albergan las efigies símbolo de la tradición católica con que se fundó la capital ecuatoriana.

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Sin embargo, el camino es más antiguo, pues se dice que era parte del camino real del inca, antes de la llegada de los españoles, y que conectaba a la loma de San Juan con el Yavirac. Según la cosmovisión andina, uno representaba la deidad femenina y el otro lo masculino.

En la mayoría de este trayecto, entre las calles Manabí y Loja, el empedrado ha sido cambiado por asfalto y adoquines, sin embargo, hay espacios y personajes que se niegan a desaparecer con el tiempo.

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Turismo. Los visitantes del centro usan los pasillos de la catedral para presenciar el cambio de guardia Agencia (ag-extra ag-expreso ag-quito)HENRY LAPO

Primera cruz. Está en el hospicio San Lázaro en la calle Loja. Allí inicia una larga escalinata que conduce al Yavirac. En 1587, el terreno fue donado a los jesuitas; más tarde funcionó allí un albergue para pobres, desvalidos y huérfanos. Más adelante, en la era de la República, se incorporó una sección psiquiátrica. El hospicio como tal ya no funciona en este predio, pero la capilla sigue allí como parte de un recorrido turístico. Aunque las puertas están abiertas, no siempre se puede entrar. Existe gente sospechosa que se toma de vez en cuando el pasillo. Al pie de la cruz que se erige en la esquina, se pueden encontrar ventas ambulantes y muchachos que estudian en el Instituto de Turismo, que queda justo al frente.

Segunda Cruz. Se encuentra en la calle Rocafuerte, donde funciona el monasterio de El Carmen Alto. Es conocido como el Arco de la Reina, al frente del lugar, Jhon Ríos sigue preparando confites en unas grandes pailas. “Ya no es como antes, pero seguimos luchando”, dice.

El sitio es conocido por la venta de maní de sal, tostado y la conocida caca de perro (maíz enconfitado). El aroma a panela caliente inunda la cuadra y llama la atención de los quiteños.

Tercera cruz. También fue entregada a los jesuitas. La iglesia de La Compañía de Jesús es un edificio construido en el siglo XVII. Las ventas ambulantes son el acompañamiento sonoro de este escenario. Una mujer vende duraznos en una canasta mientras amamanta a su bebé, a la vez no deja de vocear su producto. Cerca funciona el Museo Numismático, donde se expone parte de la historia ecuatoriana. Unas casas más adelante están: la Biblioteca Municipal y el pasaje Amador, donde hasta ahora se pueden encontrar desde discos hasta materiales de manualidades.

Cuarta cruz. En El Sagrario se guarda la fe de bautismo de los primeros quiteños. Allí permanece todavía la primera pileta donde los bebés recibían el agua bautismal. Aunque ya solo esté de exhibición. Bajo la cruz de esta capilla, María Aldaz se resiste al paso del tiempo y a la tecnología. Desde hace 55 años vende revistas y periódicos en un kiosco. En este sitio se puede encontrar aún almanaques y libros de álgebra, aunque este negocio represente para su dueña solo la comida del día. Permanece sentada junto a su marido, en un banquillo.

Quinta cruz.La catedral está en el corazón de la Plaza Grande. Hay más gente que de costumbre. La razón es la ceremonia marcial del cambio de guardia. Los Granaderos de Tarqui marchan al ritmo del Himno a Paquisha, mientras uno de sus comandantes habla sobre la gallardía de la tropa. La gente mira el espectáculo desde el muro de la catedral, arrimada precisamente en una de las cruces. Alrededor de esta plaza funcionan, además, el Palacio de Carondelet –donde vive el presidente de la República–, el Municipio de Quito y el Arzobispado. Luego los tonos marciales cambian por música popular y los gritos de los predicadores que intentan convencer a los transeúntes sobre los castigos divinos.

Sexta cruz. Es la iglesia de La Concepción, en la calle Chile. Casi siempre tiene sus puertas abiertas y junto a ellas esperan las vendedoras de velas, cirios y escapularios. El negocio funciona afuera de las iglesias, a pesar del bullicio, los desfiles y la música de los artistas callejeros. En esta esquina coexisten y hay para todos.

Séptima cruz. Para llegar a ella hay que cruzar varias cuadras donde confluyen negocios como joyerías, relojerías y los tradicionales sánduches de pernil. Luis Rivera es dueño de uno de esos negocios, su día transcurre en una larga espera de clientes. Su local es propio y es lo único que le ha permitido no abandonar el negocio. “Al menos no pago arriendo”, reitera. La cuesta empieza y se halla una réplica de la cruz de Santa Bárbara, erigida en el siglo XVII en honor a esta santa europea.