Cultura

Alfonso Espinosa: "Quito vive y late entre tensiones y contradicciones"

El escritor quiteño publica el poemario 'Noche/Día'

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Alfonso Espinosa Andrade es poeta y periodista.Cortesía

Cada vez que pienso

En vos me quiero clavar

el esfero en la garganta

por puro vicio.

Tu no estuviste con Yomismo

Amaste y yaciste con una máscara

Pero tú no podías saberlo

Yo maté a Yomismo

por mis propias razones.

Con aquellos versos arranca ‘Noche/Día’, poemario más reciente de Alfonso Espinosa Andrade (Quito, 1974). La obra, conformada por siete textos de largo aliento, tomó seis años en escribirse y se lanzó de manera virtual. Su edición física está en proceso de elaboración.

Veintidós años después de que lanzara ‘Breves anotaciones’, el autor fija nuevamente su mirada sobre su ciudad natal, entregando una serie de textos en los que priman las contradicciones, las preguntas, y el rock.

En Noche/ Día, fijas la mirada en Quito, en su paisaje, sus carencias y sus pequeñas miserias. ¿Se trata de un acto de observación o un ajuste de cuentas?

Sin duda es, al menos un poquito, un ajuste de cuentas. Las ciudades se estereotipan, sea para su venta turística o para la construcción de una idea que se usa luego en la política. Lo quiteño, lo guayaquileño, lo manaba, lo ecuatoriano, lo latinoamericano, son categorías resbalosas cuando las ves de cerca en el sentido en que detrás de todos esos estereotipos, hay intencionalidades. Evidentemente, en esas construcciones idealizadas, omitimos un montón de aspectos que son riquísimos, pero no necesariamente gratos, sobre quienes somos.

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La ciudad también figura en tus obras previas. ¿Hay una evolución en esa mirada a lo largo de esos veintidós años? ¿Cuándo relees esos textos, aun te identificas con la ciudad que escribiste, por ejemplo, en ‘Breves anotaciones’, o es otra totalmente distinta?

Evidentemente Quito es un motivo recurrente en mis textos. Me he referido a la ciudad como mi novia, como mi amante, como una gran interrogante. Me fascina, me seduce esta ciudad larga, topográficamente extraña, esta ciudad con una historia tan compleja.Pero de esas primeras miradas, han cambiado muchas cosas. 

Creo que Quito se ha ido transformando en una ciudad muy áspera, en una capital grande, dura y competitiva. Se ha transformado en una ciudad terriblemente violenta, violenta con los niños, con los mayores y tremendamente violenta con las mujeres. Esta era una ciudad  receptiva con los extranjeros, que llegaban y hacían sus vidas aquí. Pero desde los años setenta, en que acogíamos a migrantes exiliados de las dictaduras de América Latina, hasta ahora, nos hemos vuelto xenófobos. Hemos ido perdiendo cosas como ciudad. Quito vive y late en estas tensiones y en estas contradicciones.

Will Oldam, Depache Mode, Sal y Mileto. La música llena tus textos y ensalzan imágenes, sobre todo en textos como ‘Perra callada’. Cuéntame sobre la construcción de esta banda sonora que figura en este poemario y su equilibrio con las imágenes que presentas.

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Mi relación con la música es una relación filial. Mi papá era melómano, le encantaba la música clásica, los pasillos. Es la música con la crecí. Luego por mi cuenta, y para el pesar de papá, me encontré con el rock, y fue una relación de significación. Descubrí a los poetas del rock, y con ellos, una vía de escape. La música se vuelve compañía, rellena espacios de soledad. La música que está en esos textos es la banda sonora de mi vida.

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El autor trabaja en una edición artesanal del poemario.Cortesía

Ahora, en el caso de ‘Perra callada’ específicamente, la música no solo acompaña el texto, sino que es una metáfora del desencuentro. ¿Qué haces cuando tu pareja no comparte la música con la que te expresas?

Pero por otro lado, la música también es un refugio. ¿Crees que la música puede salvar de la crudeza de la realidad?

Claro, y no es una romanitzación, pero la música, justo en el momento de dolor, de angustia, de precariedad, alivia. Es una herramienta de catarsis, de liberación. Y hablo de músicas muy diversas, no solo del rock.

En contraste con los otros textos de ‘Noche/Día’, ‘Ocarina’, es un poema distinto, donde prima la musicalidad y la nostalgia. ¿Cómo se construyó?

‘Ocarina’ surgió como la rescritura de una carta a una amiga, en la que le daba cuenta del paso del tiempo, y que se fue transformando en otra cosa. Se convirtió en un canto de amor, en un homenaje en la memoria a todas las mujeres que amé y que fueron construyéndome, o deconstruyéndome. Finalmente el amor destruye, y uno tiene que reconstruirse con lo que le quedó cada relación. En ese texto, mi intención también era dar cuenta de que uno sale del amor más sabio. No más feliz, pero sí más sabio.

La propuesta empezó en digital antes de aterrizar en papel. ¿Por qué? ¿Cómo ha sido la respuesta de tus lectores?

Este era un proyecto que tenía pendiente desde hacía mucho tiempo. Tenía una urgencia por publicar, por establecer una distancia con estos poemas que han tomado seis años de trabajo. Ante las complicaciones de hacerlo en papel, de buscar una editorial, del desembolso económico que implicaba, preferí esta experiencia de ponerlo en línea y he tenido una respuesta interesante, pues el libro ha tenido más lectores de los que quizás habría tenido una edición únicamente en papel. Me he encontrado con que ha sido leído por personas en España, Inglaterra, Noruega y es entretenido, porque es una respuesta muy distinta, y hasta cierto punto, ha sido exitoso.

¿Qué sigue para ti después de este proyecto?

La escritura es cotidiana para mí, está muy incorporada en mis rutinas. Tengo entre manos un libro de poesía erótica que está en proceso, un libro cortito de no más de treinta poemas, y otro par de proyectos en los que estoy trabajando. Yo trabajo lentamente, y haciendo varias transcripciones, y ediciones, y ahorita estoy en ese proceso.