La corazonada, de Argentina para Netflix

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La corazonada, de Argentina para Netflix

La cinta de suspenso tiene una buena realización, pero su argumento es débil. Las actuaciones son flojas, se salvan Luisana Lopilato y Maité Lanata.

Corazonada, Netflix
La película cuenta con la actuación de la actriz y modelo argentina Luisana Lopilato.Netflix

Muchachos jugando basquetbol. Uno de ellos se retira. Coge su bicicleta y se marcha pedaleando. A los pocos minutos es atropellado por un auto y muere.

En otro lugar unos perros ladran, los escuchan, especialmente, dos policías. Uno de ellos es mujer, la llaman Pipa (Luisana Lopilato). El otro es Francisco Juárez (Joaquín Furriel). Siguiendo los ladridos avistan una casa donde encuentran el cadáver de una muchacha que ha sido asesinada.

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La División de Homicidios argentina busca a los culpables. El joven de la bicicleta era un convicto, había estado en prisión por haber matado a la esposa de Juárez. La chica asesinada pudo morir en manos de su novio. Las investigaciones revelan nombres y rostros que bien podrían ser los homicidas, pero el jefe de ellos piensa que quien mató al expresidiario es el mismo Juárez, por venganza. ¿A la chiquilla? Minerva del Valle (Maité Lanata), se está declarando culpable. ¿Lo será?

'La corazonada' es la primera producción argentina original para Netflix. Llegó a ocupar el cuarto lugar entre las películas más vistas por los usuarios de la plataforma y seguramente la teleaudiencia ecuatoriana también se ha dejó llevar por este drama policial con tintes psicológicos.

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Pero… si bien está magníficamente realizada, con buena iluminación, buen empleo de los tonos azules-turquesa, excelente fotografía y fondo musical, el largometraje termina siendo una propuesta de mínimas tensiones, lo cual permite afirmar que dejaron escapar el alma de su historia.

Y, verdaderamente, todo es fofo. Juárez, más que policía, es un individuo centrado en su problema personal. El fiscal Roger (quien gusta de observar imágenes pornográficas) parece más bien un banquero y no un regente policial; sus oficinas son tan nítidas que guardan similitud con el buró de una editora de revistas.

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El diálogo es demasiado localista y alguien podría preguntarse qué mismo significa la palabra ‘quilombo’ o aceptar el modo argentino de pronunciar sus frases o vocablos. No olvidar que se trata de una película a ser vista internacionalmente, no solo en el país de su realización.

El argumento se desarrolla como si todo fuese copia de series o filmes policíacos: las cámaras se mueven y enfocan a los personajes en la misma forma que lo viene haciendo el mundo cinematográfico desde hace años, nada tiene marca de innovación. El director (Alejandro Montiel) se empeña en que los espectadores piensen que no están viendo lo que ven y a las finales el cinéfilo podría afirmar eso del Chavo: “Lo sospeché desde un principio”.

De las actuaciones mejor sería no hablar, pero sí salvar los nombres de Luisana Lopilato por su diáfana presencia y labor histriónica. Igual distinción lleva Maité Lanata, quien tiene un gran sentido para la cámara: sus reacciones, sus gestos demuestran saber lo que hace. Juárez no cambia su expresión y Rafael Ferro, el fiscal, da frialdad a su rol, pero le falta la expresión contundente del equívoco, de la mentira.

El guion no es de aplaudir, pero sobresalen dos frases. La primera refiriéndose al proteger a un culpable: “Le dicen lealtad, pero es corrupción” y aquello de “(su actuar) pone en peligro la finalidad de la justicia”. Ya eso permite seguir la corazonada.

  • Calificación: * *