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Alejandro Lalaleo, guionista y actor- Microteatro Quito
Aunque en los días de confinamiento por la pandemia quiso tirar la toalla, el amor por el microteatro lo empujó a seguir adelante.Angelo Chamba//EXPRESO

Alejandro Lalaleo: “Metí hasta mi último dólar para salvar el Microteatro”

El guionista y actor habla sobre la popular sala teatral capitalina y su reinvención.

Son las 18:30. El Microteatro UIO tiene apenas media hora de haber abierto sus puertas, pero las mesas ya están ocupadas por grupos de amigos y parejas que aguardan la primera función. En medio del ajetreo aparece Alejandro Lalaleo, guionista, actor y cofundador de este espacio que ya tiene casi cuatro años.

¿Cómo ha sido el retorno del público al Microteatro UIO? ¿Fuerte o tambaleante?

Ha sido súper complicado. Regresar al teatro significaba que la gente todavía estaba un poco nerviosa de esa interacción entre el público y el elenco, porque temía contagiarse. Tuvimos que adaptar las salas. Ahora hay un plástico que divide a unos de otros. También tocó reducir el aforo, lo que en el microteatro es complejo, porque ya es muy reducido. Abrimos funciones extras para cumplir con la demanda... Pero lo que es lindo es que el público sí volvió y lo continúa haciendo cada semana.

¿Alguna vez pensó en ‘tirar la toalla’?

Sí, claro que sí. Hubo un día, en pleno confinamiento, cuando los vecinos me llamaron a decirme que había sonado la alarma y que habían intentado entrar a robar, porque la sala estaba vacía. Vine y me encontré con el césped enorme, todos los cuadros caídos y toneladas de hojas secas en la parte del restaurante. Era un lugar absolutamente abandonado. En ese momento dije: “O esto se acaba aquí o en serio lucho por seguir”.

¿Qué lo motivó a seguir?

Que yo amo esto. El microteatro me dio la posibilidad de cambiar de carrera cuando llevaba años en la publicidad y me dio un sitio para experimentar con un formato que, de paso, era muy cuestionado. Y ese día me di cuenta de cuánto lo amaba, porque no solo luché por seguir, sino que invertí hasta mi último dólar por salvarlo. Además de mis ahorros, saqué un préstamo. Si no lo lograba, me hundía, y aun así creo que habría valido la pena.

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Hay quienes consideran que el microteatro es un subgénero teatral. ¿Qué opina de eso?

(Ríe) Que se equivocan. Y no es la primera vez que lo escucho. Muchos artistas son muy cerrados a nuevos formatos y a nuevas experiencias. Les ha costado aceptar que este es un nuevo espacio y que es un formato válido, al igual que todos los demás. Cuando abrimos, hubo varios post en Facebook rechazando y criticando esto, pero me lo esperaba. Es más, estaba hasta acostumbrado, porque yo venía de Enchufe TV, que también era criticado por ser ‘ligerito’. Pero mira cómo creció enchufe TV. Con el microteatro pasó exactamente lo mismo.

¿Quiénes se sumaron a esas primeras funciones?

Voces nuevas, actores y directores que no tenían cabida en los teatros más grandes. Y aunque no lo creas, actores mayores, con mucha experiencia que, sin embargo, ya no jalaban taquilla. Aquí pudieron redescubrirse y a nosotros nos dieron grandes obras que gustaron mucho.

¿Cuál ha sido quizás su proyecto más significativo?

Tengo tres. Hijas de su madre, una serie de historias sobre madres e hijas que causó furor. No me esperaba esa reacción, y todas las entradas de esa temporada se vendieron. Fue muy emocionante. De ahí están Barbie World y Manual para dejar a un hombre, que gustaron mucho y que luego se presentaron en México y en Panamá, respectivamente. Fueron significativas porque en el Ecuador no se exporta teatro para montar en otro país y, sin embargo, sí se puede hacer y sí funciona.

En Guayaquil, el microteatro ha tenido una expansión rápida y acogida. En Quito, ustedes son la única sala. ¿A qué cree que se debe?

Yo creo que es la tenacidad, esa forma terca que tengo de hacer las cosas. Sostener un espacio cultural es bien difícil y, sí, ha habido muchísimos intentos de hacer microteatro aquí en Quito, pero cierran pronto porque es difícil construir un público y mantenerse en el tiempo. Te soy sincero, nosotros no tenemos ningún apoyo, ni público ni privado. Sobrevivimos por la taquilla, pero innovamos y eso nos ha ayudado a seguir.

Esta propuesta quiteña se modificó desde la visión de Sebastián Bravo y Alejandra Coral, quienes a falta de espacio físico han llevado su arte a locales.

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¿Es posible vivir así con el paso del tiempo?

Hay muchas experiencias en muchos países donde es un formato que se ha agotado. Mi teoría es que mientras se sigan haciendo nuevas propuestas podremos seguir, pero solo el tiempo lo dirá. Si depende de mí, continuaremos hasta que la gente nos quiera aquí.

Alejandro Lalaleo, guionista y actor- Microteatro Quito
Su único apoyo para sacar adelante el proyecto del microteatro es la taquilla, el apoyo del público.Angelo Chamba//EXPRESO

ENCHUFE TV, ¡VIVA LA LIBERTAD!

Mencionó Enchufe TV. ¿Qué ha significado en su vida?

Es una gran parte de mi corazón, es como un hijo. Empezamos cuando estábamos en los últimos semestres de la carrera en InCine y a mí me invitaron unos amigos a unirme. Era duro. Dirigí los primeros sketches, actuaba, era chofer, hacía catering, pero era muy divertido. Se acabó la universidad y ya estábamos embarcadísimos en Enchufe TV. Estuve varios años ahí y creo fue como la mejor escuela que tuve. Era un lugar de libertad absoluta.

¿Qué siente cuando está caminando por la calle y escucha a alguien utilizar alguna frase que salió de Enchufe TV?

Aunque no lo creas, me conmueve. Es de las cosas más bonitas. No me puedo quejar de alguien que quiera una foto o un autógrafo. Nosotros tenemos la capacidad de cambiarle el ánimo a alguien en tres minutos, y yo hago esto para la gente. Entonces, si voy caminando por la calle y alguien me grita “¡que se iguale!”, o algo, lo aprecio mucho.

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¿Se considera un director ‘divo’ o relajado?

Muy relajado.

Entonces, nunca se ha pasado de palabras ni se ha ido de golpes antes de una función.

(Ríe) ¡No! Quizás he gritado, pero no ha pasado de eso.

¿Qué obras son las más solicitadas por el público en el Microteatro UIO?

Por pedido del público hemos montando Friendzoneado, de Daniel Enríquez, varias veces. Una de las mías, La cita perfecta, también ha tenido gran acogida.

¿Y hay alguna obra que no pensó que funcionaría pero dio buenos resultados?

Sí, pero no te voy a dar nombres.