POLÍTICA INTERNACIONAL
¿Por qué Perú tuvo 8 presidentes en 10 años? El origen de la crisis política
"Incapacidad moral": Cómo una figura constitucional para salud mental se convirtió en el mecanismo exprés para sacar presidentes del Palacio

Fotografía que muestra carteles de candidatos electorales, en Lima (Perú).
LO QUE DEBES SABER
- La vacancia presidencial pasó de ser una medida de salud mental a una herramienta de destitución ética.
- El presidente en Perú ha mutado a una figura decorativa supeditada a la luz verde del Legislativo.
- La fragmentación electoral con 35 candidatos asegura la continuidad de mandatarios precarios.
"¿Cuándo se jodió el Perú?", la célebre pregunta que Mario Vargas Llosa plantea en 'Conversación en la catedral' podría aplicarse para su arraigada crisis política, en la que ha visto pasar a ocho presidentes en diez años, y cuyo origen se remonta a 2016, cuando el Congreso comenzó a acumular poder y descubrió que es más fácil destituir a un presidente que a un alcalde.
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Ese instante, según señala en una entrevista a EFE el sociólogo y analista político Fernando Tuesta, se dio cuando Keiko Fujimori, hija y heredera política del expresidente Alberto Fujimori (1990-2000) no aceptó su segunda derrota electoral y anunció que aplicaría su plan de Gobierno desde el Congreso, gracias a los 73 congresistas que le daban mayoría absoluta en la Cámara.
"Eso condiciona claramente un Gobierno, porque tienes que relacionarte con un Parlamento no solo hostil, sino enormemente obstruccionista, y entonces han venido esta sucesión de presidentes, que cada vez más son presidentes precarios, presidentes de un Ejecutivo al que se le va vaciando el poder", señala Tuesta.
Desde 2016, Perú ha tenido ocho presidentes (Pedro Pablo Kuczynski, Martín Vizcarra, Manuel Merino, Francisco Sagasti, Pedro Castillo, Dina Boluarte, José Jerí y ahora José María Balcázar), así como una disolución del Congreso ordenada por Vizcarra y un segundo intento inconstitucional de clausurar el Legislativo dictado por Castillo que no acabó de cristalizar.
La “incapacidad moral permanente”
El politólogo agrega que, en estos diez años, el poder se ha ido concentrando en el Congreso y el presidente, al carecer de suficientes apoyos en el hemiciclo, ha ido mutando de manera informal a ser jefe de Estado, pero no jefe del Gobierno "porque las cosas que puede hacer están supeditadas a la luz verde que le dé el Congreso".
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"Los parlamentarios han aprendido los males de la política: tenemos poder, podemos condicionar al presidente y, cuando queremos, lo sacamos utilizando recursos que la Constitución destinaba para otro tipo de situaciones, (como) el caso de la vacancia presidencial", explica.
La figura de la vacancia (destitución) por incapacidad moral permanente, planteada en la Constitución para casos extremos en los que el jefe de Estado queda mentalmente incapacitado o inconsciente, ha sido interpretada por el Congreso como una vía que les faculta a sacar del poder por carencia de ética y probidad para ejercer el cargo.
Así, con los votos de dos tercios de la Cámara, los presidentes que han desafiado a la mayoría opositora del Parlamento han sido destituidos o forzados a dimitir, e incluso otros que han aceptado alinearse al Legislativo también han acabado cesados por su baja popularidad.
"Es más fácil bajar a un presidente de la República que un alcalde", afirma Tuesta, quien expone que en 2016 también comenzó la quiebra de algunos acuerdos implícitos de un sistema democrático, como el de reconocer la derrota y asumir el rol de oposición.
Puntos clave: La encrucijada electoral en Perú
- Fragmentación extrema: Un escenario con 35 candidatos compitiendo por la presidencia dificulta la obtención de una mayoría clara.
- El factor parlamentario: Para frenar la inestabilidad, el nuevo mandatario necesita un bloque legislativo sólido; sin él, el ciclo de vacancias persistirá.
- La ironía de los "conocidos": Los candidatos con mayor exposición mediática lideran los partidos con la popularidad más baja y mayor rechazo social.
- Candidatos invisibles: Más del 50% de los aspirantes pertenecen a organizaciones nuevas que resultan desconocidas para el electorado general.
- Riesgo de legitimidad: Existe una alta probabilidad de que el próximo gobierno surja de los mismos partidos que la ciudadanía rechaza mayoritariamente.