diplomacia
Daniel Noboa, Petro y dos caprichos que solo afectan a sus pueblos
El último episodio ocurrió cuando la Cancillería envió nota de protesta a Colombia tras los comentarios sobre la situación jurídica de Jorge Glas

El presidente Daniel Noboa reaccionó a una declaración de su homólogo Gustavo Petro sobre el exvicepresidente Jorge Glas.
La crisis diplomática entre Ecuador y Colombia se produce por una mezcla de delirios de grandeza, vanidades y hasta aparentes dificultades cognitivas de sus presidentes: Gustavo Petro y Daniel Noboa. Una mezcla a la que se le podrían agregar ingredientes como, por ejemplo, el clásico narcisismo que impide al narcisista de turno ver la posibilidad de que sus decisiones lesionen a terceros que, en este caso, son los ciudadanos. Un ejemplo: Ecuador está a punto de entrar en una dramática crisis energética que podría paliarse con la electricidad que Colombia vendía al país, hasta que estalló la crisis.
Política
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El último episodio ocurrió la noche del martes 7 de abril, cuando la Cancillería ecuatoriana envió una nota de protesta a Colombia tras los comentarios que Petro hizo sobre la situación jurídica de Jorge Glas, a quien calificó, una vez más, de preso político cuando, en realidad, está cumpliendo condenas sentenciadas por la Corte Nacional de Justicia por casos de corrupción.
La Cancillería expresó “su más enérgica protesta” ante las “reiteradas declaraciones” del mandatario colombiano, Gustavo Petro, “quien hoy ha pretendido calificar nuevamente como ‘preso político’ a un ciudadano ecuatoriano”.
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La canciller ecuatoriana, Gabriela Sommerfeld, también llamó a consultas a su embajador en Colombia, Arturo Félix Wong, con lo que las relaciones entre ambos países han llegado a su punto más bajo desde cuando el gobierno colombiano de Álvaro Uribe bombardeó el campamento del guerrillero Raúl Reyes en territorio ecuatoriano en 2008.
El conflicto, cuya solución parece cada día más lejana, significa no solo que Ecuador pueda entrar en una nueva etapa de apagones, sino que muchos ciudadanos de ambos países ahora tienen que pagar más por los productos importados en ambos lados de la frontera.
El conflicto por Jorge Glas
El más reciente desencuentro entre ambos mandatarios empezó con una publicación del presidente de Colombia en X, la noche del lunes 6 de abril, en la que volvió a mencionar que ha pedido la liberación de Jorge Glas, a quien considera un preso político y a quien le otorgó, de forma irregular y casi clandestina, la nacionalidad colombiana. Noboa reaccionó al día siguiente y aseguró que las declaraciones de Petro constituyen “un atentado contra nuestra soberanía y una violación al principio de no intervención, consagrado en el artículo 19 de la Carta de la OEA y en el derecho internacional”. Petro volvió a pronunciarse, insistiendo en que Glas es un preso político y, además, un ciudadano colombiano. Con eso terminó el cruce de mensajes en redes sociales, pero la situación derivó en la nota de protesta ecuatoriana.

El presidente colombiano Gustavo Petro se refirió a la situación de Jorge Glas y originó un cruce con el presidente Daniel Noboa.
Estos cruces entre Petro y Noboa ocurren mientras Ecuador y Colombia mantienen una guerra arancelaria desde enero de 2026. En realidad, el deterioro de la relación entre ambos presidentes comenzó y se mantiene por razones, en la práctica, delirantes, propias de dos personas que tienen una concepción diametralmente distinta sobre el Estado, pero que -tomando en cuenta los problemas que han creado- no se justifica: no son adversarios políticos que compiten por un electorado.
El origen del desencuentro
Todo esto comenzó el 24 de mayo de 2025, el día de la posesión de Noboa, cuando Petro, en calidad de invitado, se comportó como un patán de barrio: luego de saludar con el presidente que se posesionaba y que era su anfitrión, hizo unas declaraciones desafiantes. Dijo que el exvicepresidente Jorge Glas era un preso político cuando, en realidad, había sido condenado por la justicia ecuatoriana por graves casos de corrupción. Con esa declaración, Petro estaba afirmando que en Ecuador había un gobierno que mantenía presos de conciencia. “Ecuador necesita diálogo nacional, Colombia también, Venezuela también; el diálogo nacional es la base fundamental de la paz y la democracia. Creo que Glas es un preso político”, dijo Petro, luego de haber afirmado que había asistido al acto de posesión para que se liberara a “todos los presos políticos”.
En esa ocasión, el gobierno ecuatoriano no respondió con una nota de protesta, como debió haberlo hecho, y aguantó en silencio la ofensa. Las inoportunas declaraciones de Petro habían tenido un antecedente: cuando en el primer mandato de Noboa se ordenó la invasión de la Embajada de México, donde Glas se encontraba refugiado luego de haber huido de la justicia, Colombia fue uno de los países más duros con Ecuador, y Petro criticó directamente a Noboa por haberlo hecho.
La situación subió radicalmente de tono cuando, en enero de 2026, Daniel Noboa dijo que el gobierno de Petro no estaba cumpliendo con sus tareas de seguridad en la frontera y que, por ese motivo, la droga entra en grandes cantidades a Ecuador. A propósito de ese tema, Noboa impuso un arancel del 50 % a los productos colombianos. Sobre la base del principio de reciprocidad, Colombia también elevó los aranceles al mismo porcentaje.
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Luego, Noboa no quiso quedarse atrás y ordenó a su ministra de Energía, Inés Manzano, que incrementara en un 900 % el costo de transporte del crudo del sur de Colombia por el oleoducto ecuatoriano. ¿La consecuencia? Petro ordenó que no se despache más energía eléctrica a Ecuador, lo que significa 450 megavatios en los momentos de mayor necesidad en el lado ecuatoriano. ¿El resultado? La energía que se produce en Ecuador no es suficiente para lo que se consume y, por eso, ya comenzaron los apagones que, en el léxico del gobierno, son “cortes focalizados”.
Se trata, en definitiva, de dos mandatarios actuando más por sus vanidades e ideologías que por los intereses de sus pueblos.