La hora del Tigre
Abelardo de la Espriella, el “Tigre”, lidera la campaña presidencial en Colombia como outsider, ofreciendo un cambio frente al tradicionalismo político

Una nación polarizada se prepara para una jornada electoral decisiva en la que se juega la estabilidad institucional.
En esta campaña un animal terminó diciendo más que muchos discursos. Milei se hizo león, Bukele se vendió como el hombre fuerte que encarcela, y en Colombia un abogado se bautizó a sí mismo como el Tigre. Suena a marketing, y lo es. Pero funcionó.
Abelardo de la Espriella ganó la primera vuelta sin haber ocupado nunca un cargo público. El 21 de junio puede llegar a la Casa de Nariño. Nada de eso pasó por casualidad.
Hace rato que los colombianos vienen pidiendo una cara distinta, una que no salga del mismo reparto de siempre. No es capricho: es el cansancio de tanta promesa reciclada y de unos apellidos que se pasan el poder como quien hereda una finca. De la Espriella leyó ese fastidio mejor que nadie. Levantó un movimiento por firmas, lo llamó Defensores de la Patria y se plantó como el outsider sin jefes ni deudas con la vieja maquinaria.
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Su campaña, además, supo del oficio. Llenó estadios, se tomó las redes y exprimió el mensaje hasta dejarlo en tres palabras que cualquiera repite: tigre, orden, patria. Mientras los rivales daban cátedra, él regalaba identidad. Sus contrincantes lo subestimaron tildándolo de puro espectáculo. Ahí perdieron.
Dicho esto, el 21 de junio no se vota un estilo. Se vota si Colombia endereza el rumbo o lo prolonga.
La fatiga del electorado con los políticos tradicionales
Porque el balance de Petro no aguanta el examen que él mismo presume. La inflación cedió, cierto, pero el mérito es del Banco de la República. La seguridad fue para atrás: más homicidios, no menos. La salud acumuló más de dos millones de quejas en un año. Y las finanzas acabaron en una emergencia económica decretada, con la deuda por las nubes. Eso es lo que Cepeda ofrece administrar. Por eso simpatizo con De la Espriella y por eso creo que debería ganar. No por el tigre, sino por lo que tiene que venir después de él.
Dicen que es un riesgo entregarle el timón a alguien sin experiencia. Yo me pregunto qué es más arriesgado: estrenar capitán, o volver a confiar en quienes ya encallaron el barco.