El turismo se estanca en Las Cataratas de Milagro
La pandemia y el desorden afectan a los comerciantes. El sitio es utilizado como refugio para beber. La Policía se instalará en el lugar

Los fines de semana. Algunos turistas llegan a beber y no portan mascarilla. Esas acciones han obligado a los turistas a retirarse por precaución.
Los comerciantes del balneario Las Cataratas, uno de los sitios más visitados del cantón Milagro, sufren las consecuencias de la inseguridad, el coronavirus y la desobediencia. Así lo explica la residente Lourdes Cazar, quien como el resto de comuneros ha dedicado su vida a preparar comida en este espacio, que tiene como vecino al río Milagro.
Cazar recuerda que antes de la pandemia solo los domingos vendía al menos 200 bollos, además de otros platos, a los visitantes. Pero hoy esa realidad es otra, pues con suerte alcanza a vender la mitad, pero trabajando muchas más horas de lo previsto.
“Solo los clientes fijos nos visitan. Ellos vienen, comen y se van. Lamentablemente, esos pocos turistas también han sido ahuyentados por los últimos actos que aquí se han cometido”, explica.
En el último feriado, por ejemplo, en el lugar los hinchas de un equipo de fútbol le lanzaron piedras y botellas a un ciudadano que se encontraba en el sitio con la camiseta del equipo contrario. La riña fue grabada y viralizada en redes sociales.
A esto se suma el hecho de que, ante la escasa afluencia de visitantes, Las Cataratas se ha convertido en el refugio de consumidores de alcohol y drogas.
“Hay días que el entorno, más que sitio turístico y natural, parece un bar al aire libre. La gente llega con botellas y fuma a la vista de todos, y no necesariamente cigarrillo. A veces todo huele a marihuana e incluso se perciben olores más fuertes. Los restos de los materiales con los que arman sus sustancias los vemos esparcidos en el camino”, advierte René Vásquez, habitante de Milagro, quien ha sido testigo de estos escenarios.

Este es el panorama entre semana en Las Cataratas. No hay gritos ni gente bebiendo.
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Libertad Vallejo, otra comerciante que asimismo se ha visto afectada económicamente por la pandemia, denuncia que son decenas de turistas los que además, cada vez que beben, se aglomeran y se pasean sin mascarilla.
“Nos están poniendo a todos en riesgo”, lamenta la comunidad. Población que además se queja de cómo algunos comerciantes en su afán de ganar clientela y tener más ingresos, venden bebidas alcohólicas a los turistas, aun cuando no ingieren comida, esto está prohibido por el COE cantonal.
Frente a esta situación, el comisario nacional de Policía, Luis Hernández, mantuvo una reunión con los representantes de la Policía Nacional y la Dirección de Justicia y Seguridad Ciudadana del Cabildo, y resolvieron enviar los fines de semana, empezando por el que viene, a 12 uniformados que permanecerán en el balneario de forma permanente.

Los comerciantes del sector tienen pérdidas desde hace varios meses. La inseguridad que los turistas perciben los ha ahuyentado aún más.
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Respecto al consumo de drogas, Hernández dijo desconocer del problema. Sin embargo, se comprometió a investigar el caso.
“Esto ha sido un centro turístico sano, al que todos entraban. Gente de Milagro y de afuera venía, no había miedo, riesgo de nada. Necesitamos ayuda, nosotros vivimos de lo que preparamos y si un día no lo hacemos, nos vemos perjudicados también directamente”, sentencia Rosa Rodríguez, comerciante del sector desde hace quince años.