Testimonios del COVID-19: “Ingresé al hospital junto a dos vecinos, ellos fallecieron y eso me angustió”

  Guayaquil

Testimonios del COVID-19: “Ingresé al hospital junto a dos vecinos, ellos fallecieron y eso me angustió”

Blanca Tacuri relata su experiencia tras haber estado internada 11 días en el hospital. Tuvo fuerzas para animar a su compañera de habitación

Hospital Teodoro Maldonado Carbo
El personal sanitario del hospital Teodoro Maldonado Carbo, en Guayaquil, aplauden por el alta médica de un paciente con COVID-19.Cortesía

El martes 14 abril Blanquita Tacuri, de 79 años de edad, una enfermera jubilada que vive sola llamó a su hijo porque sentía que se desmayaba y tenía dificultad para respirar. En la ciudadela donde ella habita, Morejón Almeida en Guayaquil, más un vecino se ha contagiado de coronavirus.

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Unos días antes ella había salido a comprar porque se le habían acabado sus víveres. Ese día no se pudo poner mascarilla porque no había encontrado en la farmacia. Al ir al mercado encontró a vendedores ambulantes que ofrecían la protección. Allí recién compró tres tapa bocas y se puso una.

Pero bastó con salir de casa sin la protección para contagiarse.

Ya corría la tarde de ese martes cuando Blanquita cruzaba las puertas de la emergencia del hospital del IESS. La estadía no fue breve, allí empezaron a correr 11 días en que no vería a su familia, ni a sus amigos. Junto a ella ese mismo día también ingresaron dos de sus vecinos al hospital Teodoro Maldonado Carbo.

Tras hacerse el examen los doctores le confirman que estaba contagiada de COVID-19.

Unos días después se enteró que sus dos vecinos habían fallecido, ello hizo que empiece a sentir angustia y la pena por la muerte de dos personas que conocía. “Entonces aproveché que mi hijo debía comprar una medicina que necesitaba para pedirle que me hiciera llegar la Biblia y mi celular. Para eso ya habían pasado varios días, no sé cuántos. Uno pierde el sentido del tiempo allí, no hay ni televisores y pasar las horas sin hablar con nadie pone nerviosa a cualquiera”, relata Blanquita, quien todavía tiene un tono de voz que da evidencia de que el virus afectó su garganta.

Blanca Tacuri
Blanca Tacuri mientras estuvo internada en el hospital del IESS, Teodoro Maldonado Carbo, en Guayaquil.Cortesía

La voz se le quiebra cuando cuenta que mientras ella estuvo internada,  falleció un amigo muy apreciado y que era más joven que ella, tenía 59 años de edad.

Familia López Sáenz, en el balcón de su vivienda, ubicada en el suburbio.

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Toma aliento y sigue relatando que al leer la Biblia su esperanza y fe se fortalecieron. “Entonces empecé a animar a María, de 85 años, mi compañera de habitación. Ella es una paciente que se hace hemodiálisis”.

Blanquita trabajó en el Teodoro Maldonado Carbo por 40 años, se conoce cada rincón, por eso con propiedad describe que todo el primer piso está lleno de pacientes con COVID-19. “Como enfermera, entendí muy bien que el personal sanitario que me atendió estuviera en la habitación no más de 5 minutos. Pero, uno como paciente necesita de la voz de la familia y de los amigos. Somos seres sociales y uno necesita de ese calor humano y de conversar. Después de leer la Biblia y orar, me ponía a leer los mensajes que recibía de mis hermanos espirituales y eso me animaba más y así podía a la vez tener palabras positivas también para María”.

Estando internada en el hospital no sabe si va a salir para contar la historia, eso también aumenta la angustia, piensa. Explica que mantener la calma es fundamental para que las defensas del cuerpo suban, el estrés, el miedo, sentirse nervioso provoca lo contrario.

Así llegó el día en que las enfermeras y doctores hicieron una fila y empiezan a aplaudir. “Es como nos despiden al estar de alta médica. Es un momento en que hay una mezcla de sentimientos, se llora de alegría y por los que no lograron ganarle la batalla al virus”.

Paciente con COVID-19
Un paciente de COVID-19 es dado de alta en un hospital del IESS.Cortesía

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Con corte 25 de abril de 2020, ya asciende a 423, el número de pacientes que han sido dados el alta hospitalaria en las diversas unidades médicas del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS), a nivel nacional. Este tipo de manejo terapéutico, consiste en que, una vez realizados los chequeos correspondientes, por los médicos de los respectivos establecimientos de salud, las personas positivas para COVID-19 continúan con su tratamiento en aislamiento domiciliario. De esta cifra, 12 pacientes, se encuentran totalmente recuperados.

En el registro de las personas que se encuentran con aislamiento domiciliario, la provincia del Guayas lidera la lista, al momento con 134 pacientes; le sigue Pichincha, con 103; en Azuay, 27; en Bolívar, 3; en Chimborazo, 15; en Cotopaxi, 5; en El Oro, 23; en Esmeraldas, 7; en Imbabura, 5; en Loja, 5; en Los Ríos, 23; en Manabí, 13; en Santa Elena, 9; Santo Domingo de Los Tsáchilas, 19; y, en Tungurahua, 32.

Jenny Ojeda, médica epidemióloga del IESS, indicó que para el alta hospitalaria del paciente, “el médico tratante considerará la evolución de signos y síntomas, principalmente que ya no presente fiebre y que la saturación de oxígeno sea mayor a 90%. Con estos antecedentes, se evalúa la posible alta, para que se continúen con el aislamiento domiciliario, hasta completar los 14 días posteriores al inicio de los síntomas”, explica.