Fausto Ortiz| Resistencia

El mensaje es claro: a mayor riesgo país se obtiene menor valor por un negocio o proyecto
En 2024 Ecuador registró un nivel de riesgo país promedio de 1.336 puntos. Para agosto 6 de 2025 se ha ubicado en el mismo nivel del promedio de los últimos 30 días, que es de 813 puntos. Si el año termina bordeando en este nivel será el mejor diciembre de los últimos ocho años. Sin embargo, esta mejora no es suficiente para que el Gobierno acceda con facilidad a los mercados internacionales de bonos.
Incluso si el riesgo país topara los 600 puntos, que es una meta optimista, aquello implicaría que el costo del endeudamiento para un dólar adicional de financiamiento sería cercano al 10 %, lo cual podría requerir esperar algún tiempo adicional para regresar a los mercados internacionales.
La mejora en el rendimiento de los bonos de deuda externa, que son la base del cálculo del riesgo país, ha enfrentado una resistencia persistente. No se ha logrado volver al nivel de diciembre de 2017, cuando el indicador se ubicó en 450 puntos. La incertidumbre política ha sido el principal obstáculo, más que los vaivenes del precio del petróleo o el desafío de controlar el déficit fiscal.
Este déficit nos acompañará por algún tiempo, aunque se espera que su tamaño relativo a la economía se reduzca gradualmente. Lo mismo ocurre con el precio del crudo, que ha retrocedido en años recientes, y cuya recuperación podría esperar hasta 2027. La erosión regresiva del río Quijos, que afectó el trazado del OCP y que fue corregido recientemente, también ha influido en la producción petrolera. Aunque estos factores generan ruido en el indicador de riesgo país, su impacto es menor que el de los discursos políticos que consideran el no pago de deuda como una opción viable.
Los próximos años, alejados de posibles muertes cruzadas, por ejemplo, ofrecen una perspectiva de mayor estabilidad electoral, lo que podría contribuir a una mejora sostenida del riesgo país.
Que el riesgo país suba o baje no es un tema que solo afecta al Gobierno, afecta a la economía también, en especial a las empresas que están en la búsqueda de socios internacionales o inversión extranjera.
Supongamos empresas similares ubicadas en Costa Rica, Colombia, El Salvador y Ecuador, cuyos niveles de riesgo país fueron 206, 349, 413 y 814 respectivamente al finalizar el primer semestre en 2025. Si cada empresa proyecta un flujo anual de USD 10 millones, algún inversionista, basado en el riesgo país, pudiera presentar ofertas de compra por USD 166,6 para la tica, USD 133,5 por la colombiana, USD 123,0 por la salvadoreña y USD 82,3 por la ecuatoriana, haciendo un ejercicio solo financiero.
El mensaje es claro: a mayor riesgo país se obtiene menor valor por un negocio o proyecto, incluso si su capacidad de generación de ingresos es idéntica a la de sus pares regionales.
En el plano cualitativo, será clave contar con reglas del juego claras, que valoren la existencia de empresas bien capitalizadas, capaces de crecer en ventas, utilidades e impuestos. Pero, sobre todo, que generen empleo digno y sostenido para una población que busca con urgencia alejar a sus familias de los riesgos que trae el desempleo y la desesperanza.