Guayaquil: El terror se apodera de las aulas de clase

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Guayaquil: El terror se apodera de las aulas de clase

 Un estudiante de 16 años que fue baleado y recientemente falleció. Ocurrió en Flor de Bastión, al noroeste de Guayaquil

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En las paredes de la escuela se leen los alias de criminales. Para evitar el contacto con delincuentes, se cerraron ventanales. Por eso, algunos padres ya no dejan solos a sus hijosAmelia Andrade

El terror y la desesperación han invadido a padres, alumnos y maestros de una unidad educativa del sector La Delicia, en el bloque 9 de Flor de Bastión, al noroeste de Guayaquil. En el sitio han recibido amenazas que los mantienen en zozobra, mucho más después de que un estudiante fue asesinado a tiros tras salir de clases.

El afectado, un adolescente de 16 años, fue atacado a unos 150 metros del plantel, cuando caminaba hacia su casa la mañana del pasado 8 de septiembre. Recibió un disparo en la cabeza y otro en el abdomen, y murió luego de ocho días de agonía en un hospital.

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Su caso aún no ha sido resuelto, pero se encuentra en investigación, explicó el gobernador del Guayas, Lorenzo Calvas. El funcionario acudió la mañana de ayer a la unidad educativa para hablar con docentes y padres de familia, en una mesa técnica con diferentes instituciones del Estado.

En la reunión sugirió la creación de grupos de padres que trabajen en conjunto con un policía y un inspector, para ayudar en los controles de entrada y salida de clases.

Sin embargo, su propuesta fue rechazada. Una madre sostuvo que, de esa forma, se los exponía a un mayor peligro. “La situación de nuestro alrededor es muy crítica. No podemos arriesgarnos (...). En esa situación de agruparnos, no estoy de acuerdo... Estamos en un proceso de amenazas: bachillerato, maestros”, manifestó una representante.

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Durante la mesa técnica, ni los moradores podían pasar. Todo estaba acordonado.Amelia Andrade

Otra madre, en cambio, habló de la labor de los agentes de control: “¿De qué vale que a veces venga la policía? La policía se para ahí afuera, se toma la foto y se va. No tenemos seguridad. Nuestros hijos corren mucho peligro. Nos amenazaron con tirar bombas... ¿Qué podemos esperar? Tenemos miedo (...) Los policías nos han dicho que ellos no están para resguardarnos”.

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Esta posición fue respaldada por quienes se encontraban en el lugar. Por eso, otra representante expresó que era testigo del trabajo de los uniformados: “Llegaban los policías a las 13:00 o 13:20, se tomaban la foto y yo les decía que por qué venían a esa hora cuando los alumnos ya habían entrado. Me decían que a ellos no les pagaban por estar parados afuera, que eso era responsabilidad de la directora (...). Se les reclama y se ponen bravos”.

El comandante distrital de la Policía, coronel Diego Hidalgo, sostuvo que en la zona se estaría desplegando todo su contingente y que contarán con personal militar hasta que dure el estado de excepción.

Y a diferencia de lo dicho por los padres de familia, argumentó que la “presencia policial siempre ha sido permanente”. Añadió que “lastimosamente actividades del narcotráfico tienen penetraciones en instituciones educativas y en la población más vulnerable, que son nuestros niños”.

El gobernador Calvas aseguró que el sitio se mantendría con custodia policial y militar. Pero luego de su retirada, los militares se fueron también. Solo tres policías quedaron.