La Navidad a ritmo de guitarra y vitrola de los tatarabuelos

  Guayaquil

La Navidad a ritmo de guitarra y vitrola de los tatarabuelos

EXPRESO habla con dos adultos de 101 años y relatan cómo celebraba esta fecha. En 1930 la cena se la hacía con leña. La unión pesaba sobre los regalos

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Momento. Esperanza Campoverde junto a dos de sus ocho hijos: Iván y Jacinto Villavicencio. Ella tiene 18 nietos, 20 bisnietos y 2 tataranietos.Alex Lima

Los recuerdos en la mente de Esperanza Campoverde y Tulio León no tienen fecha de caducidad. Ellos no se conocen pero comparten la dicha de tener 101 años de edad. Ella nació en Naranjal y él en Guayaquil, y cuentan a Diario EXPRESO cómo era la fiesta de Navidad cuando ellos tenían diez años, allá por 1930.

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En la casa de la familia León, ubicada en las calles Pedro Moncayo y Pedro Pablo Gómez, los 24 de diciembre iban a la misa de las 07:00. Luego empezaban los preparativos para aliñar la gallina que se cocinaría en un horno de leña para la cena que se celebraría a las 20:00.

Sentía mucha ilusión por el juguete nuevo: la cometa que el tío le haría. “En esa época en Guayaquil vivíamos 116.000 habitantes y no existían todos esos tallarines de cables que hay ahora colgando de los postes. Era fácil hacer volar la cometa en pleno centro de la ciudad”, relata Tulio.

Tulio León
Tulio León tiene 8 hijos, 15 nietos, 10 bisnietos y 3 tataranietos. A él le gusta jugar con los niños de su familia y también darles de comer guineo.Amelia Andrade

De las Navidades de la década de los 30, él extraña la música en vivo. “Mis tíos tocaban guitarra y cantaban pasillos, vals y boleros, que era lo que se bailaba en esa época a la luz del candil, porque la celebración sí era hasta el amanecer. Ya cuando fui adolescente me dejaban amanecer con mi familia”, rememora el guayaquileño, quien al igual que hace décadas, anoche disfrutó de una cena con pavo y escuchó la música tropical que puso su familia (salsa), pero ahora activando un control o el celular.

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Tulio reitera que no hay nada como la música en vivo, sin micrófono y sin amplificador. La Nochebuena la pasó junto a sus hijos, nietos, bisnietos y tataranietos y para hoy sus planes son disfrutar con los niños todo el día. “Me encanta jugar con ellos y darles las frutas que más les gustan”, dice.

Los festejos de antaño en la hacienda Victoria, en Naranjal, de la familia Campoverde, también empezaban con la misa; pero acá se mataba un cerdo porque a la fiesta llegaban dos familias más, que eran los vecinos.

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Cariño.- Esperanza Campoverde junto a uno de sus bisnietos.Alex Lima

Así mismo, había música en vivo, pero además usaban la vitrola para bailar, por ejemplo, el swing, el ritmo que se puso de moda en 1930, aunque cuando ellos nacieron en 1920 el baile en boga era el charleston. Ella resalta que hasta la fecha le gustan esos ritmos y además los vals y los tangos.

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Una precisión de Tulio es que la vitrola en el mundo, en 1930, ya había sido reemplazada por equipos más modernos, pero en las zonas rurales de Ecuador su uso se mantuvo hasta 1960; pese a que en 1940 eran los tocadiscos los que estaban de moda para poner a la gente a bailar.

Todo era diferente, dice Esperanza. El árbol natural era el decorado y se ponía a secar el cacao para preparar el chocolate, no se lo adquiría en un supermercado. “Nada se compraba preparado, hasta el pan lo hacíamos en el horno de leña”, evoca.

Tulio León
Tulio León a la entrada de su casa.Amelia Andrade

Ayer, ella pasó la Nochebuena con sus hijos y nietos. “Por la pandemia, este fue el segundo año que no se reunió toda mi familia. Extraño esto porque por costumbre desde mi infancia he estado rodeada de muchas personas para celebrar el nacimiento de Jesús”, agrega mientras que con algo de picardía cuenta que tomó algo de vino y rompope, también recién preparado, como antes. Y que ni en el siglo pasado ni ahora faltaron esas bebidas para el brindis.

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Para hoy espera la visita de otros hijos, nietos, bisnietos y tataranietos. El plan es disfrutar de un chocolate que mantiene su receta, aunque ya se prepara con un cacao que viene de una industria y no del tendel de su hacienda. Acompañarán la bebida con un pan de pascua que no será como el de leña que preparaban antes, pero sabrá a amor, porque lo importante para ella es la unión familiar y tener la bendición de haber celebrado por más de un siglo las Navidades.

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La diferencia entre León y Campoverde es que él salía a recoger la leche en botella que habían dejado al pie de su casa, “y que nadie se la robaba”, mientras que ella tenía que sacar la bebida de las vacas de la hacienda. Así las dos familias preparaban el clásico chocolate navideño, batiendo la bebida con un molinillo de madera, en ollas de barro y en fogones de carbón.

Fueron años en que todos ayudaban a cocinar y eso también era parte del festejo. En esa época no existía un delivery que traiga la cena, ni la juventud se marchaba a otros lugares a bailar, porque ese día era exclusivo para pasarlo en familia. Y cuando se unían los vecinos, llegaban con todo su grupo familiar.

“A mí siempre me ha gustado bailar en Navidad hasta el amanecer”, recalca Esperanza. Aunque ambos extrañan esos días de su juventud, se han adaptado a la fiesta moderna. Ella disfruta de adornar el árbol, aunque ahora sea de plástico, y a Tulio le encanta jugar con los regalos de su tataranieta.